Alto de Las Guarramillas

 
 

Hoy ha sido un sábado, día 17 de julio, MAGNÍFICO, en compañía de unos muy buenos amigos que han querido experimentar la subida a la Bola del Mundo y recorrer esos caminos y senderos muy técnicos que nos ofrecen las montañas para el disfrute con las dos ruedas.

Fijamos la quedada a las 9,00 h. AM en el Polideportivo de Fco. Fernández Ochoa en Cercedilla, y allí nos presentamos: Lalo, Javi, Sergio (amigos de Rosa), Juanjo, Enrique y yo (Rosa). Pues sí la única mujer, pero dispuesta a luchar con los dientes, más bien diría que con las piernas y sus pies puestos en los pedales o con lo que fuera para conquistar la cima de la Bola del Mundo.

 Descargadas las bicicletas de nuestros coches y con nuestros atuendos de romanos limpios y relucientes, nos pusimos manos a la obra, que no era otra cosa que empezar a pedalear y a sufrir desde el primer momento del inicio de la ruta programada.

 Enseguida nos fuimos aproximando al embalse de Navalmedio de Cercedilla, ofreciéndonos una espectacular vista paisajística de gran belleza, así como por el camino que vamos recorriendo envuelto en un denso pinar cuya subida de momento es suave; sin embargo, a medida que avanzamos la ruta va complicándose pero conseguimos ir superándola con destreza. Llegamos hasta el “Pino Encadenado”.

 A modo de resumen, la historia del “Pino Encadenado” tiene su origen en el año de 1924 en la compra del mismo por el director del diario “El Sol”, don Ricardo Urgoitiz, que encontrándose pasando unos días en el albergue del Ventorillo (Cercedilla), recibió la noticia de la muerte de su padre. Ricardo tenía la costumbre de pasearse todas las mañanas por el camino de la pradera de las Cortes y, a cierta altura del mismo, se entretenía leyendo recostado en un pino a su gusto. Pero aquel pino se encontraba señalado para el corte, así que localizó al maderista y se lo compró, disponiendo que se le ciñera a la base del tronco una gruesa cadena, en donde figura un epitafio en memoria por la muerte de su padre. Dicho pino tiene en la actualidad alrededor de unos 180 años.

Despés de este paréntesis en contar esta pequeña historia (que ya la hemos mencionado en otra ruta denominada “El Calvario”), continuo describiendo nuestra aventura en esta subida, presentándose ante nosotros de forma emocionante,  y muy amena con alguna que otra dificultad técnica, de vez en cuando, hasta que el terreno por donde ruedan nuestras bicicletas ya va empezando a mostrar su dureza, y no es precisamente por la pendiente de inclinación ‑alrededor de un 8%-, sino más bien por el gran pedregal que en sus dos últimas rampas se nos presenta, lo que a algunos de nosotros las piedras nos hace poner el pie en el suelo, aunque a continuación volvemos otra vez a la bicicleta.

  Después de sufrir esta subida que es muy conocida con el apelativo del “Monte El Calvario”, ¡y qué calvario!, por fin llegamos a la estación de trenes de Navacerrada muy animados por sentirnos que hemos superado una primera fase de dificultades técnicas para llegar a nuestro objetivo, que no es otro que el de coronar la cima de la “Bola del Mundo” o Alto de las Guarramillas.

La Bola del Mundo o El Alto de las Guarramillas, pertenece al Sistema Central, tiene una altitud de 2.265 metros y es la montaña más occidental del cordal montañoso de Cuerda Larga. Se encuentra ubicada en el límite de las provincias de Madrid y Segovia y muy cerca de la cumbre, en la cara este, se encuentra el Ventisquero de la Condesa, una zona con emanaciones de agua que constituye el nacimiento del río Manzanares. En su cima hay unas antenas para la emisión de la señal de radio y televisión y su envío hacia la vertiente norte de la Sierra de Guadarrama. La mencionada cima pertenece a la Comunidad de Madrid.

                   Después de este inciso, sigo narrando nuestra aventura de hoy sábado, día 17 de julio.

A continuación de esta dura subida llena de piedras, nos incorporamos a la carretera principal de asfalto y seguimos ganando altitud hasta llegar al Puerto de Navacerrada, que es en donde se inicia el ascenso a la Bola del Mundo.

Dicho ascenso transcurre por una dura pista de hormigón con una distancia de 3,4 km. y con un desnivel de 397 m., se trata de un terreno completamente desprovisto de arbolado, y sin pararnos atravesamos la barrera que cierra el paso a los vehículos y aquí cada uno vamos escalando la subida como podemos e intentando reservar fuerzas, así que despacio pero sin pausa empieza otra etapa; es decir, la segunda fase de la ruta programada, que supone muchos esfuerzos y sufrimientos pero con el pensamiento positivo que nos haga lograr llegar a la meta sin tener que poner el pie en el suelo, y lo conseguimos todos los del grupo llegando cada uno a su ritmo.

