Lomas del río Pirón

 

 

Elena me decía en el coche, cuando íbamos con algún retrasillo hacia el punto de reunión en Collado Hermoso, que se encontraba algo flojucha y que debía haberla comprado un Red Bull para poder seguir nuestro ritmo. Un rato más tarde yo tenía la oportunidad de comentar con Gregorio, Fernando, Juanjo y Oscar, nuestros compis de salida betetera de hoy lo aliviados que todos nos sentíamos por eso de que Elenita se sintiera débil, porque aún así y todo, subía las rampas mas duras de la ruta como si nada.

Efectivamente, aunque habíamos quedado a las nueve de la mañana, entre que uno nos retrasamos y otros fueron al punto de reunión acordado, que no era el mismo en el que estaban Gregory y Fernandito, la cosa es que al final empezamos a dar pedales a eso de las nueve y media, al menos.

Comenzamos animosamente la ruta, que desde el mismo inicio empieza a subir, primero de manera ligera, a los pocos kilómetros inclinándose más y unos cuantos más arriba mostrando las rampas más duras. Aproximadamente siete u ocho kilómetros de subida sin un solo sitio para descansar, hasta que en una intersección encontramos la excusa perfecta para echar pie a tierra, beber agua, comer un poco y reagruparnos. ¡Menos mal que no fui yo quien convocó esta ruta!, por que si no alguno todavía estaría a esta hora dándome gorrazos.

¡Como está el campo, Señores! Desde luego la primavera nos está este año regalando unos paisajes espléndidos. La ruta de hoy comenzaba en Collado Hermoso, un pequeño pueblo segoviano situado a pocos kilómetros de esta ciudad, en la ladera norte del macizo central. Durante los primeros quince kilómetros la ruta sube sin apenas dar respiro hasta llegar a un collado desde el que se pueden ver unas espectaculares vistas de la llanura castellana.

Hasta aquí la paz y la tranquilidad. Ya se sabe, que en este grupo las subidas se hacen tranquilas, pero las bajadas. ¡Ay, las bajadas!

Eusebio (digo Gregorio), Catalino (Fernando) y también Servando (Juanjo), que a los tres se les olvida hasta como se llaman en cuanto ven una bajada, comenzaron un rápido descenso, mientras Elena, Oscar y yo, del bando de los prudentes, nos lo tomábamos con mas calma. Claro, cuando una cerca se cruzaba en el camino nos reagrupábamos, pero pasadas las bicis al otro lado y reemprendida la marcha, otra vez “vuelta la burra al trigo”. Claro con las dobles suspensiones, los frenos de disco, etc. Ya podrán estos abusones.

 

Pero claro, al final se llega abajo, y aquí todos calvos, sobre todo yo. El último tramo de esta preciosa ruta marcha por la Cañada Real Segoviana. Un tramo precioso, con el suelo tapizado de verde, una temperatura que debía estar entorno a los veinte grados y algunas nubes de evolución que nos resguardaban del sol.

Por último, cinco kilómetros de carretera (deberíamos buscar alguna alternativa que la evite para futuras ediciones de esta ruta) y llegada al punto de inicio, donde pudimos compartir lo mejor de la ruta, un cambio de impresiones con una jarra grande, fría y apetecible de cerveza.

Fenomenal la mañana del sábado, y aunque suene a tópico, una verdadera suerte contar con gente tan estupenda.

 Amigos, otra vez hemos demostrado que somos...

 “la caña de España” . Enrique.

 

 

Otra visión de la jugada

 En Collado Hermoso nos damos cita seis ciclistas, Elena, Enrique, Oscar, Juanjo, Fernando y yo mismo. Tras los saludos iniciales partimos, pues la ruta es larga, unas cuatro horas y no queremos volver demasiado tarde a casa.

Nada mas empezar comienzan las rampas, suaves al principio pero poco apoco se van endureciendo y requieren meter prácticamente “todos los hierros”.  Elena nos demuestra una vez más que es una escaladora de primera y a algunos nos deja “sentados”.

La mañana es perfecta, el suelo esta húmedo y pedaleamos entre sombras, la temperatura es ideal y tan solo una nube de moscas empaña el idílico paisaje. Están empeñadas en hacer la ruta con  nosotros, son pesadas como ellas solas. Se meten en los ojos y al tomar una bocanada de aire casi me trago una ¡Que asco Dios! Me gustaría estrangularlas con mis manos, pero amigos no me quedan fuerzas para hacerlo.

Después de la dura ascensión de siete kilómetros continúan dando la vara y algunas ya son viejas conocidas, pero no por ello menos molestas.

El paisaje es hermoso de verdad, se ven montones de pistas que suben y bajan entre collados y laderas de pinos, la zona promete tenemos que explorarla con detenimiento.

El campo un dia más en esta primavera esta con un color y sobre todo un olor sobresaliente y el rió Piron por su parte nos ameniza el pedaleo con el murmullo de sus aguas.

Tras una corta bajada acometemos otro repecho y por fin nos lanzamos “cuesta abajo”. La larga bajada de unos 10 kilómetros esta delicada, con mucha piedra suelta y regueros, lo que no nos impide coger nuestros buenos 53 Km. /h y es que este es el territorio de las dobles suspensiones, que te permiten afrontar la irregularidades del terreno como si tal cosa.

El rutometro no va “fino” ni acompasado con el gps y las distancias no coinciden, algunos caminos no están donde deberían y otros que no deberían estar si que aparecen como por arte de magia.

Con un poco de imaginación  y buena voluntad sacamos el tema adelante sin errores y llegamos a una zona de praderas llenas de profundas roderas encharcadas, ensuciamos un poco las bicis y por fin salimos a carretera.

En unos pocos kilómetros de carretera llegamos al punto de partida.

Hemos dejado los coches frente a un restaurante  y nos tomamos unas cervezas bien frías mientras comentamos que ha sido una de las mejores rutas que hemos hecho. Ha tenido de todo, un dia perfecto para la práctica de nuestro deporte, un campo espectacular, sufrimiento en la subida, hermosos paisajes, una magnifica bajada y todo ello en la mejor compañía, la verdad es que no se puede pedir mucho más.

Gregorio.

 

 

 

 

 

 

Perfil y mapa de la ruta

 

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