Alto Lozoya

 
 

 

A las 8:30 de la mañana, Javi, Gregorio y un servidor (Fernando) llegamos a la Iglesia de Alameda del Valle y allí  estaba Enrique, que se disponía a pegar una cabezadita dentro de su vehículo. Tras los correspondientes saludos nos dirigimos al sol (como los lagartos) para intentar mitigar el fresco (mas bien frío) que hacía a esa hora de la mañana. Para hacer tiempo hasta la hora de quedada (9:00 AM),  Javi nos entretuvo haciendo malabarismos con su Mondraker y Gregorio con un pase de modelo profesional. Juanjo y Oscar llegaron a la hora acordada y nos dispusimos a dar pedales, para hacer esta bonita ruta.

En principio la ruta transcurre por un camino llano y en umbría hasta llegar al Monasterio de el Paular, pasando por Oteruelo del Valle y Rascafría. Hasta allí íbamos llaneando, pero una vez pasada la zona recreativa de las presillas, el camino empieza a ganar altura de forma constante, pero asequible,  y no deja de hacerlo hasta llegar al refugio del puerto de la Morcuera. Imbuidos en tanto en un paraje magnifico; primero entre robles y luego entre pinos, pasando por  infinidad de arroyuelos. Javi y Oscar, acompañados en algunas ocasiones por Juanjo (que hacia la goma entre la cabeza y la cola del grupo) iban marcando el ritmo y después en solitario marchaba  Gregorio (que luego dice que no sube). Cerrando el pelotón estábamos Enrique y un servidor charlando amigablemente; mas bien un monólogo de Enrique analizando la etapa que atraviesa Jorgito (el menor de la saga “Andeandarán”), manteniéndonos en la zona de pulsaciones donde se dice que se quema la grasa corporal.

En uno de los reagrupamientos Javi, Juanjo y Enrique hicieron una exhibición de poderío intentando subir un camino de pendiente extremada. En tanto se nos aproximó un novel biker (Javi, a quien hemos ofrecido su pertenencia al club), que se unió a nosotros hasta completar la ruta. Aproximadamente a 1 Km del refugio de la Morcuera, Oscar tuvo que parar para reparar un pinchazo.

A partir de ahí tuvimos la primera bajada por la carretera, hasta acceder de nuevo al camino de tierra. Tras remontar una loma (en la que nos encontramos a Peter  del Comando Alcalá),  empezó la verdadera bajada, todos  a buena velocidad (algunos a mas de 60 Km/h), hasta el refugio de La Majada del Cojo, donde hubo reagrupamiento.

A partir de allí y por efecto de la inercia nos alejamos de la ruta original al seguir por la pista principal, dejándonos atrás un camino  que salía a la derecha (apenas apreciable), que daba paso a una excelente trialera (ya la haremos otro día). En un reagrupamiento mientras charlábamos, a Gregorio se le quedó enganchado el pie en el pedal con la mala fortuna de hacerse daño en el tobillo derecho. Al parecer la cosa quedará solo en susto y casi seguro que la próxima salida podremos disfrutar de su presencia.

A pesar de la equivocación disfrutamos de una bajada a gran velocidad, a pesar de que estaba en algunos puntos el firme muy irregular (regueros, pedrolos y curvas muy pronunciadas). Javi que iba el primero, se escapó de milagro de dársela en una curva, quedando a escasos centímetros de unos troncos. Dejándonos caer, llegamos al punto de partida, donde tomamos unas cervecitas y luego a casa.

Fernando.

Otra visión de la ruta.

Habíamos quedado a las 09:00AM en Alameda del Valle, un pequeño y bonito pueblo cercano a Rascafría, en la Sierra Madrileña, sin embargo parece que a mi me resultaba demasiado tarde, porque el hecho es que me caí de la cama y a las ocho de la mañana estaba tomando un café con churros en Rascafría.

 A la salida del café, como había olvidado en casa la agenda electrónica con el Tom Tom Navigator, pregunté a un vecino del pueblo como se iba a “Aldeanuela de los Arroyos” ¿? Fijaros que nada tiene que ver con el pueblo donde Gregory había convocado la salida. Ni siquiera se si existe. El caso es que el lugareño se afanaba en buscar el dichoso nombre enumerando en voz alta todos los pueblos de alrededor, pero claro, el que yo decía no estaba.

 “¿No será de Segovia ese pueblo?” me preguntaba el señor, así que llamé a Gregorio, que esta vez si tenía el móvil encendido, y le pregunté como se llamaba el pueblo donde habíamos quedado. Afortunadamente Gregorio cogió el teléfono y pudimos resolver el asunto, no sin antes ver los gestos de satisfacción del vecino que intentaba ayudarme. Me parece que resultó el más aliviado que yo. Tal vez pensaba “¿Será posible que con 60 años ahora me entere que por aquí hay un pueblo que no conozco?”

