La Pedriza

 

 

Por fin llegó el día, y es que después de tanto trabajo durante tanto tiempo, tenía muchas ganas de volver a hacer una ruta con mi cabeza ocupada exclusivamente en disfrutar del paseo.

Con Elena llegamos alrededor de las 09:30 de la mañana del sábado al punto de encuentro convenido, la entrada del Parque de La Pedriza, en Manzanares el Real. Allí ya estaban Rosa y Marcial, Carlos, Juanjo y una agradable sorpresa, nuestro amigo Claudio. A otros se les echó de menos; Gregorio, Fernando, Oscar, Antonio TAB,…

El plan era hacer el trayecto completo de Las Zetas así que iniciamos nuestro camino ascendiendo por la carretera, a esas horas todavía sin coches. El cielo, azul en nuestro inicio, se tornaba amenazador allá adonde nos dirigíamos, en las cumbres de la Cuerda Larga. La temperatura era agradable para montar en bici, pero un fuerte viento empezaba a saludarnos apenas comenzábamos a subir.

Llegados al aparcamiento de Canto Cochino, Marcial, que se había adelantado en su coche, se ocupó de asustarnos cual “tren de la bruja”, saliendo corriendo detrás de un arbusto a nuestro paso, pero no logró que lo aceleráramos.

Tras superar el primer collado después de Canto Cochino, ya en la pista forestal, un fuerte viento se hizo el señor del paisaje, tanto que incluso sugerí darnos la vuelta. Afortunadamente Juanjo insistió en continuar, así que proseguimos ascendiendo.

Reguardados por la propia montaña, el viento rugía pasando por encima de nuestras cabezas sin golpearnos. Aún así se podía escuchar perfectamente el crujir de las ramas de los arboles zarandeadas.

Contra más subíamos mas fuerte era el viento y menos resguardo encontrábamos en la pista, de manera que el viento empezó a alcanzarnos, dificultando sobremanera el ascenso cuando entraba de frente, y favoreciéndolo cuando entraba por nuestra espalda.

Por fin llegamos a los comederos de buitres. Antes paramos a comer algo a resguardo del viento porque pensamos que no sería agradable parar con semejante vendaval en los comederos, y acertamos, pues tan fuerte era el viento que se llevó por delante a Elena, tirándola de la bici sobre una roca. Tuvo mucha suerte de no hacerse mas que una leve magulladura sin mas consecuencias que un raspón.

Sin parar continuamos hacia el Mirador de los Poetas donde el viento era tan fuerte que apenas podíamos hacer una foto sin que nos moviera. Se veía claramente como las nubes eran empujadas por el viento y parecían abalanzarse sobre nosotros, sin embargo la temperatura seguía siendo agradable, dadas las circunstancias.

El descenso lo hicimos tranquilos, excepto Juanjo, que bajó como una exhalación, hasta una bifurcación donde nos esperó para reagrupados acometer la última parte del descenso, que terminó sin novedad y esperando con impaciencia la próxima ruta.