Gran Vuelta a El Pardo

 

 

Gran Vuelta al Pardo, by  Elena y Enrique de Andeandarán Team

 09:00 del dos de noviembre de 2007. Elena y yo, Enrique, nos disponemos a iniciar la mayor ruta en bici que nunca hayamos hecho. El propósito es completar los aproximadamente 100 Km. que tiene el recorrido circular que rodea el monte de El Pardo, saliendo desde nuestra casa en Pozuelo.

 Aunque no teníamos ningún objetivo que cumplir salvo terminar la ruta, yo había planteado un horario ideal para poder ir controlando sobre la ruta si tardábamos mas de la cuenta. La cosa era no llegar bajo ningún concepto de noche, lo que en la fecha de la ruta significaba estar en casa a las seis y media como muy tarde.

 El primer control de paso prefijado era el Anillo Verde de Madrid a la altura de Ramón Gómez de la Serna. El horario previsto indicaba que deberíamos estar en ese punto alrededor de las 10:00 de la mañana. Efectivamente, un poco mas tarde de las 10:05 Elena y yo pasábamos por el punto. Habíamos completado los primeros 20 km en alrededor de una hora. Buena media.

 Seguimos por el Anillo Verde y alcanzamos la ciclovía de la Carretera de Colmenar. El sol comenzaba a calentar lo que hacía que el paseo fuera agradable. Además el perfil de la ruta no presentaba problemas, así que avanzábamos a buen ritmo charlando animosamente.

 El segundo punto de control, por así decirlo, estaba situado a la altura de Tres Cantos Sur, en el punto donde nuestra ruta dejaba la ciclovía de Colmenar. El horario previsto era pasar por ese punto a las 11:00. Aproximadamente a las 11:15 llegábamos al punto. Habíamos totalizado ya 36 Km desde el comienzo y nos disponíamos afrontar la segunda parte de la ruta, desde Tres Cantos hasta el Puente de La Marmota.

 Giramos a la izquierda y abandonamos la ciclo vía de la carretera de Colmenar en dirección Oeste. Este tramo bordea el monte de El Pardo en su lado norte, siguiendo la valla que lo limita y separa de los pastaderos de Colmenar.

 Continuamos nuestra ruta por la pista, ancha y cómoda, para llegar al mirador de Valdelaganar desde donde pudimos admirar una estupenda vista de la sierra madrileña antes de reemprender nuestra ruta.

 Continuamos nuestro camino hacia el siguiente hito, el puente de La Marmota, por la pista comentada. El día estaba estupendo y descendíamos en este tramo sorteando las bañeras de arena. En una de estas bañeras cometí el error de orillarme demasiado y pisar con la bici sobre restos de cardos, el resultado no se hizo esperar y la rueda delantera se desinfló en un instante mientras apenas me daba tiempo para detener la bici.

 Teníamos previsto hacer un alto en el puente de La Marmota para comer un tentempié antes de afrontar la subida que nos llevaría a la carretera que une Colmenar con Hoyo, sin embargo como el pinchazo nos obligaba a detenernos y ya iba faltando poco para el puente decidimos adelantar el tentempié.

 Según mi previsión deberíamos llegar al puente a eso de las 12:30 así que la parada fue breve, justo el tiempo necesario para cambiar la cámara, encontrar el pincho causante de la avería, comer unos frutos secos y beber medio “Red Bull”, por aquello de “Red Bull te da alas”.

 No notamos nada especial. Se suponía que íbamos a “volar” literalmente tras la bebida, pero lo único que notamos, o al menos noté, fue un sabor a jarabe que me hacía recordar mis tiempos de niñez.

 Continuamos a nuestro “tran-tran” cuando Elena comenzó a tener problemas a la hora de usar el desarrollo de plato pequeño y piñón grande. El problema es que la cadena se le salía hacia adentro, quedándose atascada entre los piñones y los radios de la rueda. Tras dos o tres salidas de cadena Elena tuvo que renunciar a usar ese desarrollo, lo malo es que estábamos ya cerca del famoso puente, y empezaba el tramo mas duro de la ruta.

 El puente de La Marmota aparece de repente en la ruta. Se comienza a dejar a la derecha una elevación del terreno y la pista se transforma en un camino mas estrecho que al principio desciende de manera pausada y después se precipita en una trialera que termina justo sobre la misma plataforma del puente. La trialera es delicada pero no tanto por su dificultad si no por la situación en la que se encuentra, en un lugar relativamente lejano de carreteras y desde luego de difícil acceso, así que decidimos hacerla mayoritariamente a pié, pero que conste que llegamos al puente montado en nuestras bicis.

 Coincidimos en el puente con un amable biker que nos ayudó con una fotillo, testigo de nuestro paso por el famoso puente de La Marmota, que curiosamente se encuentra en el punto medio del recorrido.

 A partir de este punto nos tocaba afrontar el tramo mas duro de la ruta. Hasta ese momento llevábamos 3,5 horas de recorrido y cumplíamos el horario previsto.

 La subida desde La Marmota transcurre por un paisaje muy bonito. Escondido entre la maleza un estrecho sendero se eleva bruscamente trepando casi perpendicularmente a las líneas de nivel imaginarias de la montaña, lo que provoca que la subida sea lo suficientemente violenta como para tener que echar pie a tierra a menudo. El estado del terreno no ayudaba mucho pues al estar muy seco las bicis perdían tracción fácilmente.

 Este tramo tiene una longitud de uno kilómetro y medio aproximadamente de los cuales fácilmente la mitad hay que andar tirando de bici, lo que suponía un esfuerzo importante que obligaba, de vez en cuando, a refrescarse un poco.

