Cercedilla-Cercedilla

 

 

La cita era a las 10:00 de la mañana y el lugar la estación de tren de Cercedilla. Ahí nos íbamos a encontrar Gregorio, Emilio, Pedro (un amigo de Emilio al que todos dimos la bienvenida al grupo), Jorge y yo.

 Mientras Gregory, Pedro y Emilio se preparaban, Jorge y yo sacamos los billetes que nos permitirían coger el tren de vía estrecha de la línea C9, que lleva desde Cercedilla hasta Cotos, pasando por el Puerto de Navacerrada.

 La idea era subir hasta Cotos en el tren y regresar descendiendo por una pista hasta la base de las siete revueltas, en la vertiente norte de la sierra, para después ascender hasta el Puerto de La Fuenfría y desde allí continuar a Cercedilla, punto de inicio de nuestra ruta.

 Embarcamos en el tren colocando las bicis en una plataforma donde un cartel indicaba que allí se podía viajar con bicis, mientras veíamos como alrededor de dos millones de niños, acompañados de unos cuantos valientes (monitores), hacían lo propio. La chiquillería miraban nuestras máquinas y alguno exclamaba viendo las bicis de Gregory y Emilio “mira, tiene amortiguación atrás..., y frenos de disco, macho.”

 A pocos minutos de salir el tren me di cuenta que llevaba las gafas de sol que uso en el coche, y que las de bici estaban en este, así que salí corriendo para cambiarlas. Cuando regresaba corriendo al tren temiendo perderlo apareció Paco que me llamaba a voces. Efectivamente, Paco había ido, pero no le esperábamos porque no sabíamos que venía, así que si se descuida hace la ruta en solitario. De aquí la importancia de avisar el viernes quienes vamos, para que los demás podamos estar atentos a que todos hemos llegado y que nadie se quede en tierra.

 Esta vez tuvimos suerte y Paco se unió al grupo, subiendo él y su bici en la misma plataforma. Nos acompañaba eventualmente un chaval con una bici de descenso y un casco integral, además de otras protecciones. Impresionante pensar a que velocidad y por qué lugares pueden llegar a tirarse esta gente de descenso.

 Llegamos a Cotos y bajando del tren enseguida encontramos el camino que debíamos seguir. Yo había construido el track manualmente en Ozi y el primer tramos, hasta la carretera no lo conocía, por lo que me alegré de ver que estaba bien hecho y que efectivamente íbamos encima de la mismita línea que marcaba el track.

 La bajada fue entretenida. Siempre entre pinos, tomamos una primera parte con una trialera divertida pero ciclable y después una pista ancha de cuatro o cinco metros que nos permitía bajar sueltos. ¿Adivináis quien iba primero????

 Llegamos en esto a la carretera donde después de unos doscientos metros se debe dejar para coger la pista que sube a la Carretera de la República que a su vez nos llevaría a La Fuenfría primero y después a Cercedilla.

 La subida es, digamos intensa. Tiene un primer tercio bastante duro, pero después el tema empeora, y las rampas se inclinan, inclinan e inclinan hasta un límite que te invita a poner pie en tierra. Nadie lo hizo y todos llegamos arriba subiendo cada uno a su bola, como debe ser.

 Una paradita en la Fuente de La Reina, punto donde la pista que traíamos entronca con la Carretera de La República, nos sirvió para descansar, comer algunos frutos secos, beber agua y hacer algunas fotos. Bueno, a todos menos a Gregory, que como dice que le joroba parar porque se queda frío, pues nada, el tío solo pidió el rumbo y tiró para adelante, como un machote.

 Los demás al ratito proseguimos, ya recuperados del esfuerzo, hacia La Fuenfría. En el ascenso Jorge pinchó la trasera y él y yo, que subíamos juntos, paramos para hacer un inflado de emergencia. Pensábamos llegar a Cercedilla así.

 Todos nos juntamos un ratito después en La Fuenfría. La Carretera de La República, que fue proyectada y construida en La República (no se en cual de ellas) unía la meseta sur con la norte a través de este puerto, que tiene menos altitud que Navacerrada. Ahora el tramo por el que subíamos en la vertiente norte se presentaba lleno de piedras bastante grandes que en ocasiones hacía la subida algo incómoda.

 Desde La Fuenfría tuvimos un rápido pero prudente descenso hasta Cercedilla, pues nos acordamos de que esta pista está generalmente los fines de semana llena de paseantes y ciclistas. El descenso nos llevó a los coches, donde dejamos las bicis y a continuación a un bar cercano, donde el amigo Gregory nos invitó a unas cervecitas (a Jorge no, claro), que nos supieron a gloria. Paco se las perdió, pues tenía que regresar a casa para comer. Bueno, habrá seguro mas ocasiones.

 Y así y tras un rato de charla amena sobre la ruta y algunas otras cosillas decidimos dar por finalizada la rutilla. Aunque esta vez se nos olvidó comentar esa famosa frase de Gregorio que dice “cada mochuelo a su olivo”

 Un saludo Enrique

 

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