El Calvario

 
 

“Complejo"

 "MUY complejo"

"SUPER complejo"

             "SUPER EXTRA COMPLEJO”  

 Otro sábado extraordinario que hemos pasado y esta vez ha sido Juanjo quien nos ha propuesto subir por el Monte “El Calvario” hasta el puerto de Navacerrada para hoy día 30. Hemos acudido, además del proponente (Juanjo), Antonio, Andrés y Rosa, en el lugar de kdd habitual cuando se va a hacer una ruta por esa zona; es decir, en la rotonda de la “Sopa Boba”, desviación de la A-6 dirección Guadarrama, a las 9,00 h.  AM.

Hemos echado en falta, como no, a otros asiduos bikers que nunca faltan, pero quisiera dejar constancia que Enrique al final ha salido con su bicicleta después de tanto tiempo inactivo, por haberse encontrado convaleciente de una caída de la que se ha recuperado y que, de momento, como primer día de pedalada, quería hacer algo fácil para comprobar la fuerza de su brazo y al que le ha acompañado y vigilado tanto Elena como Gregorio y, al parecer, el resultado ha sido satisfactorio, por lo que pronto volverá a estar entre nosotros.

Bueno, pues comencemos a narrar nuestras aventuras y desventuras por esas rutas montañeras repletas de bellos parajes, sonidos y como no los típicos olores de la montaña.

Una vez hecho los saludos de rigor, a continuación nos hemos hecho  las fotos típicas antes de iniciar la ruta propuesta.

Muchos de nosotros ya conocemos esos caminos que parecen que son llanos, pero no son llanos (como diría Pedro: “son falsos llanos”), pues vas pedaleando sin darte cuenta que lo que estás haciendo es subiendo y subiendo poco a poco; mientras tanto, vamos conversando tranquilamente y gozando del día tan espléndido y de nuestras bicicletas, de vez en cuando que si esta piedra, que si este desnivel, que si esta rampita o ese descenso, que si tienes que sortear en el camino un zona en donde se ha acumulado agua, y así vamos llegando al término municipal de Guadarrama, pero sin pasar por el centro urbano, seguimos nuestra ruta dirección Los Molinos en donde sí tenemos que atravesar algo su centro urbano para dirigirnos hacia Cercedilla que también lo atravesamos, siendo éste el último pueblo por el que tenemos que pasar y las últimas casas que veremos hasta el puerto de Navacerrada. Durante todo este recorrido entre estos pueblos hemos disfrutado al pasar por un pequeño sendero repleto de vegetación y en el que sólo teníamos como unos 40 cm. de ancho para poder rodar nuestras bicicletas por el mismo, y en el que hemos admirado su belleza.

Después de cruzar varias carreteras, llegamos hasta donde comienza la ruta para tomar el Monte “El Calvario”, se inicia una vez que hemos pedaleado durante bastantes metros una cuesta de narices y que nos lleva hasta el punto en donde de verdad vamos a empezar a sufrir. En este punto, uno de nosotros tiene que bajarse de la bicicleta para abrir una cancela que se encuentra al comienzo de la misma y que una vez pasada y según subimos a nuestra izquierda admiramos la Presa de Navalmedio que nos brinda con unas vistas excelentes, lo cual no nos podemos reprimir el fotografiarnos para dejar constancia de los que nuestros ojos y nuestros sentidos están disfrutando con tanta belleza paisajística.

De momento el pedaleo es rítmico, animado y bastante asequible y nada duro, de vez en cuando nos permitimos el lujo de ir conversando, que sí la bicicleta “pata ti” que si la bicicleta “pata ta”, que si la horquilla, que si los frenos, las llantas y múltiples temas relacionados con la misma hasta que vamos llegando a un arroyo, obligándonos a atravesarlo para continuar el camino a través de un pequeño puente, y es en donde se nos brinda la posibilidad de bajarnos de las bicicletas y hacer unas fotos, pues la belleza de la naturaleza que rodea ese entorno, no se puede desaprovechar.

Nos hacemos las fotos y continuamos nuestro camino, muy animados por lo bien que vamos de tiempo. Poco tiempo después empezamos ya a ir sufriendo por la subida, pues vamos atravesando una zona que además de tener una buena pendiente de inclinación, el estado del suelo es inseguro, pues tiene mucha arena y piedras sueltas, muchos regueros, y así vamos rodando durante bastantes metros, luego vamos circulando por zonas con bastantes dificultades técnicas, cruzando arroyos seguidos a continuación de una pequeña rampa con regueros que se hace preciso un buen manejo de la bicicleta, unas veces lo consigues y otras tienes que poner pie a tierra, y así sin darnos cuenta llegamos al famoso punto de: “El Pino de la Cadena”.

Su historia es la siguiente:

En el verano de 1924, don Ricardo Urgoitiz, director del diario “El Sol”, pasaba unos días en el albergue del Ventorillo (Cercedilla), cuando vinieron a avisarle de la muerte de su padre. Don Ricardo tenía la costumbre de pasearse todas las mañanas por el camino de la pradera de las Cortes y la de demorarse, a cierta altura del mismo, leyendo recostado en un pino a su gusto.