 Terminado el sendero parecía que el esfuerzo se había acabado, sin embargo la realidad era otra muy diferente pues nos esperaban seis kilómetros de subida casi continua transitando por una pista ancha pero con badenes rompe piernas y compactada a base de ripio, lo que la hacía muy incómoda.

 Al fin llegamos a la carretera (vía parque se llama) que une Colmenar con Hoyo de Manzanares, lo que nos alivió un montón. Sabíamos que la parte mas dura había terminado y ahora quedaba llegar a Hoyo, el punto mas alto de la ruta, y lo siguiente sería bajando.

 La vía parque une Hoyo de Manzanares con Colmenar. No es propiamente dicha una carretera, si no una pista asfaltada y abierta al tráfico. Aunque es estrecha tiene bastante tráfico, pues sirve de comunicación entre la A-VI y la carretera de Colmenar.

Se notaba de todas formas que el viernes era puente para muchas personas, porque apenas nos pasaron dos o tres coches, y un camión.

 Al poco llegamos a los cuarteles de Hoyo. Siguiendo el track que había descargado de Internet abandonamos la carretera tomando una pista que sale a la izquierda del campo de fútbol que está enfrente de los cuarteles. Empezábamos una nueva etapa en nuestra ruta, que nos debía llevar hasta las inmediaciones de Las Matas, donde teníamos previsto comer a eso de las 14:30.

 Dejando Hoyo de Manzanares a la derecha, seguimos nuestra ruta por una ancha pista que hace un sube y baja durante algunos kilómetros. El buen estado de la pista permite alcanzar en las bajadas buenas velocidades y afrontar las cortas subidas con decisión. Sin embargo al poco tiempo, en una pronunciada curva a la derecha que describe la pista, el track nos manda seguir recto, cambiándola por un estrecho sendero que al poco nos comienza a recordar la subida desde La Marmota.

Afortunadamente el tramo dura poco y casi sin darnos cuenta el GPS nos manda hacer un giro a la izquierda y transitar por otro sendero, esta vez cuesta abajo, que discurre paralelo a la carretera que une Hoyo de Manzanares con Torrelodones, ya cerca de esta población.

 Casi las dos y media de la tarde y ya estábamos cerca de Torrelodones. A esas alturas recordaba haber leído en Internet que la ruta descendía a Las Matas, donde queríamos parar a comer, atravesando la urbanización Los Peñascales. Todo estaba marchando fenomenal cuando de repente el track desaparece del GPS. Efectivamente, ya tuve problemas a la hora de cargarlo y es que la versión que encontré en el foro de MTB está incompleta. Desafortunadamente tendríamos que afrontar esta última parte de la ruta sin la ayuda de navegación del GPS.

 Llevábamos unos 67 kilómetros y cinco horas y media de pedalear casi continuo. Nos restaban por tanto alrededor de 70 para llegar a casa  y no sabíamos por donde teníamos que continuar. En una rotonda a la entrada de Torrelodones giramos a la izquierda y comenzamos a descender hacia Las Matas. El primer intento nos lleva hasta el cementerio y el paso está cortado. Elegimos una nueva ruta y comenzamos a bajar por una calle de una urbanización. Pensamos que tal vez hayamos acertado, pero la calle comienza a girar y al final describe un giro de 180 grados que no pone otra vez mirando a la montaña y subiendo. Ante esta situación le propongo a Elena comer en Torrelodones y bajar a Las Rozas por la vía de servicio de la A-VI. No nos gusta mucho la idea, pero no queremos estropear la fantástica ruta al final, así que nos dirigimos a Torrelodones, donde nos comemos los sándwiches preparados a tal fin.

 Una vez comidos la ruta carecía ya de interés pues transitaríamos mayoritariamente  por carreteras con tráfico y calles de poblaciones. Nos fastidiaba no poder seguir la ruta original, que sabíamos transcurre paralela a la vía férrea de la línea Madrid – La Coruña, pero no teníamos otra opción. Además, estábamos contentos, porque al fin y al cabo, estábamos a punto de completar nuestra vuelta exterior a El Pardo.

 El regreso lo hicimos tal y como lo habíamos planeado sobre la marcha. Primero vía de servicio hasta la M 503. A la altura del Herón City giramos a la derecha y nos dirigimos al Európolis, que atravesamos pasando la carretera de El Escorial por un túnel. Desde ese punto dejamos Las Rozas a la izquierda y por el camino de servicio de la M 503 llegamos a Majadahonda.

 Un último sorbo de agua justo antes de llegar al final.

 Ya estábamos prácticamente en casa. Apenas unos kilómetros nos separaban de lograr terminar una ruta espectacular por los paisajes y sobre todo por la distancia, alrededor de 100 km.

 A las cinco menos cuarto de la tarde llegábamos a casa. En total siete horas y cuarenta y cinco minutos desde que salimos de casa y 93, 344 km recorridos a una media de 15 km/h, lectura de GPS, aunque el ciclocomputador marcara, por pura casualidad 100 km justos. No está mal para unos aficionados.

 Como comentario final decir que la ruta es larga pero no dura. El tramo mas duro es la subida desde el puente de La Marmota, pero no es nada diferente a otras rutas del grupo. Seguro que la repetimos en el futuro, tal vez en la primavera del 2008.

 Y para finalizar, mi agradecimiento a Elena, que me acompañó para que no fuera sólo. Juntos hemos hecho un montón de cosas de toda índole en la vida, y espero tener la oportunidad de seguir compartiendo con ella otras muchas vivencias como estas, así que permitidme que la dedique muy especialmente a ella esta crónica. Si hubiera ido sólo el día no hubiera sido ni la mitad de fenomenal.

 Enrique 

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