Presa de La Maliciosa

 
 

  El sábado día 13 de marzo, nos propuso Enrique subir a la Presa de la Maliciosa –al parecer se llama Embalse de la Majada del Espino- y ya me advirtió vía teléfono lo duro de esa subida para que fuera prevenida de lo que me iba a encontrar. Acudimos a la cita, que se fijó en la rotonda de la “Sopa Boba” de Collado Villalba, Isabelo (conocido como Billy), Juanjo, el  proponente (Enrique) y,  por supuesto, yo; con unos ¡ánimos! impreeeeesiooooonantes y más contenta que unas castañuelas y todo esto sin saber lo que me esperaba realmente (que no se entere nadie y que no sirva de precedente, pero os diré que, lo que había propuesto nuestro amigo Enrique fue una aventura para pasar miedo) y si no mirar el plano de la subida: 

 

La Maliciosa es un gran macizo montañoso que se encuentra a la vista desde cualquier punto de la Sierra de Guadarrama. Tiene más de 2.200 metros de altura y es el lugar en donde nace el río Manzanares. La subida se puede considerar como una subida con un grado de dificultad extremo y no solo por las condiciones de piso, sino también sus desniveles que hacen casi imposible su conquista con una bicicleta.

 Yo creo que es una de las subidas más espeluznantes de la Comunidad de Madrid, y como podeís comprobar en el plano hay un punto que supera el 35% de inclinación entre 20 ó 30 metros y que a mí me parecieron muchos más metros de subida. Nosotros puede decirse que somos unos locos que nos hemos enfrentado con unas bicicletas de montaña a su subida y en ese punto del 35% de desnivel tuve que hacerlo caminando y cuando me decidí volver a montar en la bicicleta y después de recorrer varios metros, no sé lo que me pasó, pero la bicicleta conmigo incluida fuimos a parar a la cuneta terminando en una aparatosa caída sin ningún problema, a excepción de los típicos rasguños y cardenales posteriores. Pero tuve que poner pie a tierra en dos ocasiones más y seguir caminando hasta que el grado de inclinación fue disminuyendo paulatinamente y me posibilitó volver a la bicicleta. El resto de los componentes del grupo observé que, aunque con dificultad, lo subieron estupendamente bien ¡pero qué envidia que me dan estos chicos!.

Tras recorrer el kilómetro terrorífico con algo más del 16% de media, con rampas hormigonadas mantenidas del 35%, y una vez superado los dos kilómetros y seiscientos metros mal asfaltados y hormigonados, valga la redundancia, llegamos a una barrera y a un cruce con una pista de tierra que, en claro descenso, nos condujo sin pérdida al embalse en donde hicimos una parada para reponer fuerzas sacando de nuestras mochilas toda clase de galletas, y como no las archifamosas galletas de limón de Juanjo y, además, mientras que comíamos, admirar la belleza del paisaje o la “maliciosa belleza del paisaje” que la naturaleza nos brinda por las duras condiciones climáticas de este invierno que nos ha visitado y con sus caprichos de querer hacer de la valla metálica que rodeaba el embalse, un encaje de hielo que la embellecía y sino ver las fotos que nuestro amigo Juanjo y Enrique hicieron a la misma.

Después de hacernos unas fotos, iniciamos el descenso a toda velocidad disfrutando como niños, después de una subida tan dura y que ahora que la conozco no me importaría volver hacer e intentar aguantar más en la bicicleta sin tener que poner el pie en tierra.