La sopa boba II

 
 

Los integrantes del grupo ciclista “Bttexplorer” se han decidido, después de bastante tiempo de inactividad sin poder subir a las montañas como consecuencia de las inclemencias del tiempo, proponer una quedada por nuestra Sierra de Guadarrama. Nuestro compañero de fatigas, Juanjo, nos ha propuesto que coronemos la cima de Cabeza Mediana, también conocido como el Cerro del Telégrafo o Cerro Cañal.

El Cerro del Telégrafo es un monte-isla situado al pie de las laderas meridionales de la Sierra de Guadarrama a la que pertenece geológicamente, pero de la que aparece separado mediante una llanura. Está enclavado entre los términos de Alpedrete, Moralzarzal y Collado Mediano, todos ellos municipios de la Comunidad de Madrid. Su altitud es de 1.331 m.

 El mencionado telégrafo se construyó en 1841 y formaba parte de una cadena de torres que mantenían contacto visual entre sí, mediante la cual se propagaban los mensajes de un punto a otro en un tiempo relativamente corto, mediante diferentes señales ópticas generadas por reflexión lumínica; es decir, se trata de un medio diseñado para ser visto a gran distancia configurando diversas señales por medio de un mecanismo operado por una o varias personas. Colocando varias torres en cadena podía hacerse que cada torre repitiese el mensaje de la anterior, propagándose así y recorriendo grandes distancias en un tiempo muy inferior al que requería un mensajero a caballo.

                                            En 2007, la Torre ofrecía el siguiente aspecto ruinoso: 

En septiembre de 2007 se iniciaron las obras para reconstruir la torre y dejarla como cuando estaba en funcionamiento. El 7 de septiembre de 2008, finalizaron las obras de restauración ofreciendo el siguiente aspecto:.

 

Después de esta exhaustiva descripción del mencionado Cerro del Telégrafo y su funcionamiento, paso a continuación a narrar nuestra aventurilla por estos lares. Para empezar decir que acudimos a la cita, el domingo día 7 de febrero: el proponente (Juanjo), Enrique, Carlos, Pedro, y Rosa (acompañada de su apoyo logístico, Marcial). Cuando nos vimos todos nos abrazamos y nos besamos con mucha alegría y entusiasmo, después de tanto tiempo sin vernos.

El punto de inicio de la ruta se fijó en la rotonda conocida como la “Sopa Boba” de Collado Villalba, Autovía A-6, salida A-42 desviación Guadarrama. Una vez finalizado los saludos de rigor y de echarnos unas pequeñas parrafaditas, nos subimos a las bicicletas y a pedalearrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr sin más demora.

  Para llegar hasta el punto de subida al Cerro del Telégrafo, nos dirigimos dirección Collado Mediano. Tenemos que atravesar el centro del pueblo hasta que llegamos a un tramo en el que tenemos que tomar una calle a nuestra izquierda con una fuerte rampa y desde aquí seguimos subiendo hasta introducirnos por el monte que nos llevará hasta Morazarzal para poder tomar la subida al Cerro Cañal por el lateral norte. Pero aquí nuestro querido amigo y proponente Juanjo no daba con la senda que debíamos tomar para comenzar el ascenso. Comenzamos a subir por entre piedras de todos los tamaños, teniéndonos que bajarnos de las bicicletas en múltiples ocasiones, en un intento de localizar esa “famosa senda”, y ¡hete aquí! que de pronto dice Juanjo que la tenemos debajo de nuestros pies, con lo que Enrique comenta “que la senda estaba jugando al escondite”, je je je je je…………, en realidad lo que pasó es que estaba camuflada por la vegetación que la había invadido.

 Seguimos subiendo por la misma, hasta dar con el camino que nos llevará directamente al mencionado Cerro; pero al llegar al mismo, Pedro sufre una pequeña avería en la bicicleta (me parece que fue un palitroque que se le enganchó en la roldana lo que le produjo tal avería) que no le permite hacer los cambios, por lo que toca parada e intentar arreglarlo.

Seguimos subiendo y en la mitad del camino observo que se han parado a admirar el paisaje, pero yo decido continuar a mi tran-tran. Al cabo de un rato me adelantan estos muchachotes y sigo subiendo a escasos metros detrás de Carlos y Pedro y al coronar la cima me percato que han desaparecido del mapa, por lo que creí que habían iniciado el descenso rápidamente como auténticos posesos, porque es que no los veía por ninguna parte. A todo esto Juanjo, salió a mi encuentro por la ladera que subimos, pensando que no había llegado todavía, cuando en realidad yo ya estaba en el lado contrario bajando.

