Alameda del Valle-Majada del Cojo-Alameda del Valle

 
 

No se quien escribirá hoy la crónica, pero yo tengo que aportar mi granito de arena, lo necesito.

Cuando salimos de Alameda del Valle nadie podría presagiar los acontecimientos futuros… bueno esto no es verdad del todo, Fernando y yo veíamos unas nubes negras como el corazón de un malvado asesino pegadas en la montaña, justo hacia donde nos dirigíamos, hicimos algún comentario al respecto pero... ¡Que si quieres arroz Catalina! “Vamos palante que pa eso habemos venio” decían nuestros avezados compañeros. Y fuimos…vaya si fuimos.

La subida pues eso, larga pero llevadera como de costumbre, y  en estas que la montaña comienza a enseñarnos sus armas, hace fresco, casi frio y comienza a chispear…pero claro somos muy “machotes” incluidas nuestras féminas (en el sentido de bravas claro)  y continuamos  subiendo. Cuando llegamos al refugio de Canencia “el patio esta  que te puede dar algo”. Los alrededores del refugio parecen Londres en una película de Jack el destripador  de los años veinte, una niebla espesa lo cubre y todo, ya no hace fresco, hace un frio que pela y llueve sin contemplaciones.

Como la mayoría vamos de “Romanos Estivales” recurrimos a unas hojas de periódico para taparnos un poco el pecho y no morir de frio en la bajada que nos espera.

Señor, Señor, Señor, con lo que me gusta bajar… nunca, nunca, he pasado tanto frio. Esta diluviando y en algunos momentos la sensación térmica es de que esta nevando, los brazos los llevo dormidos del frio y no tengo sensibilidad en las manos. Por fin llegamos a la Majada del Cojo y noto que la bici tiene unos movimientos raros, pero no, no es la bici, soy yo que tengo una “tiritona” encima  de las de órdago.

Nos reagrupamos en  el refugio del Cojo a unos 1.700 metros de altitud y afrontamos la última bajada que tanto nos gusta de esta ruta. Tenemos que contener la velocidad pues cuanto mas rápido bajamos la sensación térmica es de mas frio. El barro que despiden nuestras ruedas nos esta poniendo con el aspecto de “Los guerreros del mas allá” ya no siento los brazos ni las piernas, los tengo dormidos junto con las manos  y empieza a preocuparme de verdad la idea de una hipotermia. ¡Dios que tortura! Cuando acabara la dichosa bajada.

Por fin llegamos a la zona de los 1.200 metros y parece que ese frio brutal da paso a solo un frio de la leche, algo es algo.

Nuevo reagrupe, unas fotos por que esta aventura debemos inmortalizarla y a los coches sin contemplaciones. Allí nos secamos con lo que tenemos a mano (gracias Carlos por la toalla) ponemos el coche en marcha con la calefacción a tope y nos despedimos de nuestros compis.

Conseguimos entrar en calor al cabo de una hora de llevar la calefacción del coche a tope, lo mejor es que ya empezamos a sonreír pensando en “lo mal” que lo hemos pasado y es que de verdad que no he pasado tanto frio en todos los días mi vida, pero en fin la aventura es la aventura. Gregorio

 

Otra visión de la jugada

 

En pleno mes de Julio, cuando lo normal hubiese sido disfrutar de un caluroso día en la sierra de Madrid, nos ha caído encima “la del quince”, nos hemos empapado y hemos disfrutado de temperaturas muy fresquitas, entre 11º y 17º centígrados, y lo peor es que en general nuestra vestimenta ha sido la propia de un día de verano, es decir, culottes y maillots cortos.

Marcos, digamos un buen amigo de Marta, decidió acompañarnos y probar que es esto del MTB así que por parte de Andeandarán esta vez acudimos a la cita cuatro bikers (Elena, Marta, Marcos y yo mismo). Jorge sigue prefiriendo por el momento otras actividades mas descansadas.

A las nueve y media de la mañana nos reunimos en la iglesia de Alameda del Valle con Rosa, Marcial, Carlos, Juanjo, Fernando y Gregorio. El día ya aparecía fresquito regalándonos unos 15º cuando iniciamos ruta discurriendo en horizontal hasta el Monasterio de El Paular. Desde allí giramos a la izquierda por el Puente del Perdón y la zona de Las Presillas para realizar el ascenso de casi veinte kilómetros que nos llevaría al refugio del Puerto de Canencia.

La subida sólo es prolongada, pero no dura siempre y cuando cada cual se dosifique según sus fuerzas. Desde luego los paisajes son espectaculares y la sierra este año, aún en la época que estamos, todavía presenta multitud de arroyuelos repletos de agua.

Más o menos a mitad de ascenso la lluvia comenzó a hacer aparición, primero con algunas gotas y después con ratitos de mayor intensidad. Los que tenían chubasqueros o alguna prenda de manga larga las usaron, los que no continuaron la ascensión con la esperanza de que pronto parara.

Marta y Marcos subían de cine, sobre todo este último, que decía que le dolían un poco las piernas y el trasero, por otra parte algo normal en principiantes, pero nada de falta de aliento. Por su parte, Marta sufría un poco más pues su pierna izquierda sufrió un tirón que la hizo tener que detenerse para recuperarse, subiendo después de ese episodio bastante despacio.

Aproximadamente a tres kilómetros antes de llegar al refugio la lluvia comenzó a incrementarse y una bruma invernal comenzó a cubrirnos, suavemente al principio. Cuando nos reagrupamos en el refugio Gregorio, Fernando, Carlos y Rosa estaban bastante fríos, sobre todo Gregorio y Fernando, que vestían estrictamente de verano. Para ese momento una espesa niebla hizo acto de presencia y una fuerte lluvia comenzó a dejarnos literalmente empapados. El termómetro de mi ciclo computador marcaba 11º. Urgía bajar cuanto antes, así que comenzamos el descenso del tramo por carretera que une el refugio con el camino que después lleva a la Majada del Cojo.

El descenso fue una aventura de esas que hace del ciclismo un deporte épico. La lluvia caía con fuerza y los caminos se embarraron rápidamente. Cursos de agua aparecieron de repente precipitándose hacia el valle por cualquier sitio, haciendo que el camino fuera cruzado por estos en multitud de puntos. Bajar era en esta ocasión algo más que hacer un descenso divertido. Se trataba de llegar a alguna zona con mayor temperatura. Bajábamos y mi ciclo seguía marcando 11º. Poco a poco, según descendíamos y lográbamos salir de entre las nubes, el ciclo comenzó a marcar mayor temperatura, pero nada que estuviera dentro de los registros esperables para estas fechas, pues se quedó en 14º y eso que ya eran casi la una de la tarde.

Al final, todos llegamos helados, pero sin mayor novedad a los coches, donde decidimos que la cervecita debería esperar otra ocasión, porque lo que necesitábamos era una buena ducha de agua caliente para entrar en calor, y es que en Madrid, cuando llegamos a casa una hora después aproximadamente, el termómetro no marcaba mas de 26º.

Así que ha sido una ruta muy especial que particularmente espero no le quite a Marcos las ganas de repetir, pero que sin duda servirá como tema de conversación en futuras citas.

Ah! Y no obstante, nos lo pasamos de cine. Enrique