Alrededores del Eresma

 

 

La convocatoria para el sábado día 5 de julio de 2008 en Pradera de Navalhorno  se fijó como hora de KDD a las 9,30 de la mañana, llegamos todos casi al mismo tiempo.

 Gregorio, Juanjo, Enrique y esposa (Elena), Carlos, Carlos Abajas, Pedro, Nacho y Rosa (Lady Treck, acompañada por su paladín Sir Fiat, encargado de su logística).

 Mientras esperábamos a Eugenio Molina (UGE MOLI), hacíamos comentarios sobre lo fresquita que se presentaba la jornada, temperatura 13-14 grados, y sobre la vertiente segoviana había nubes bajas creando cierta neblina, por lo cual Gregorio con su buen hacer repartió hojas de periódicos para podernos proteger a la bajada por si nos quedábamos fríos, como medio de aislamiento térmico. A Carlos Abajas se le ocurrió el comparar su bicicleta como broma a las restantes haciendo hincapié en la KTM de Gregorio sobre el peso de la suya y la de él, con lo cual la balanza se inclinó hacía el lado de la de Carlos Abajas porque pesaba más, ya que la KTM se puede decir que es una “PLUMA CON PEDALES”.

Habiendo transcurrido un cuarto de hora esperando a UGE MOLI, que al final no acudió, decidimos iniciar nuestra ruta. Mientras que pedaleábamos tranquilamente, íbamos haciendo comentarios sin ninguna trascendencia, hasta que advertimos  el pantalón corto que llevaba puesto Juanjo, pues no sabíamos si era pantalón con badana o un bañador, y nos aclaró que era pantalón corto con badana pero que podía valer para darse un chapuzón. Y así, poco a poco íbamos subiendo, subiendo y subiendo por una carretera asfaltada, y que no se veía el final, lo único que veía eran culos, culos y más culos, porque me iba quedando la última. De vez en cuando, tenía a mi lado a los dos caballeros andantes del grupo (Juanjo y Enrique) dándome ánimos, consejos de respiración, empujoncitos en la espalda para facilitarme la subida. Esta primera subida que no llega a los 5 km., en el kilómetro 3, tuve que echar el pie al suelo y descansar unos 3 minutos para tomar aliento y volver a emprender la subida. Al llegar a los 5 km. de subida el camino se va suavizando pero la carretera prosigue su ascenso; menos mal que de las dos mujeres que íbamos Elena se encontraba dentro de los primeros y muchas veces la primera del grupo.

 Paramos en una pradera no sólo para descansar sino también para hacernos  unas fotos. Al colocarme para hacernos las fotos con el grupo coincidí con Juanjo y me ví muy baja y miré al suelo y observé que Juanjo el suelo que pisaba se encontraba en un nivel un poquitín más alto, y un poquitín es un poquitín que para mí es mucho, y le cambié el sitio para que no se notara tanto.

 Después de esta parada, continuamos la ruta pero seguíamos subiendo. Pasado el km. 10 nos paramos al lado de una fuente para descansar, refrescarnos y lo que hiciera falta. Repuestos del gran esfuerzo continuamos la ruta, pero ahora es bajando  unos 5 km. para volver otra vez a subir, durante todo el trayecto fuimos parando repetidas veces tomando fotos, admirando el paisaje, aprovechando el olor que despide la naturaleza de toda índole, a pino, a los diversos aromas que despide el frescor de la naturaleza, escuchando el ruido del agua, disfrutando de la vista del Embalse del Pontón. Después de varías fotos tiradas al grupo, o algunos de nosotros pedaleando, observo a Enrique embelesado fotografiando un rebaño de vacas que nos miraban con indiferencia pensando estos romanos están locos.

 Al llegar al km. 16,8  tuvimos que cruzar la nacional con precaución, el detalle de un automovilista que se paró para que pudiéramos cruzar a algunos de nosotros. A partir de aquí nuestro camino discurre por una carretera forestal cerrada a los vehículos motorizados, con subidas cortas empinadas  y bajadas y algunas de ellas con gravilla, que si no se tiene precaución y frenas a tiempo te la pegas fácilmente.

 En la parte de la ruta en donde el agua abunda, ya sea en forma de arroyo, o en pequeñas piscinas naturales, aprovecharon los chicos del grupo para hacernos a las chicas una foto juntas.

 Después de todas las subidas y bajadas, ahora ya comienza definitivamente sólo bajada. Gregorio como siempre cuando hay bajada de los 60 km/h. o más no hay quien le baje de esa velocidad; pero el destino le va hacer una mala jugada, tiene un reventón en la rueda delantera, frena y se sale de la carretera y viendo que se va a dar contra un árbol, se tira de la bicicleta a un lado y se salva, ¡y no se ha hecho nada!, sólo un susto;  así que toca pararnos para arreglar el pinchazo. Y así entre broma y no broma se dice que si eran 60 km/hora ó  63 ó el número fatídico del 66,66 km/hora.

 Continuamos ya la ruta con mucha alegría porque era todo bajada, pero mira por dónde que en el camino yo me cruzo con dos excursionistas uno a mi izquierda y el otro a la derecha, yo sólo tenía que cruzar por el centro, pero..... me encuentro que en el centro de la calzada había UNA GRAN CACA DE CABALLO ¿y qué hago? si paso por la derecha me puedo llevar a un excursionista por delante, si lo hago por la izquierda me puedo llevar al que va paseando por la izquierda, y si paso por el medio me pongo de caca hasta el cogote, y entonces en ese momento en mi cabeza me acordé de lo que durante todo el camino me comentaba Carlos: “¡qué olor más bueno que hay en el campo, qué frescor, qué aromas!”, y entonces, me dije hay que arriesgarse, pasar justo al lado de la caca y del excursionista pero sin llevártelo por delante, y prueba superada.

