Embalse de Picadas III

 

 

Ha sido realmente el primer fin de semana caluroso de esta temporada de verano, que afortunadamente ha tardado en llegar porque mayo y buena parte de junio nos han regalado abundantes lluvias, que tanta falta hacían.

 El plan era ruta y comida en la parrillada argentina que hay justo antes del inicio de la ruta, y que hace ya varios años encontramos por pura suerte. Como el calor iba a apretar, quedamos a las 09:00 en el punto de inicio. Allí nos íbamos a reunir Gregorio, Fernando, Juanjo, Carlos, Elena y yo mismo, que muy previsor, había cogido ropa para cambiarme después de la ruta y poder comer cómodo. Tan previsor fui que iba en chanclas. El problema es que cuando ya llevábamos un rato en el coche me di cuenta que no había cogido las zapatillas de montar en bici, así que tocaba llamar para despedirnos, pues en caso de ir llegaríamos muy tarde. Sin embargo en atención a la asistencia de Elena nos esperaron, así que la ruta comenzó a eso de las 10:15 en vez de a la hora convenida. Imperdonable mi despiste.

 A esa hora Lorenzo ya pegaba, así que los seis primeros kilómetros de la ruta, que son de franca subida, se hicieron bastante duros. Coincidimos en la subida con un grupo de bikers, a algunos de los cuales adelantamos. Elena volvió a demostrar que su práctica de Spining la mantiene en forma.

 Tras los dos primeros tramos de subida afrontamos una larga bajada, bastante pronunciada y con un piso muy deslizante repleto de areneros y de zonas súper deslizantes, que  aconsejaban mucha prudencia.

 Terminada el descenso se llega a un bonito pueblo, de cuyo nombre no consigo acordarme pero que espero que Gregorio si, (Gregorio se acuerda je, je, je, el pueblo se llama Villa del Prado) tras el cual empezamos a recorrer un tramo de un antiguo trazado ferroviario. Tras unos cuantos kilómetros de llaneo tuvimos que bajarnos de la bici durante unos cien metros hasta encontrar un camino que nos sacara a una carretera, y es que ya se sabe que la tentación de los agricultores por ir agrandando las tierras es muy fuerte, y algunas veces se pasan y acaban labrando todo el camino. En fin, llegados a la carretera marchamos por ella con mucho cuidado pero bastante rapidito, porque los coches nos imponen mucho respeto.

 Rápidamente llegamos al punto en el que abandonamos la carretera. Marchamos ahora por una urbanización por una calle/carretera que nos eleva poco a poco al principio. Dejamos la urbanización, dejamos ahora un parque zoológico  a la izquierda y continuamos por una carretera que pica hacia arriba con curvas que recuerdan (afortunadamente solo recuerdan) un puerto de montaña. Coincidimos en la subida con un numeroso grupo de senderistas, que subían andando y ocupando todo el ancho de la calzada. Yo, que iba el primero, decidí lucirme y levantándome de la bici y poniendo un desarrollo duro comencé a subir. Los senderistas se apartaban. Por un momento me imaginé subiendo el Tourmalet en busca del triunfo de etapa definitivo que me vestiría de amarillo hasta París (soñar es gratis, verdad).

 Al poco llegamos a lo alto del “Tourmalet” y comenzamos el descenso hacia la presa del embalse de Picadas. Una breve paradita para admirar las vistas y seguimos bordeando el embalse por una pista ancha y llana hasta llegar al aparcamiento donde dejamos los coches.

Recogidas las bicicletas, recuperamos otra sana costumbre, que es la de cultivar la buena charla con unas cervezas fresquitas y después, ya sin Juanjo y Carlos, que no pudieron quedarse, con buena carne a la parrilla, y eso que Gregorio pidió vino con taurina ¿?

 En resumen, otra agradable jornada donde compartimos afición y amistad.

 Hasta pronto Enrique Andeandaran

 

 

Perfil y mapa de la ruta