Pero, ¡ah! simetrías del destino, aquel pino acababa de ser señalado para el corte. Don Ricardo, a pesar de su dolor, reparó en esa secreta alianza de hachas y guadañas y no la quiso permitir, así que localizó al maderista, le compró el ejemplar y dispuso que se le ciñera a la base del tronco con una gruesa cadena de cuyos eslabones aún penden las letras de un escueto epitafio:

 

 

“A su querida memoria, 1840 – 1924”

Se la estaba dedicando a su padre, algo más que un símbolo de larga vida: un árbol concreto, un ser vivo con su savia, su simiente, su ansia de sol y con su sombra, su vereda, su río Navalmedio y su sierra de Guadarrama”.

El pino de la Cadena sigue hablando con palabras de hierro a los paseantes y a los guardas forestales que, cada cierto tiempo, abren el candado y lo pasan por el siguiente eslabón para evitar que el árbol se estrangule.

A sus 185 años, no está ya en flor de la vida. De hecho, varias de sus ramas están secas, y diríase que lo único que aún lo ata a este mundo es la cadena que abraza amorosamente su tronco de cuatro metros de circunferencia, doble símbolo de amor filial y de amor a la naturaleza.

Nota: La fuente de este conocimiento se encuentra en el libro que escribió Andrés Campos de: “Madrid en Cercanías”, Editorial Catarata, año 2000.

Después de este paréntesis, más que nada por contar la verdadera historia de este famoso pino por todos bien conocido y que muchos no conocen realmente su origen, ya que solemos escuchar múltiples leyendas entorno al mismo; decidimos hacernos unas fotos junto al mencionado pino.

Y continuamos nuestra ruta, subiendo, subiendo y siempre subiendo, por parajes a cual más bello, lo que nos hacia sobrellevar el ascenso hacia el puerto de Navacerrada, a pesar de su dureza, con bastante animosidad y sin importarnos el sufrimiento de la subida. Pero, según íbamos subiendo, la cosa se iba complicando cada vez más, el suelo comenzaba a empeorar, no sólo por su grado de pendiente de inclinación, sino por el estado del camino lleno de piedras gordas, pequeñas; es decir, de todos los tamaños y encima con unos filos de narices, y que al paso de la bicicleta las dichosas piedras se movían con ansía de atrapar las ruedas y tirarnos o pincharnos. Nos enfrentamos con dos terribles rampas en estas condiciones y entremedias de las dos se suavizaba algo el camino, pero sólo algo, para inmediatamente volver a comenzar nuestros sufrimientos.

Juanjo me aconsejó que pedaleara rápidamente, pues de esta forma las ruedas de la bicicleta podían con ellas. Estas rampas nos hizo a más de uno tener que poner el pié en el suelo; pero es que además, una de las rampas se encontraba mojada, embarrada y de la que corría agua a lo largo de la misma, y hacía que las piedras y el suelo empeorase mucho más al encontrarse más resbaladizo para nuestras ruedas.

En esta rampa, precisamente, iba muerta de sed, se me había terminado el líquido que llevaba, y desesperada buscando algún caño con agua, encontré algo por lo menos para poder llenar mi botella y beber un agua buenísima y fresquita.

Una vez pasado lo más difícil y aunque se sigue todavía subiendo y la pendiente de inclinación igual de fuerte a las que hemos pasado, durante algunos metros se va haciendo aún mayor, pero se hace más asequible al no tener la cantidad de piedras que hemos ido dejando atrás en nuestro recorrido, no he mencionado que según íbamos subiendo se escuchaba el sonido del agua de un arroyo, pero que no veíamos, y cuanto más se subía se oía el ruido de un tren y el sonido que produce los coches por la carretera, se oía, pero no se veía, hasta que llegamos al punto donde dimos por finalizada nuestra subida, precisamente cerca de la estación de ferrocarril del puerto de Navacerrada; con lo que nos dispusimos, evidentemente, hacernos unas fotitos para la historia, y a continuación descanso, barritas energéticas, galletas de limón y toda la parafernalia que pudiéramos sacar de nuestras mochilas, de todo para poder reponer fuerzas.

Estábamos comiendo tranquilamente y de cháchara, comentando todo el recorrido, cuando vemos unos caballos con su potrillo que parecen que vienen a nuestra encuentro para que le demos galletitas, cuando a mí se me ocurre sacar una barrita energética y me acerco a los mismos ofreciéndoles la mitad a la madre y la otra mitad al potrillo que estaba con ella, mientras tanto empieza a dispararse las fotos para inmortalizar el momento, y se me ocurre acariciar a la madre y de pronto vemos que se mueve hacia delante dejándome el culo a la vista y me pega ¡UNA TERRIBLE COZ! que va a parar en mi muslo izquierdo y me roza el codo del brazo derecho, dejándome en el muslo la señal de la COZ; es decir, un círculo redondo con rojez y que empiezo a ver como se me va hinchando y que terminará en un gordo cardenal y en el codo por la noche observé un bulto redondo cerca del codo que parecía que en lugar de un codo tenía dos codos en un mismo brazo.