 Después de haber superado todas las dificultades del camino, eso nos creíamos, nos encontramos con unos caballos que han invadido la calzada, pero todos pasamos sin problemas. Ya estamos prácticamente en dónde comenzamos nuestra ruta, y nos viene a recibir  Marcial agitando una bandera virtual en señal de llegada a la meta.

 A partir de este momento, comienza recogida de bicicletas, cambios de vestuarios, y a continuación lo que tan ansiadamente todos deseamos el “porroning, picadilling, y toding lo que venging en ganing”.

Durante el gazape surgen todo tipo de comentarios, y uno de ellos era el de las bicicletas antidiluvianas MTB que empezaron a aparecer, Gregorio comenta que tiene una FORCE 12 BH en Mazarrón, Pedro al igual que el resto comentan de otras que han tenido que según explican nos parecen ahora prehistóricas, y mientras tanto Marcial comenta que tiene una que es como la de Gregorio. A continuación Carlos Abajas nos instruye sobre como se quita los resfriados, “con cebolla pasada al microondas, con un zumo de limón y mucho azúcar”, luego surge el problema de las gorduras, que comen verduras y carne o verduras y pescado, y no consiguen bajar un gramo. Y entre unas cosas y otras, se va terminando nuestra zampa, nuestras tertulias y toca retirada, después de haber pasado una mañana agradable y divertida como siempre.

Rosa (Lady Trek)

Otra visión de la historia

 

Cuando Fernando llamó a mi teléfono a eso de las nueve y media de la mañana, seguro que estaba pensando en la cuesta que lleva desde Valsáin a la Cruz de la Gallega, la primerísimo dificultad de la ruta propuesta por Gregorio, al que las rampas no le amilanan lo mas mínimo desde que tiene esa fantástica KTM de Acero-Carbono. Sin embargo, el teléfono sonó poco antes de comenzar, y por eso respondí a la llamada, porque en medio de la ascensión me habría sido imposible.

 Nueve bikers más Marcial, el servicio de apoyo privado de Rosa, también conocida como Lady Trek, nos juntamos en la bonita localidad serrana de Valsáin dispuestos a recorrer la ruta propuesta por Gregorio. Elena y Rosa daban el toque femenino al grupo en un día que amanecía fresquito.

 Las penas padecidas en la primera parte de la ruta, la que lleva desde Valsáin hasta la Cruz de la Gallega, primero, y después hasta la Fuente de la Reina, eran compensadas por los espléndidos paisajes de los bosques de Valsáin. Juanjo subió, bajo, bajo, subió, volvió a subir, bajó, subió, bajó de nuevo, subó, vavió, susó, vuvió y uff, que cansancio daba sólo verle, y es que este chaval es in-combustible, in-cansable, in-parable, in-humano, en resumen, es un “in”. El resto nos defendimos como pudimos entre los bonitos bosques citados, y que por lo tanto, no volveré a citar.

 Llegados a la Fuente de la Reina, realizamos un rápido y descansado descenso hasta la Venta de los Mosquitos, en la CL-601. Esta ruta es engañosa para el que la hace la primera vez, porque piensa que sus sufrimientos han acabado sin saber que en ese lugar empieza nuevamente la diversión de cuestas interminables y empinadísimas, que se suceden con tramos de sube y baja y una subida final verdaderamente dura.

 Llegamos así al punto desde el cual se inicia el descenso que nos llevaría hasta el inicio de ruta, una pista asfaltada que en su primera parte tiene algún tramo en bastante mal estado para luego continuar con un firme nuevo y estupendo que invita a soltar el freno y a tumbar en las curvas.

 Y Gregorio se la pegó. Claro, él soltó el freno. Su rueda delantera, con un bonito mordisco producido sin duda por algún bache que se tragó, soltó el aire y empezó a flanear “flanear: dícese del efecto que se produce en las ruedas pinchadas cuando se mueven como un flan”, Gregorio entonces soltó un “ups”, la rueda soltó toda su intención de estrellar a nuestro querido amigo contra un árbol, y entonces, cuando ya todo parecía acabado y Gregorio inevitablemente chafado, estrellado, aplastado, empujado, destrozado y serigrafiado contra el tronco de un arbolazo, nuestro querido amigó simplemente se tiró hacia la izquierda, cual Casillas en la tanda de penaltis, y se libró de un tortazo de aupa, de lo cual todos nos alegramos porque somos buena gente.

 “No pasa na”, dijo el ínclito Gregorio, que recogiendo su bici se aprestaba a continuar con la rueda deshinchada y la cadena fuera de su sitio. Bueno, un poco de paciencia, Gregory. El servicio privado de reparaciones de Gregorio hizo lo que todo buen equipo de mecánicos sabe hacer, y en un tiempo record todo estaba listo para continuar la ruta y finalizarla un poco mas allá recibiendo el banderazo virtual, como menciona Rosa en su fantástica crónica, de su, y cada vez mas nuestro, querido Marcial.

 Llegados todos, sanos y salvos, tocaba porroning y picadilling en el restaurante, que no bar, que está justamente a la entrada de Valsáin junto a la carretera. Restaurante que, dicho sea de paso, recomendamos encarecidamente al lector si quiere sentirse estresado por terminar de comer antes de las tres, “que a esa hora entra el segundo turno”, aunque pasen los minutos y las viandas que salgan de la cocina tengan siempre una mesa alternativa como pista de aterrizaje.

 No obstante, al final pudimos comer, charlar, reírnos y pasar un estupendo rato delante de “mesa y mantel” que supuso un estupendo broche de oro a otro día súper agradable, y es que en este grupo, todos somos majos, majos, majos, y buena gente.  

Enrique