Ciclo-Montañada Torozo.

Santa Cruz del Valle (Ávila) 29-7-07

 
 

El madrugón fue de órdago para todos aquellos que llegaban a Santa Cruz del Valle desde lejos. En lo que respecta al grupo de Bttexplorer había de todo. Gregorio, Fernando y Javi llegaron desde Madrid, y los Juanjos, incluyendo hijos y novias venían de Villalba. Por otro lado,  Maite, Emilio y Pedro llegaban desde un pueblecito en Ávila, y los Andeandarán asistentes, es decir Elena, Marta y Enrique, dormimos plácidamente y bastante fresquitos en el camping Prados Abiertos.

La hora de cita era las ocho treinta de la mañana, momento en la que se abría el control de la organización para entregar dorsales y regalos. Nos quedamos con las ganas del maillot, pues parece ser que a la organización le tomaron el pelo. Ahora bien, devolvieron cinco euripios por persona, cosa que dice mucho acerca de la seriedad y el buen hacer de los organizadores.

Tras un breve retraso motivado por la necesidad de confirmar el seguro de los asistentes la ciclomontañada 2007 comenzó discurriendo entre las calles de Santa Cruz del Valle. Casi doscientos treinta ciclistas nos arrojamos como un río entre los vericuetos de las calles de este bonito pueblo serrano mientras sus habitantes nos aplaudían y vitoreaban.

La ruta consistía en treinta y dos kilómetros de los cuales dieciséis se empleaban en ascender y el resto en regresar al pueblo. Cada cual iba a su ritmo, incluso el participante más veterano, un caballero de ochenta y tantos años, miembro del club ciclista Torozo, organizador del evento.

Los Bttexploradores subimos a diferentes ritmos, pero todos agradecimos el espléndido avituallamiento que la organización dispuso en el kilómetro diez aproximadamente,  barritas energéticas, manzanas y abundante bebida isotónica.

Tras el descanso reemprendimos la marcha hasta el punto donde se abría la opción mas dura para subir. Fernando, Juanjo, Adrián y yo mismo decidimos probar suerte en la subida dura, que al final resultó no ser tanto. El resto optó por la parte más suave, que sin embargo también subía. Al final un segundo avituallamiento permitía el reagrupamiento de todos los ciclistas antes de emprender el descenso al mismo tiempo, diferenciándose los que saben de montar en bici (Gregorio, Fernando, Javi, Juanjo y Adrián…) de los que somos un poco mas torpes y prudentes.

En este punto, se detiene por unas líneas el relato de nuestro amigo Enrique y lo continuo yo (Gregorio) para comentaros nuestro intenso paso por la trialera.

Los que atacamos la trialera  nos damos cuenta rápidamente de dos cosas. Primero de que se trata de una trialera de verdad. Escalones, raíces y pedruscos de consideración la adornan, por no hablar de lo seco que esta el terreno (la organización siempre atenta ya lo había advertido).

Segundo y mas importante: Bajarla en pelotón no va ha ser nada fácil.

El personal lógicamente toma sus precauciones en la bajada y echan pie a tierra  lo que hace que los de atrás se paren en lugares muy incómodos para reanudar la marcha  impidiendo que esta sea fluida.

No hemos recorrido ni trescientos metros y la dichosa trialera empieza a cobrarse su tributo, vemos algunas bicis volar por los aires y a sus dueños aterrizando de mala manera en aquel pedregal.

Los llantazos esta a la orden del dia y vemos bastantes ciclistas reparando sus neumáticos.

Al llegar al pueblo veremos bikers con rodillas y codos maltrechos y una bici con una rueda delantera con forma de “ocho”, en fin los típicos gajes del oficio. La verdad es que lo hemos pasado de cine bajando, eso si, al menos a mi no me queda ni gota de adrenalina para gastar.

Gracias al club Torozo, a Santa Cruz del Valle y a todos y cada uno de sus vecinos por su recibimiento y por sus atenciones ¡¡¡¡Volveremos!!!!

Gregorio.

Al final todos bajamos y llegamos al punto final de reagrupamiento para entrar en numeroso y vitoreado grupo hasta el pueblo y dar por finalizada la ruta, pero no la fiesta.

En lo que se refiere al aspecto ciclista, me volvió a sorprender mi hija Marta, que sin montar en bici con asiduidad, cada vez que viene con nosotros se hace treinta kilómetros incluyendo subida y bajada como la que va al bar a por una coca-cola. Muy bien también Maite, nueva en estas lides, y a la que esperamos volver a ver junto con Emilio cuando ellos quieran.

En lo que respecta a la organización hay que señalar el tremendo esfuerzo y las grandes dosis de trabajo y cariño que hay detrás de un día como el de ayer. Los que hemos organizado alguna cosilla sin importancia sabemos que hay una cantidad de trabajo que no se ve pero que es necesario realizar para que cualquier evento, por humilde que sea, tenga éxito, pero lo de ayer estaba extraordinariamente organizado.

La ruta era apropiada para un aficionado medio y de ahí hacia arriba. Había zonas técnicas, elegidas para bajar por aquellos quienes quisieran algo más fuerte y adrenalínico, y un ancho aunque pedregoso camino para quienes quisiéramos un descenso menos peligroso.

Pero cuando la actividad deportiva terminó comenzó la actividad lúdico-gastronómica. Una fuente de cerveza no paraba de repartir a los que esperábamos en la ordenada cola nuestro turno, y de ahí se pasaba a la breve espera para las patatas con carne que las amabilísimas señoras del pueblo cocinaron estupendamente, como no podía ser de otra manera.

Un beso grande, grande, grande, para estas señoras, que con su dedicación nos alegraron también los estómagos hasta el punto de pensar seriamente en repetir ración, aunque el sentido común nos funcionó y preferimos no abusar de la excelente manduca.

¿Todo terminado? En absoluto. Después de la bicicletada, la bebida y la comida llegaba el turno de la piscina municipal, con invitación gratuita incluida en el evento.

El agua estaba fenomenal, tanto que hasta Elena y Gregorio se bañaron, y eso que a ambos esto de las piscinas no le gusta un pelo, por aquello del frío. Y menos mal, porque se me ocurrió hacer, o intentar hacer, una aguadilla a Gregorio y el muy….se puso a bajarme el bañador, cosa que no consiguió porque le di pena.

En fin, que una vez alimentados y refrescados, los “Andeandarán” nos despedimos de todos los “Bttexploradores” y regresamos a casa comentando la jugada del día y escuchando a Marta decir una y otra vez, “pero que bien me lo he pasado”, que al final es lo que todos hicimos, disfrutar como enanos gracias en esta ocasión a la gente del club Torozo, a los que agradecemos todo su esfuerzo y dedicación.

Enrique Ortega.

¡El año que viene, volveremos!!!  

  

Perfil y mapa de la ruta