La Fuenfria

El día después de la tormenta perfecta

 
 

Después del paso de la tormenta perfecta, que al menos en Pozuelo fue el vacile perfecto, el mes de febrero nos regaló así, sin avisar, un día de esos que anuncian la próxima llegada de la ansiada primavera.

El sábado por la tarde llamé a Juanjo para preguntarle si tenía alguna intención de salir a montar en bici el domingo, si el tiempo lo permitía, claro, y este me respondió que desde luego, así que quedamos en La Sopa Boba a las 09:30h para hacer la ruta que estaba prevista y hubo de ser anulada el sábado mencionado. Carlos nos anunció por correo electrónico que Pedro y él se apuntaban, pero finalmente sólo fuimos tres los que acudimos a la cita, pues a Pedro le surgieron inconvenientes de última hora.

Carlos y yo fuimos al punto de encuentro en nuestros coches, pero Juanjo se acercó desde su casa en bici, por lo que tuvo que pasar por parte de la ruta que tomaríamos y que estaba totalmente inundada a causa de las lluvias del día anterior, y del otro, y del otro, y así sucesivamente hasta Octubre del 2009. Uff, ya estamos un poco hartos y revenidos, ¿no os parece? La cosa es que ante los comentarios de Juanjo, que llegó prácticamente buceando, nosotros que somos chicos  con clase, cultos y de rápidos reflejos decidimos irnos a La Fuenfría, por aquello que en las cuestas abajo hay menos agua porque, como su nombre indica, se va para….abajo (Muy bien. Lo estáis haciendo muy bien, queridos lectores)

Claro, para llegar a La Fuenfría hay primero que llanear un tramo, es decir, nadar, flotar, bucear….porque allí había agua como para exportar al mismo África  sahariana y convertir aquello en un vergel con campos de golf, urbanizaciones de lujo, carrefoures, Mcdonalds y demás cutrerías varias.

El suelo estaba, no pegajoso, sino más bien “retenedor”, como la Hacienda Pública, lo que hacía que el progresar fuera a ratos una proeza, como convivir con la HP mencionada. Eso sí, la temperatura era ideal y el sol lucía como hacía mucho tiempo que no lo hacía.(cuantas cias me han salido)

Llegados a Cercedilla me entró un antojo de comerme un tigretón de esos que comíamos cuando todos éramos unos niños, y Gregorio ya un señor respetableJ, y además tenía que comprar unas pilas para el GPS, pues se estaban acabando, así que paramos enfrente de la estación donde pude comprar ambas cosas y devorar la primera. Desde allí iniciamos el ascenso por la carretera, hasta el parking donde habitualmente dejamos los coches cuando vamos a La Fuenfría, desde donde regresamos para no llegar a casa a las tantas.

Por supuesto, el GPS se apagó pero yo ni me enteré, así que no gasté ni una gotita de las pilas nuevas que compré, y que por cierto todavía no he cambiado.

El regreso lo hicimos por el camino habitual, pero desde Guadarrama y debido a la insistencia de Juanjo y Carlos, lo hicimos por carretera, acompañados de un grupete de “flacos” que iban de paseo.

Y así llegamos a los coches, entre bastante y muy embarrados, pero muy felices. Yo, que soy además de lo anteriormente citado muy precavido, llevé la Canondale, con pedales automáticos sin plataforma, y el trasportín en el Montero, como es sabido, el único verdadero 4X4 que hay en el grupo, así que no hubo problema ninguno y al llegar me comí en casa unos espaguetis con gulas (de mentiras) y unos nuggets de pollo que son una cosa muy moderna precocinada de esas que les encantan a mis hijos y a mí………no J

Del track, pues no lo hay, pero vamos, para ir a La Fuenfría desde La Sopa Boba se coge el primer charco a la derecha y todo recto. No tiene pérdida.

Ala, a disfrutar, que son dos días.