Los Llanos de El Escorial

 

 

La convocatoria de Antonio Tiratealbarro resultó un éxito de asistencia. Seguro que lo acertado del mensaje promocional de la convocatoria “apta para todos los públicos” aunado a las ganas que todos teníamos de volver al campo  y ver a los amigotes resultó en la formación de un grupo numeroso.

A las 10:00AM de la mañana un nutrido grupo de doce bikers nos juntamos para disfrutar de la ruta propuesta por Antonio. Después de las presentaciones y saludos de rigor iniciamos  nuestra ruta en dirección a Villalba, recorriendo anchos caminos que no presentaban ninguna complicación, lo que nos permitía ir charlando animadamente. Un poco mas tarde llegábamos a las proximidades de esta ciudad serrana, tomando entonces dirección El Escorial.

En las frecuentes paradas pudimos hacer fotos, contemplar una aglomeración de cigüeñas sobre el tejado de un viejo edificio de piedra, descubrir una laguna y sobre todo pasarlo bien.

Después de esto afrontamos una zona donde roderas embarradas nos obligaban a poner pie a tierra, mejor dicho, a barro continuamente. A esas alturas prácticamente todos teníamos nuestros pies y bicicletas manchadas de barro, excepto Gregory, que tenía mucho cuidado para que su preciosa KTM no se manchara.

Poco después llegábamos a El Escorial, donde empezaron las incidencias de la ruta. La primera fue el pinchazo de mi rueda delantera. Bueno, no exactamente un pinchazo, si no la sección de la cámara en la base de la válvula. La segunda incidencia, mas grave, fue la rotura de uno de los tornillos que sujetan el amortiguador trasero de la bici de Juanjo. El tornillo fue seccionado, muy posiblemente por fatiga del material. Toñones hizo un apaño con la cámara vieja que yo había roto anteriormente y Juanjo pudo seguir, aunque decidió desviarse a Villalba un poco más adelante para ver si alcanzaba a que se la arreglaran hoy para poder usar su bici el domingo.

Sin Juanjo proseguimos. Ahora es Toñones el que pincha la trasera. Al principio intenta continuar inflando la rueda, pero al poco tiene que rendirse y cambiar la cámara.

Así que con tantas paradas y charlas, la que iba a durar apenas dos ó dos horas y media iba ya camino de cuatro, así que el último tramo, la famosa subida desde la Presa de Valmayor hasta los coches en Colmenarejo lo hicimos un poco mas concentrados. Al final la prometida cervecita pero algunos la tuvimos que dejar para otra ocasión, porque si no no llegábamos a casa ni a merendar.

Pero bueno, no es cosa de agobiarse en sábado, así que tranquilamente nos despedimos amigablemente, esperando vernos pronto para pasar otro rato súper divertido.