Juanjo bajó su ritmo para acompañarme durante toda la subida dándome consejos, con lo que fui superando rampas con el 9%, 10%, 15% e incluso con un 17%; pero todos llegamos, unos antes, Enrique, Sergio y Javi fueron los primeros, y el resto del grupo fuimos llegando posteriormente, pero eso es lo de menos pues lo importante fue coronar la cima.

 Una vez conseguido el objetivo que nos habíamos propuesto, aprovechamos para descansar un poco y tomarnos lo que llevamos en la mochila y disfrutar de las vistas que nos ofrece desde esa altura que son fantásticas, pues todas las montañas del entorno son más bajas, y estando en esas alturas nos enteramos que a Sergio se le había pinchado una rueda y toca arreglo, pero la dichosa cámara no había manera de extraerla de la yanta, creo que debió de pegarla con pegamento de “super-glue” cuando la colocó en su día, je, je, je, ......

Después de la incidencia, toca retirada y empezar a ponernos las pilas para iniciar la bajada con una sonrisa en la cara que nos llega de oreja a oreja. Llegamos al punto de inicio de la subida a la Bola del Mundo y enfrente de Venta Arias paramos para coger bebidas y seguir la ruta, siendo la misma la tercera fase denominada “camino Schmidt”.

El “camino Schmidt” es un sendero de montaña que transcurre entre el Puerto de Navacerrada y el Valle de la Fuenfría. El tramo inicial discurre por la ladera norte de la cadena montañosa Siete Picos, en el límite entre la Comunidad de Madrid y la provincia de Segovia, pasando a continuación a la zona sur, en el Valle de la Fuenfría en el municipio de Cercedilla (Madrid). Conforman una de las masas forestales mejor conservadas de pino silvestre.

El 20 de junio de 2009, hicimos esta misma ruta y en esa fecha el mencionado camino se encontraba “en obras” y este es el comentario que uno de los integrantes del grupo, Enrique, hizo respecto a las mismas: lo están ensanchando, aplanando y haciéndolo mucho mas accesible a todas las personas. Hay diferentes criterios sobre la oportunidad del gobierno de Castilla-León al acometer este trabajo, pero la verdad es que aunque en principio puede parecer una buena idea, una mayor afluencia de gente hará que se degrade rápidamente, porque el personal es bastante incívico, y al final habrá que ver cuánto tiempo pertenece abierto al libre tránsito. En estos tiempos que corren es una amenaza permanente la posibilidad de que las autoridades correspondiente limiten cada vez más nuestro libre acceso a los montes que realmente merecen la pena ser visitados”

Después de este paréntesis seguimos contando nuestra aventura montañera; así que seguidamente nos dirigimos hacía este sendero e iniciamos su recorrido en fila india y fuimos llegando al Puerto de la Fuenfría: Lalo, Javi y yo, teniendo que hacer una paradita para esperar al resto de los integrantes del grupo, pero tardaron en llegar porque a Sergio se le volvió a pinchar otra rueda. Una vez reagrupados todos, iniciamos su descenso y al llegar a la altura del sendero que nos conduce hacía la “calzada romana”, Enrique nos abandona porque había empezado a sentir molestias en su muñeca a causa de un accidente ocurrido el año pasado con la bicicleta.

El resto seguimos por la calzada romana con el consabido traqueteo de piedras de la misma, hasta llegar a una cancela que es en donde se finaliza la calzada mencionada. Juanjo, como siempre, procediendo a abrir la cancela y pasamos Sergio y yo y el propio Juanjo, pero no vemos a los que faltan, así que toca paradita. Al parecer ha ocurrido otra incidencia, otro pinchazo de rueda, esta vez le toca a Lalo.

 De nuevo reagrupados proseguimos nuestro camino y lo que nos queda para finalizar esta ruta tan llena de emociones, no reviste ninguna dificultad, pero muchas veces cuando menos te lo esperas, y sin saber qué es lo que lo produjo, mi bicicleta patinó y me hizo un extraño que no me dio tiempo de soltarme del pedal, por lo que me fui al suelo, y que casualidad la única piedra en ese punto de la caída me estampé con la misma, con lo que me ha producido un gran moratón. Después del susto seguimos la ruta que ya queda poco para su finalización, y en un momento dado, me despisto y pierdo a los integrantes del grupo, pero esto no es la primera vez que me pasa, por lo que me estoy haciendo una experta en perderme.

Pregunto a unos ciclistas por el Polideportivo y me envían en dirección equivocada y encima contraria a la que tenía que tomar, hasta que vuelvo a preguntar a unos senderistas, los cuales me envían en la dirección correcta. Poco tiempo después ví aparecer a Juanjo que venía en mi búsqueda. Llegamos por fin a los coches, los demás integrantes del grupo ya estaban recogiendo sus bicicletas, con lo que me dispuse a recoger la mía. Nos despedimos, y como dice nuestro amigo Gregorio:

“CADA MOCHUELO A SU OLIVO”.

 Rosa