 Cuando prácticamente estaba ya terminada la bajada me llaman por teléfono y me dicen que me quede quieta en donde estoy; por lo que aprovecho para tomarme mis barritas energéticas, pero no tardaron mucho en descender los muchachotes. El primero en llegar, por supuesto, fue Juanjo, ofreciéndome a continuación sus archifamosas galletas de limón. Cuando fueron llegando los que faltaban empezaron a sonar los disparos de los flashes de la máquina fotográfica para inmortalizar el momento tan estupendo que estábamos pasando, después de tanto tiempo sin hacer estas escapaditas por las rutas montañeras que tanto nos gusta.

Una vez que hemos repuesto las energías suficientes, continuamos descendiendo de forma supersónica, por encima de las piedras de todos los tamaños que nos encontramos en determinados tramos, como auténticos locos fugados de un manicomio; por lo que pronto llegamos al punto de partida en un tiempo record, pues se había previsto llegar a las 13 h. y estábamos llegando a las 12,45 h., con lo cual Marcial todavía no había llegado para recogerme.

 Marcial no tardó mucho en llegar con el coche escuchando música que invitaba a bailar, así que Enrique no se lo pudo reprimir y nos pusimos a bailar juntos al ritmo de la misma sin más dilación, vestidos de romanos y, con auténtico nerviosismo de los fotógrafos reporteros, empezaron otra vez a sonar los flashes de las máquinas de fotos, pero como sólo había una chica, los demás se tuvieron que conformar siendo simple espectadores de la escena y pensando, además, ¿qué hacían, si bailar entre ellos mismos; es decir, “chico quiere a chico”, o se quedaban mirando? JE JE JE JE JE JE JE.

 Rosa

Otra visión de la jugada

A las 10:30 nos reunimos en lo que denominamos “la rotonda de la Sopa Boba” Rosa, con su Marcial, Juanjo, Carlos, Pedro y el que escribe esto, dispuestos a ascender el Monte del Telégrafo, en una mañana templada para la fecha del calendario en la que nos encontramos.

Tras los consabidos saludos comenzamos a pedalear en dirección a Collado Mediano, donde nos encontramos una subida cortita pero interesante que nos llevó al collado propiamente dicho. Hasta el momento Juanjo se comportaba como un guía normal, de esos que no se pierden, pero pronto dio muestras de su especial habilidad. Durante unos minutos había disparidad de opiniones respecto de por donde teníamos que ir. Juanjo decía que para arriba, y los demás que para abajo. Claro está, como este es un grupo muy democrático, al final se impuso la minoría (Juanjo)  y todos fuimos para arriba, pero no arriba de las bicis (no se si se me coge el doble sentido), sino mas bien al lado de la bici, es decir, a patita, porque el camino o senda o lo que fuera, desde luego allí no estaba. O si estaba, porque estando parados, por no se que razón, de repente Juanjo, que esa mañana estaba preclaro, mira justo debajo de él y dice, ¡ coño! , si esta es la senda. Mírala, viene de allí y va para allá….arriba, claro. Total, que después de un segundo salto de valla (antes ya habíamos saltado una por cierto con unas puertas hechas con somieres tipo Art Decó) comenzamos a subir por una pista que encontramos. Claro, algunos subían peor, como el amigo Pedro, que tuvo el buen gusto de llevarse puesto entre el cambio un árbol más o menos y claro, el desviador como que se le torció un poco. Por supuesto, Pedro no actuó para solucionarlo de manera irreflexiva, sino que tiró de desviador y le dio un meneo de PM que lo dejó tieso, pero no arreglado.

Total, que llegamos a la cima del famoso Telégrafo, dispuestos a hacernos unas fotos. Todos excepto Rosa, que decidió que ella no paraba a ver las vistas, cosa por otra cosa inusual en el grupo, y tiró para abajo, sin que los demás nos diésemos cuenta.

Se produjeron después unos breves momentos de desconcierto, toda vez que pensábamos se había producido la abducción de Rosa por parte de una nave interplanetaria, pero mira tu por donde, finalmente gracias a la tecnología 3G contactamos con la supuestamente abducida, que se encontraba despistada, perdida y un poco extrañada de lo que ella creía era también una abducción, la nuestra claro.

Al final se comprobó que no había habido ninguna abducción ni nada semejante, y que los alienígenas pasan de venir a la tierra cuando hace frío.

Una vez reunidos todos, proseguimos hasta el final de la ruta, donde Rosa y un servidor nos marcamos el Vals del Pedal y nos alabamos cada mochuelo a su olivo, hasta el próximo sábado, donde pasamos más frío que el carvallo, pero esa es otra historia.

Enrique