Puerto de Navafria

 
 

Una ruta con varios acontecimientos especiales. En primer lugar la fecha, siete de julio de 2007, ó lo que es lo mismo 070707. En segundo lugar el número de bikers, nada menos que nueve, en tercer lugar, que mi familia se animó en pleno y pude disfrutar de la compañía de Elena, Marta y Jorge, además de las habituales de Gregorio, Fernando y Javier. Pero aún faltan dos bikers por citar, Luís Enrique, que también hacía tiempo que no se animaba, y Javier, recién unido al grupo. Por último, la cuarta circunstancia especial, sobresaliente, las cervecitas, los callos, las morcillas, el queso, las empanadas, las patatas y los cafés en el restaurante de Tito, íntimo de Fernando, en Lozoya. Sin duda, la mejor forma de acabar una ruta de este tipo, es decir, llegando a casa ya bien comidos, bebidos (pero no borrachos), refrescados y descansados.

 Todos puntuales nos encontrábamos en el punto de reunión, Villa Mercedes, en el municipio segoviano de Navafría, al pié de la ladera norte del macizo central. Los Escuderos (Gregorio y Javi), junto con Fernando, que iban en el mismo coche y Andeandarán al completo coincidíamos en la N-I y llegamos al tiempo.

 Saludos, presentaciones, preparación de bicicletas y comenzamos la marcha iniciando el ascenso al puerto de Navafría por la carretera que une el pueblo con el mismo nombre con Lozoya, situado en la vertiente sur de la misma montaña, ya en la provincia de Madrid.

 Al poco abandonamos la carretera y comenzamos a subir por una pista forestal protegida del sol por los abundantes pinos. La temperatura era agradablemente cálida, pero no molestaba, y las sombras de los árboles, junto con el frescor de los arroyos de alta montaña que todavía llevan agua, nos hacían disfrutar de la subida, aún cuando algunas rampas tenían lo suyo.

 Cada biker subió a su ritmo. Jorge, Elena, Javi y Luís Enrique encabezaban la ascensión, después Fernando, Gregorio, Javier y finalmente Marta, a la que las moscas no paraban de molestar y yo mismo, acompañándola, cerrábamos el grupo.

 Fieles a nuestra filosofía de grupo, cada tanto se producía un reagrupamiento que nos servía para cambiar impresiones, hacer algunas fotos o llamar la atención sobre tal o cual vista, porque según ascendíamos los paisajes se sucedían cada vez mas espectaculares.

 También tuvimos la oportunidad de encontrarnos, mientras subíamos, un grupo de vacas tranquilamente pastando a los lados de la pista. Marta y yo, que cerrábamos el grupo, pasamos como de puntillas. Marta un poco asustada, mientras las vacas empezaban a correr delante de nosotros. Es impresionante ver a una masa de 600 ó 700 kilos. ¡Menos mal que no son bravas!

 Al final llegamos al puerto, donde nuevamente nos reagrupamos, y comenzamos un breve llaneo de dos o tres kilómetros, respetando la cota, pero después comenzamos el descenso por una pista ancha pero bastante pedregosa. Mucho mérito el de Luís Enrique, que va con una rígida.

 El descenso es el terreno de Gregorio, Javi y Fernando. Estos son los amos y bajaron como una exhalación, pero Fernando reventó, así que Javier y yo nos paramos para ayudarle a cambiar la cámara. Lo hicimos rápidamente, dos veces además, porque el cachondo puso una cámara de repuesto que también estaba pinchada J No me preguntéis, pero debe ser algo así como una promesa que ha hecho el amigo Fernandito.

 Arreglado el pinchazo, reanudamos la marcha y nos reagrupamos por última vez un poco antes de llegar al área recreativa de Los Chorros, a pocos kilómetros de los coches, donde Luís Enrique se despidió de nosotros hasta la próxima, esperando que esta próxima sea la del sábado que viene, a la que le animamos que se una Sonia, porque es fácil y muy bonita.

 El resto del grupo nos fuimos a Lozoya con la idea de tomar una cervecita y una morcillita rápida y para casa, pero al final nos liamos y ya se sabe, al final fuimos a casa, pero como ya se ha dicho, comidos y satisfechos, y todo por culpa de Fernando, que es un liante, aunque de los honrados.

 Mientras disfrutábamos de las viandas y las bebidas pudimos comentar acerca de las bicis, las dificultades de la ruta y ¡Ojo!, animamos a Javier a que su hijo de once años se una a nuestro grupo. Será bienvenido.

 Así que pasamos otra mañana de sábado espectacular, compartiendo esta afición que nos gusta casi tanto como estar juntos.

 Un saludo Enrique

Perfil y mapa de la ruta