Andrés cuando ocurrió esto comentó que había tenido suerte, pues el caballo no me había dado fuerte que solo había sido un “QUÍTATE”, que si llega a dar fuerte la cosa hubiese sido mucho más seria.

Así que visto lo visto, nos replegamos en donde nos encontrábamos inicialmente para terminar de degustar nuestras galletas y todo lo demás, y yo con el susto metido en el cuerpo, pero vemos con asombro que vuelven a acercarse, hacemos unas fotos corriendo, y a continuación vemos a un caballo subir como desbocado, para luego volver a bajar igual de desbocado.

Con esto he aprendido otra lección en la vida, con los caballos cuanto más lejos mejor para evitar las COCES; pero la verdad es que los seres humanos también sueltan COCES, pero éstas son  VIRTUALES y no las puedes evitar ni poniéndote a kilómetros de distancia.

Finalmente, decidimos poner rumbo desde donde hemos venido. Comenzamos nuestro descenso a una velocidad vertiginosa y con un traqueteo brutal por las dichosas piedras, y cuando llegamos a la rampa mencionada que estaba mojada y embarrada, nos pusimos todos hasta el flequillo de barro. Pasadas las mismas, Juanjo nos hizo desviarnos hacia un lateral próximo al arroyo que he mencionado anteriormente y que es una trialera brutal, con dificultad máxima, con piedras, agujeros, raíces, árboles caídos, y que todos en muchos momentos tuvimos que poner pié a tierra, y una de las piedras con punta dio un golpazo en un lateral a una de las ruedas de Antonio, que le hizo que la rueda se le desinflara por completo.

La bicicleta de Antonio no lleva cámara, sino que son ruedas solo con cubiertas. Así que toca parada y a volver a inflar la cubierta, pero vamos comprobando que la rueda sigue perdiendo aire, y Andrés se da cuenta que lo que la pasa, según sus palabras: “es que está desllantada y desflechada”. A lo que a mí se me queda la cara de besugo auténtico con estos vocablos, y que luego en casa lo he buscado en el diccionario y no aparece, con lo cual he deducido que son términos ciclistas.

Por lo que observé lo que pasaba a la rueda, es que por donde van sujetos los radios en las llantas, por ahí se salía el aire. Solución: había que ponerla una cámara de forma provisional. La rueda llevaba también el famoso “moco verde”, para evitar los pinchazos, pero ya como no tenía sentido, pues hubo que tirarlo. ¡Caramba, lo que he aprendido en poco tiempo!.

Mientras que estaban arreglando la rueda, aproveché para echarme agua fresquita del arroyo que teníamos al lado, al muslo coceado, para intentar que no se me inflamara y evitar lo más posible los cardenales. Ya en casa me puse hielo y trombocid.

Arreglada la incidencia, nos montamos a las bicicletas y nos fuimos a toda velocidad, pues habíamos perdido bastante tiempo. Según íbamos rodando notamos que empieza a llover, pero seguimos y no nos paramos para ponernos los chubasqueros, caía poco y más bien agradecíamos mojarnos un poquito, pero enseguida paró.

Volvimos a pasar por los mismos caminos, incluido el punto en donde había una balsa de agua, Andrés y Antonio van los primeros y tienen la suerte de pasarlos rápidamente, pero delante de Juanjo y de mí aparecen unos jinetes con sus caballos que se meten en el charco y uno de ellos se pone a chapotear con la pata el agua y el otro continúa el camino, el único posible por donde pasamos con las bicicletas, pero mira por dónde que al caballo se le ocurre pararse en ese punto a comer y nos deja a Juanjo y a mí sin poder pasar, pues a nuestra izquierda había unas tuberías, a lo que a mí me hacer poner pié en tierra y badearlo caminando, con lo cual perdimos ritmo, Juanjo al final sí lo pudo sortear, pero yo no pude porque no había sitio para los dos. Pero yo ya pasaba delante de ellos con temor, después de la experiencia que me tocó sufrir arriba en Navacerrada.

Llegamos finalmente al punto de la kkd, recogimos la bicicleta y como dice Gregorio: “cada mochuelo a su olivo”.

Comentar que hemos disfrutado de un mañana espléndida, con un gran acierto en la elección de la ruta. Ruta ¿y qué podemos decir de la misma?. Pues lo que he dicho en el título: “COMPLEJA, MUY COMPLEJA, SÚPER COMPLEJA, EXTRA SÚPER COMPLEJA”, o también: DIFICULTAD TÉCNICA ALTA, MUY ALTA, SÚPER ALTA Y EXTRA SÚPER ALTA.

Y comentar también el buen hacer de estos bikers: Juanjo, Antonio y Andrés; sus buenos consejos y buenos conocedores de la técnica con la bicicleta y unos buenos Mac Guiver.

Y no sé si se me quedará algo más en el tintero de lo que pasó el sábado día 30 de mayo.

 Rosa

     

Perfil y mapa de la ruta