La Fuenfria

 

 

El estreno de la KTM necesitaba algo suave y conocido así que propuse hacer una Fuenfría y con ese motivo nos juntamos en Cercedilla Rosa, Marcial, Juanjo, Claudio, Fernando, Elena, Marta, Jorge y yo mismo.

Yo tenía muchas ganas de ver cómo iba la KTM, pero pronto comprendí que no iba a ser este el día en que lo pudiera hacer, porque el sillín se bajaba continuamente y además aún en su posición más alta seguían faltándome uno o dos centímetros de tija.

Desde la estación de Cercedilla retrocedimos unos metros descendiendo por la carretera que une Cercedilla y Los Molinos para pronto tomar una calle en cuesta que nos lleva hasta la calzada romana. La idea era subir por esta en lugar de la carretera que lleva hasta Las Presillas.

La subida la hacemos a un ritmo tranquilo, charlando y haciendo varias paradas. Yo me desespero con la tija y después de mellar el tornillo que sujeta la tija del sillín, me resigno a ir sentado como si hubiera comprado la bici en el Carrefour, así que paciencia.

Llegamos al Hospital de La Fuenfría y continuamos entonces por la carretera primero y después por la pista forestal. Jorge, que va con la Canondale, ha tirado para arriba y al rato le propongo a Juanjo tirar a ver si le pillamos. Nos ponemos a 16 y 17 km/h pero no lo cogemos. Incluso con el sillín bajo noto la potencialidad de la KTM. Vas subiendo fuerte y cuando le pides mas la bici te permite acelerar e incluso te invita a meter piñón. Una maravilla.

Reagrupamiento en el Mirador de los Poetas y recarga de agua en la fuente que hay un poco mas adelante. Después seguimos hasta la fuente que hay justo antes del Mirador de la Reina y finalmente La Fuenfría, lugar que personalmente me encanta.

El descenso lo comenzamos por la pista, pero Juanjo propone que el último tramo lo hagamos por la senda de arriba, para llegar a Cercedilla sin pisar carretera. Aquí todos se caen, menos Juanjo y yo mismo, pues la senda está muy descarnada, con muchas piedras sueltas y multitud de raíces que lo ponen muy delicado. Caídas sin importancia, pero algunas aparatosas, como la de Fernando, que cayó en una zarza de la que hubo de ser rescatado por Lady Treck. El resultado fue un brazo bastante arañado, que las aguas del Mediterráneo seguro que ha sanado rápidamente.

Sin Claudio, que se quedaba en las piscinas naturales con su familia, llegamos el resto a la estación de Cercedilla donde, como no podía ser menos, procedimos a refrescarnos con una cervecitas fresquitas, incorporado Marcial al grupo.

Pero que buenas estaban. Su frescor puso broche de oro a otra mañana de sábado fenomenal. Chicos, nos estamos acostumbrando muy mal. Hay que seguir.

Un saludo Enrique