Navaluenga Piedralaves

 



 

 

 

Tres coches nos damos cita en la que será la ultima ruta,  por tierras españolas, hasta que termine la época estival, con su consabido riesgo de incendios.

Hemos quedado en el puente románico de Navaluenga, que por cierto esta precioso. Sus enormes tajamares hacen pensar que antaño el rio Alberche debía ser bastante más caudaloso que en la actualidad.

Nos ponemos en marcha por una trialera que no conduce a ninguna parte, solo por el placer de hacer alguna foto desde la altura donde acaba el camino. Regresamos al punto de arranque y continuamos, primero llaneando por los típicos caminos abulenses es decir muy, muy estrechos, para en seguida encarar las primeras subidas muy entretenidas.

Por mi parte estoy disfrutando de mi nuevo GPS que va de perlas y de la también nueva instalación de la emisora que también va perfecta.

La temperatura es excelente no supera los 20 grados, lo que ya no es tan agradable es la polvareda tremenda que levantamos, lo que nos obliga a dejar bastante espacio entre coches.

Hacemos una "parada técnica" a la ribera de unas lagunas para tomarnos un aperitivo y la verdad es que nos ponemos a gusto.

Comenzamos con el plato fuerte del día, una trialera en subida en plan Rain Forest. Está claro que hace mucho tiempo que ningún coche ha subido por aquí, a la izquierda una zanja muy profunda y con muy malas pulgas, a la derecha el barranco y la maleza que a tramos no te deja  ni siquiera adivinar, no ya las roderas que no existen, ni siquiera donde está la zanja y donde está el barranco.

Muy, muy lentamente conseguimos coronar, pero a pesar del aire acondicionada, al menos yo voy sudando, Isma que en esos momentos me acompaña en el coche y me va indicando (nosotros abrimos camino) creo que también suda tinta y es que va del lado del barranco. La vista arriba es realmente espectacular, los típicos roquedales de esta región y una pista plagada de piedras que nos hace recordar las que hemos hecho en Semana Santa en el Atlas.

Comemos en un enorme pinar para nosotros solos y como siempre no paramos de contar anécdotas, de modo que la comida se alarga como siempre que se está a gusto en un sitio.

La circulación entre los pinares es muy estimulante aunque hay que dejar mucho espacio entre coche y coche por la polvareda. Aunque los puntos van perfectos a veces cometemos algún error, pues hay cientos de posibles caminos que se confunden con las curvas de nivel, pero él que se confunde pasa a la cola del pelotón y así nos vamos dando relevos y todo jugamos a lo mismo.

En fin que como dice Luis:

Un día duro, pero creo que un buen final de temporada cuatrera antes del verano.

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