Hoyo de Manzanares II

 

 

“El martes voy a salir con unos compañeros de trabajo y algunos amigos a una rutilla por la Sierra de Hoyo de Manzanres. Van bastante fuerte pero..... ¿Queréis veniros?”.  

Esta fue la invitación que Javi nos hizo a Jorge y a mí el pasado domingo, mientras bajábamos las trepidantes trialeras de “Fuenfría para Dos”. Jorge, mi hijo, entre que se asustó un poquillo con eso de ir fuerte y que además está pasándolo bastante mal con la alergia, delegó en mi la representación familiar, así que a las ocho y media de la mañana del domingo me presenté en la gasolinera elegida como punto de reunión para algunos. Un poco mas tarde todos nos reuníamos todos en Hoyo de Manzanares, es decir, Álvaro, los dos Dani, Pedro, Javi, Jose, Jorge, Juan, reportero gráfico y organizador y el que escribe esta crónica.

 Tras los saludos y presentaciones de rigor, tras montar las bicis y hacer los ajustes necesarios, el grupo sale guiado por Juan, que lleva el track en el GPS. Comenzamos dirección Oeste por un sendero divertido que empieza a mostrarnos algunos puntos interesantes hasta que llegamos a la primera subida del día, que al menos yo tuve que terminar arrastrando la bici. “Esto tiene buena pinta” pensé. Continuamos el track guiados por Juan que indicaba la dirección correcta en las intersecciones y así alcanzamos una violenta y prolongada cuesta arriba en la que quedó claro que la preparación de Álvaro era muy superior a la del resto. Culminada la ascensión seguimos, no sin antes saludar a una avestruz que miraba a Dani con ojos cariñosos cuando este se la acercó no se sabe con que intenciones.

 Ya estábamos en la vertiente norte de la sierra y llegábamos a Moralzarzal donde paramos en la gasolinera para avituallarnos de agua y alguna cosilla que se necesitase. Habíamos hecho apenas la tercera parte del recorrido y las piernas notaban el esfuerzo del camino recorrido. Particularmente, los primeros kilómetros me parecieron los más duros, porque combinaban inclinaciones importantes con terrenos sueltos que hacían bastante incómodo el pedalear.

 De Moral a las puertas de Colmenar dejando a la izquierda Cerceda seguimos la cañada que lleva hasta Extremadura y que atraviesa Villalba. Álvaro, Jorge, Pedro y Juan marcaban un ritmo muy rápido en el falso llano que precede a un largo descenso hasta el cruce con la carretera que une Madrid y Cerceda. En el descenso Álvaro nuevamente y Jorge comenzaron a dar pedales como posesos. Yo me animé y les seguí haciendo la goma. Ahora les alcanzaba, ahora me dejaban a 100 metros.

 Nos reagrupamos nuevamente para descansar y proseguimos ahora por otra pista que nos lleva directamente a la carretera (vía parque) que une Hoyo con Colmenar. Aquí Álvaro siguió demostrando su poderío, y yo no me di un “leñazo” de categoría porque tenía a mi ángel de la guardia cerca. En una curva rápida a izquierdas, en el momento del apoyo inclinado la rueda delantera decidió irse de paseo. No se si lo corregí o se corrigió, pero la cosa es que aquel derrape termino, pero entonces la rueda trasera decidió hacer lo mismo y... cuando ya me veía en el suelo la bici hizo un “no se que” y se puso recta. Jorge iba justo detrás de mi y seguro que si me caigo me hubiera llevado por delante y también habría terminado en el suelo. En fin, gajes de estas aficiones. Afortunadamente todo quedó en un susto.

 También tuvimos un pinchazo, que sirvió para descansar un poco antes de continuar y llegar a la carretera que nos llevaría ya casi hasta las puertas de Hoyo de Manzanares, donde terminaría la excursión y desde donde cada uno de nosotros regresamos a casa después de las despedidas de rigor.

 Yo llegué bastante cansado pero muy contento por haber compartido esta mañana con gente estupenda a la que hasta ahora no conocía, pero eso si, “van fuertecito”.

 

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