 En fin, siguiendo las indicaciones del vecino, en tres minutos llegué a la iglesia de Alameda del Valle. Aparqué el coche y como era temprano decidí echar un sueñecillo, pero a los cinco minutos llegaron Gregorio, Fernando y Javi.

 Eran las 08:30 de la mañana y faltaba media hora para que llegaran Juanjo y Oscar, así que montamos tranquilamente las bicis y algunos posteriormente se abrigaron con una manta, y es que en pleno 30 de Junio la temperatura a esa hora era fresquita, alrededor de 16ºC.

 Al rato llegaron los que faltaban, es decir, Juanjo y Oscar, que rápidamente montaron sus bicis. Enseguida iniciamos nuestro trayecto siguiendo un camino sin pendientes en dirección a Rascafría. Una vez atravesado este pueblo giramos a la izquierda y comenzamos la larga pero agradable subida de unos 16 km que nos llevaría casi sin descanso hasta el punto más alto de la ruta.

 La subida la hicimos tranquilos, charlando acerca de nuestras cosas, de nuestros hijos, de la adolescencia, etc., etc. Bueno, al final crecen y se les pasa, conveníamos Fernando, Juanjo y yo mientras Gregorio nos escuchaba unos metros más adelante. Lo malo debe ser que cuando crecen debes sentir cierta nostalgia de cuando han sido más pequeños.

 En esas andábamos cuando en un collado donde comenzaba una breve bajada donde Javi y Oscar nos estaban esperando para reagruparnos, se incorporó al grupo Javier, un nuevo amigo que nos preguntaba si el camino que llevábamos era circular y regresaba a Rascafría. Javier es nuevo en esto de la bici y salía sólo. Digo salía porque pronto le invitamos a acompañarnos y al final de la ruta le animamos a unirse a nuestro grupo de Yahoo para ya convertirse en un BTTExplorero, cosa que deseamos que ocurra para poder disfrutar de la compañía de un nuevo partícipe (esto queda mejor que “nuevo miembro”, ¿verdad?).

 Continuamos entonces, con Javier ya incorporado, nuestro camino al tran-tran de cada cual, ahora un poco mas fuerte, ahora un poco más relajados, hasta el primer refugio, al pié de la carretera que une Miraflores de la Sierra con Lozoyuela, pasando por el puerto de La Morcuera donde algunos debimos esperar a Oscar que había pinchado y a Juanjo, que se quedó a ayudarle. Los que esperábamos vimos pasar a una pareja de btteros, chico y chica. Al chico se le veía fuertecillo, pero la chica tenía unos muslos del 15. Todo músculo. Nos recordó a Yeni, la fantástica betetera que hace un año demostró a 20 tíos lo que puede hacer una mujer subiendo, bajando, tirando de la gente, etc.

 Reagrupados en el refugio comenzamos el descenso, salvando antes una breve subida de no más de 300 metros. Aquí los de siempre, es decir, Esteban, Florencio, Gonzalo y Néstor se dejaron llevar. Algunos (Gregorio) dijeron que habían alcanzado los ¿62 Km./h? Y es que van como locos, tanto que Javi en una curva nos contó que hizo un recto de espanto.

 Lo peor de la salida fue la tonta lesión que Gregorio se hizo en su tobillo derecho. Parados en un reagrupamiento en la bajada, al sacar el pié del pedal automático se hizo bastante daño. Por la tarde estuvo en casa con el pié en alto y con hielo. Esperamos que pronto se recupere y que esté listo para el finde que viene.

 El resto de la bajada se hizo igual que la primera parte, es decir, unos a lo loco y otros (Oscar, Javier y el que esto escribe) bastante mas despacio, aunque Oscar, que iba practicando el derrapaje en las curvas me metió un susto de órdago al escuchar en una curva a izquierdas algo así como un trailer pegando una frenada salvaje. Al volver la cara dispuesto a ver una máquina de tren pasarme por encima vi a Oscar que  por cierto se lo estaba pasando de lujo.

 Al final cervecita para celebrarlo, pero a la que yo no pude quedarme porque me requerían en casa. Seguro que fue un final estupendo a otra fantástica excursión mañanera, y además con un nuevo miembro (esta vez si), en el grupo.

 Javier, esperamos verte muchas veces mas formando parte de este grupo de amiguetes.

 Enrique

Perfil y mapa de la ruta