Bardenas Reales 1 y 2 -11-13

 



  
 

Viernes 1-11-13

La falta de concurrencia al viaje que teníamos programado para Portugal  en el puente de noviembre ha hecho que lo aplacemos y en su lugar nos decantemos por hacer una visita a las Bardenas Reales . Estaremos viernes y sábado y así el domingo descansaremos, pues el recorrido será de unos novecientos kilómetros entre los dos días.

Alberto y yo quedamos en Borobia, a unos 300 kilómetros de Madrid con Luisen y Sonia (a la que hace un montón que no vemos) vienen con sus dos niñas, que durante todo el viaje tendrán un comportamiento ejemplar.

Antes de llegar a nuestro destino principal Las Bardenas queremos visitar, las inmediaciones del Moncayo.

Unas veces por pista y otras por carretera llegamos al refugio de montaña. Las vistas son espectaculares con el enorme valle a nuestros pies. En cinco minutos caminando visitamos la capilla y la fuente de San Gaudioso.

Hace un buen viento y a la altitud que estamos la sensación térmica es de frío, unas fotos de la capilla y fuente del santo obispo de Tarazona y a los coches a continuar camino.

Una vez en el valle entre sol y sombra nos apretamos una ensaladilla rusa y un jamón de bellota que nos hacen revivir. Un rato de palique y a las Bardenas de cabeza.

Pasamos por Tudela  y la calle principal está cortada y nos da muchos problemas encontrar otra alternativa, pero lo logramos. Hoy haremos la Bardena blanca.

Que distinta esta de cuando la visitamos hace quince años. En la parte en la que el recorrido es digamos "mas turístico" nos cruzamos con cientos de ciclistas y paseantes, docenas de autobuses y montones de coches, en definitiva en esa zona el desierto de las Bardenas esta como la Gran vía de Madrid un viernes por la tarde.

Las pistas podrían ser rápidas pero en esta zona está prohibido circular a más de 30 Km/hora y no solo no me extraña, es que además me parece muy bien, pues las pistas parecen romerías y te puedes llevar a alguien por delante, pues todos vamos un poco despistados admirando el paisaje.

Una vez nos hemos alejado de la principal "zona turística" La Bardena blanca cobra su esplendor desértico.

Escorrentías, lagunas naturales, cabezos, barrancos, castils y cientos de  formaciones caprichosas y sobre todo esa sensación de tranquilidad que inspiran los espacios abiertos.

Que lastima que la luz solar ya va desapareciendo, pues estamos disfrutando

mucho por estos parajes. Estamos delante del monumento al pastor bardenero, hombres  que  hacían de la trashumancia su forma de vida.

La nocturna está servida, debe ser una norma en nuestras salidas, pues no importa lo que hagamos, pero siempre terminamos de noche por todo el mundo. Hemos de volver a Tudela y lo hacemos casi en su totalidad por pista. No hace ni una gota de viento por lo que el polvo se queda en suspensión y no se ve un pimiento, a pesar de llevar toda la batería de luces conectada.

Llegamos a Tudela sin más problema que alguna pista que hemos tomado equivocada, pues ya se sabe que de noche todos los gatos son pardos.

Tomamos nuestra habitaciones y  nos largamos a dar un paseo. Lo primero es visitar la catedral, que un poco de cultura no hace daño a nadie. Es de estilo Románico - Gótico, construida a finales del siglo XII y como todas la catedrales te deja sin palabras, el retablo del altar mayor es una pasada y una de las capillas con yesos policromados (recientemente restaurados) de estilo barroco igualmente impresionante.

Terminamos nuestra visita místico-cultural y nos dedicamos con devoción y fe renovadas al acto más prosaico de  encontrar el "bareto" que saciara nuestra sed y nuestra hambre, cosa que en Tudela es muy, pero que muy fácil. Lo difícil es seleccionar que "bareto" es el apropiado pues la ciudad tiene un ambientazo de lujo. Nos decidimos por uno con muy buena pinta  y acertamos de pleno, croquetas, empanadas, tortilla con boletus, bolas picantes, etc., etc., todo rico...rico... Nos ponemos bien de picoteo y a la hora de pagar ¡sorpresa! barato de verdad. Paseo hasta el hotel para bajar la cena y a la cama que nos hemos metido 530 kilómetros para el cuerpo de los que 236 han sido de pista.

 

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Sábado 2-11-13

Un buen desayuno  y a por la Bardena Negra. La transición de la Bardena blanca a la negra nos recuerda mucho algunos paisajes de Marruecos.

Estamos circulando por la cresta de una montaña con un barranco tremendo a cada lado y las vistas son impresionantes. Algunos pisos agrietados recuerdan nuestro paso por el lago Iriki.

Poco a poco la vegetación se va haciendo patente y algunas laderas de montaña tienen pinares, en esta zona las lagunas naturales se suceden una detrás de la otra, y también abundan las zonas de cultivo.

Como ya estamos en zona de cultivos algún amable labriego (como es su costumbre) ha sembrado hasta en los caminos, lo que nos hace dar alguna que otra vuelta, pero al final salimos donde queremos.

De nuevo otro valle a nuestros pies, lleno de pequeños cuadrados multicolores cultivados, no parece de verdad, parecen dibujados por la ingenua mano de un niño.

Tomamos un tramo de carretera para comer en la ermita de San Juan un lugar tranquilo donde reponer fuerzas. Continuamos pisteando para llegar al Despoblado de Pardos. Se trata de un pueblo resguardado de las inclemencias climatológicas en la base de un farallón, en la parte superior había un castillo musulmán, hoy prácticamente derruido. El pueblo fue abandonado en los años 70, sus callejuelas están llenas de maleza y las casas están en un avanzado estado ruinoso, no deja de ser peligroso caminar entre estas ruinas, pues hay fachadas que están a punto de caer, la única edificación que se salva es la ermita de San Antón, que al parecer fue más o menos restaurada en 1.994 y a la que aun hoy acuden los antiguos vecinos en el mes de junio en una especie de peregrinación.

 El sol está desapareciendo y aun queremos ver El Ojo de Pardos, se trata de una laguna a un par de kilómetros del pueblo, que según la leyenda surgió de la noche a la mañana y está rodeada de un halo de misterio, cuando llegamos al lugar no de dejo de pensar que se parece mucho, aunque más pequeña, a esas lagunas circulares llamadas Las Torcas en la provincia de Cuenca.

Bueno ya es de noche y aun tenemos unos cuantos kilómetros de pista de modo que nocturna "habemus". Sin problemas dignos de reseñar salimos a carretera.

Nos despedimos de nuestros compañeros de viaje y para Madrid.

El navegador nos mete por unas carreteras llenas de curvas y con un firme regular por no decir malo y al final tenemos que consultar el mapa de papel, porque no nos fiamos de que el dichoso navegador lo esté haciendo bien, no sería la primera vez que nos la juega,  pero sí que lo está haciendo bien y es lo que hay, carretera mala de solemnidad y punto, al final de esta carretera de mala muerte (nunca mejor dicho) y como respuesta a nuestras plegarias llegamos a la autovía y ya para casa a la que llegamos después de una jornada de 418 Km de los cuales unos 150 han sido de pistas  mas o menos rápidas, pero siempre muy cómodas y sin ningún tipo de problema.

Resumiendo un par de días estupendos recordando cosas que ya conocíamos pero que teníamos muy olvidadas y viendo algunas nuevas., todo ello en buena compañía.

Gracias a Luis y a Sonia que una vez mas se han currado los puntos, los tiempos y las reservas hoteleras de la ruta para que los demás disfrutemos solo con asistir.

 

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