El Escorial - Abantos

 

 

La magnificencia que muestra esa joya arquitectónica que es el Monasterio de El Escorial erigida por encargo de Felipe II fue el punto de reunión elegido y donde Gregorio, Oscar, Juanjo y yo mismo nos encontramos a las 09:30 AM del domingo 23 de septiembre de este 2007 que estrenaba otoño.

Al final Javier avisó el sábado por la noche que con eso de “La noche en Blanco” tal vez no acudiría a la cita. Elena tampoco se sentía animada, después de una cena en casa con unos buenos amigos. Marta y Jorge se adherían a la opción materna, es decir, cama, y por su parte Fernando, con molestias en una rodilla renunciaba a acompañarnos.

No obstante la rutilla ha estado fenomenal. Aparcamos los coches cerca del Monasterio, porque en la misma explanada el ayuntamiento del Real Sitio ha encontrado una forma de rentabilizar sus activos poniendo precio al aparcamiento, y comenzamos la ruta dirigiéndonos por carretera en dirección al puerto de la Cruz Verde.

Al poco dejamos “lo negro” y comenzamos a ascender por una pista que al poco se torna un sendero con bastantes piedras sueltas y raíces. Avanzamos despacio, con un desarrollo cómodo hasta enlazar con una pista ancha donde adelantamos a un grupo de vacas con afilados cuernos. Si, las vacas no atacan, pero llevaban a sus terneritos bien pegaditos así que, cuidadín,  que son madres, y ya sabemos como se las gastan las madres cuando temen por sus retoños. El Charoles semental del grupo nos miró sin embargo con desdeño, como diciendo, “venga, largaos ya que me estáis revolviendo a la familia”.

En estas estábamos cuando dejamos la ancha pista para comenzar a atacar las  famosas diecisiete revueltas. Aquí la dureza no es tanto por la inclinación si no por el estado del terreno, y eso que hoy estaba hidratado y se subía bastante cómodo, eso si, plato pequeño y piñón grande. Incluso extra grande a veces.

Las superamos todos y tras un breve tramo por una nueva pista sin inclinación, lo cual agradecimos, alcanzamos la carretera de montaña que nos llevaría a Abantos. Este tramo es realmente duro. Juanjo y yo mismo tiramos con plato mediano durante un buen rato. Yo iba vigilando mis pulsaciones y veía como subían; 150, 155, 160,…170. Suficiente, así que plato pequeño y a subir con la cabeza y no con las piernas, como dice muy sabiamente Gregorio.

Arriba coincidimos con otro grupo de beteteros con los que tuvimos ocasión de hacer alguna gracia respecto de nuestra afición, que algunas veces parece propia de masoquistas.

Tras un breve descanso continuamos el ascenso por la carretera. Al poco la abandonamos para seguir subiendo por una pista que sale a la derecha y que nos llevó directamente hasta un mirador en el pico Abantos, desde donde pudimos contemplar una fantástica vista de El Escorial.

Este fue el punto mas alto de nuestra ruta de hoy y desde ese lugar comenzamos el regreso, al principio siguiendo nuestros pasos y después por una trialera que, ojito con ella. La verdad es que la trialera es preciosa pues discurre entre un bosque de pinos. El problema es que el terreno está cubierto de hojas secas de pino, que como todos sabemos resbalan que da gusto. No en vano Gregorio nos comentó que la famosa trialera es calificada por otros bikers como una trialera “muy sería”.

El descenso estuvo “entretenido”. La verdad es que todos bajamos con precaución, porque la bajadita estaba resbaladiza y los árboles “se cruzaban” en el camino. Tras un rato de trialera y otros caminos no tan complicados llegamos nuevamente a nuestro punto de partida, esta vez mucho más concurrido de turistas, aunque esta vez parecía que no había los típicos japoneses.

Así que de nuevo en la explanada del Monasterio de El Escorial nos hicimos las fotos de rigor mientras un amable señor se ofrecía a hacernos una de grupo, comentamos nuestras últimas sensaciones del día y nos despedimos contentos deseando encontrarnos de nuevo para compartir otro ratito de afición, compañía y “buen rollito”.

Enrique.

 

Perfil y mapa de la ruta