El Atazar

 

 
 

El sábado 06 de septiembre amaneció lloviendo, tal y como las previsiones anunciaban, por lo que todos decidimos quedarnos en casa y a lo sumo intentar cada uno por su cuenta dar un rulete sin importancia. Tal vez a consecuencia de la perspectiva de pasar un fin de semana sin ruta, a Carlos le pareció muy bien el aviso que unos amigos suyos (y ahora nuestros), pues el domingo tenían pensado hacerse una rutita por El Atazar. Carlos avisó al grupo poniendo un correo, y yo me apunté, claro, más aún cuando Elena, Marta y Jorge tenían programado un día de parque de atracciones al que yo no tenía pensado acompañarles, por resultarme ese tipo de sitios insoportables.

La ruta comenzó en El Atazar. Allí acudimos Carlos y yo en mi coche, por aquello de que viajar en compañía siempre es más agradable que hacerlo solipandis, cuando la compañía es agradable, como por supuesto es el caso.

En Torrelaguna nos encontramos con Eduardo y Javier, de nuestra quinta, y Daniel, con veinte y seis espléndidos añitos. Tras las presentaciones y saludos iniciales nos acercamos a El Atazar con los coches, punto de inicio de la ruta.

Ya con las bicis comenzamos con una larga subida donde Javier rompió la cadena. Suerte que Carlos llevaba un eslabón de enganche con el que rápidamente procedimos a poner la bici en orden rápidamente. Seguimos a continuación nuestro camino ascendiendo sin parar, pasando desde la Comunidad de Madrid a la provincia de Guadalajara, donde comenzamos a ver varias colmenas, y es que no en vano nos movemos por la alcarria, según nos comentó Damián.

La temperatura, buena para subir pero algo fresquita para bajar aconsejaba abrigarse en los descensos. Yo usaba mis manguitos, Carlos y Javier sus chubasqueros y Eduardo y Daniel, que habían venido sin nada, pues “a pelo”.

Continuando en dirección noreste llegamos al paso de “Las Palomas” con algo más de 1600 metros. Una parada de avituallamiento para comer unas barritas energéticas, unas fotos en unas curiosas construcciones que deben utilizar los cazadores para capturar torcaces y seguimos hacia el punto más alto de la ruta, casi a 1700 metros, y desde aquí un largo descenso de casi quince kilómetros por una pista en algunos tramos bastante inclinada y pedregosa.

En un momento determinado Javier y yo nos adelantamos al resto. Parece que Javier tiene prisa por llegar a los coches (no por querer llegar antes de Eduardo, si no por ver si estaba el coche bien aparcado) y preguntamos a un guarda forestal que dirección debemos tomar en una pista asfaltada para llegar a El Atazar. El guarda, además de indicarnos nos enseña un cortafuegos por el que podemos bajar acortando algún kilómetro, así que por ahí que nos tiramos para llegar al fondo de un valle desde el cual ascender durante cuatro kilómetros hasta el punto de inicio.

Carlos ya me había avisado, pero yo lo pude vivir en directo. Por lo que se ve, hay un cachondeo entre Javier y Eduardo, Eduardo y Javier, por ver quien llega primero al final de la ruta. Esto hace que vayan controlando las fuerzas para poder atacar al final, así que de repente veo que por un lado Javier comienza a darle duro, duro, duro, pero por detrás Daniel y Eduardo vienen volando (y eso que íbamos subiendo) y me alcanzan, justo en un momento en el que yo me sentía bastante cansado. Viendo mi situación decido aflojar un poco para recuperar. Ya que hay juego, yo también quiero jugar, así que recupero un poco y cuando me siento mejor comienzo a practicar el KTMing, es decir, meter piñones cuando vas subiendo. Esto hace que pase primero a Eduardo, luego a Javier y me ponga a rueda de Daniel, junto con el cual llego a los coches en El Atazar.

A las dos y media de la tarde no era cosa de ir a comer hasta Madrid, así que excepto Eduardo, que no podía quedarse, el resto nos quedamos para devorar unos fantásticos huevos fritos con lomo y patatas, una ensalada de las de toda la vida  y una ración de chorizo frito espectacular.

Así, después de los cafés y de una estupenda y agradabilísima conversación decidimos regresar a la realidad, como se suele decir, esperando encontrarnos otra vez y pronto para pasar otra mañana, o lo que se tercie, estupenda.

Un saludo Quique. Andeandaran Team

 Perfil de la ruta