Puerto de Navafria II

 

 

La propuesta de Fernando resultó  todo un acierto, en mayúsculas, y una vez más los bttexploradores disfrutamos de doble sesión de pedaleo, tal y como describió en la crónica de la semana pasada nuestro buen amigo y no siempre bien ponderado, Carlos.

Llegar al punto de inicio ha resultado un poco tostón, todo hay que decirlo. El Andeandarán Team elegimos (elegí) ir por la carretera de Colmenar hasta Miraflores, subir el puerto de Canencia y después el de Navafría. Nos llevó hora y media llegar al punto de inicio.

Al fin llegamos, los últimos como viene siendo costumbre de un tiempo a esta parte, y nos encontramos con Rosa y Marcial, Juanjo, Gregory y Fernando. Por nuestra parte, Jorge, Elena y yo completábamos el grupo así que en total siete bikers más el apoyo logístico-espiritual de Marcial.

Enseguida comenzamos nuestra andadura ascendiendo sin problemas el puerto. Primero un corto tramo por la carretera que une Navafría, en la vertiente segoviana, con Lozoya, en la madrileña. Al poco dejamos la carretera y tomamos una pista asfaltada a la izquierda que desciende levemente hasta llegar a una barrera. Una vez superada esta, la pista comienza a ascender, primero suave, en lo que ya es la subida al puerto.

Entre pinos y con una temperatura muy agradable entorno a 20 ó 22 grados, continuamos nuestro ascenso. Jorge y yo nos adelantamos subiendo a un ritmo sostenido que puso algunos metros de distancia entre Elena y Juanjo, que charlaban sobre lo divino y lo humano. Detrás Gregorio, Fernando y Rosa, hacían lo propio y cada uno a lo suyo y a su tran-tran, iban ascendiendo sin problemas.

Llegados a una cerca, Jorge y yo decidimos esperar para un reagrupamiento. Cuando ya casi estábamos todos juntos, Jorge se da cuenta que ha perdido sus gafas, que antes se había quitado porque se le empañaban. Juanjo me acompaña a buscarlas. Yo voy primero y bajo buscándolas pero no las veo. Juanjo, detrás de mí, las encuentra y comienza a gritarme, pero yo, tan ensimismado en mirar por todas partes, no le oigo, así que desciendo algo más de un kilómetro hasta que decido dar la vuelta para buscar subiendo. Cuando lo hago, veo venir a Juanjo a toda leche. Pega un frenazo de aúpa y me dice que ya tiene las gafas y que estaban arriba del todo, así que toca subir de nuevo lo que hemos bajado “de gratis”.

Hablamos de subir despacio…, así que Juanjo pone el turbo y en un momento nos ponemos a 15km/h. Llegamos rápidamente (no podía ser de otro modo) a la cerca del reagrupamiento, y el resto ya no están. ¡Viva la solidaridad y el compañerismo! Así que cerramos la cerca y comenzamos otra vez a dar pedales como posesos. Primero nos encontramos a Rosa, y la pasamos estilo sándwich, Juanjo por la izquierda y yo por la derecha. Después alcanzamos a Gregorio, luego a Fernando, que por un rato nos acompaña, y finalmente a Elena y Jorge, que andaban los primeros.

En una nueva cerca hacemos un reagrupamiento y tras un brevísimo descanso continuamos la subida ya por rampas mucho más accesibles, siempre entre pinos, para llegar al Puerto de Navafría, donde giramos a la derecha cruzando la carretera para dirigirnos nuevamente al punto de inicio.

Algunas fotos y continuamos nuestro camino ascendiendo ya las últimas y cortas tachuelas hasta llegar al mirador desde unos caminantes estaban disfrutando de la paz y tranquilidad del bosque.

Toda la tranquilidad del lugar fue rota por las bromas y comentarios que nos hacíamos respecto de las KTM de baja y alta gama, de los GPS´s, de que si el mío era mejor que el tuyo o si el tuyo peor que aquel otro. Una de las damas del grupo de caminantes nos hizo unas fotos muy amablemente, y tras desearnos mutuamente lo mejor, continuamos nuestro camino, ahora descendiendo.

Gregorio ofreció periódico (no era del día así que me lo guardé entre el pecho y la camiseta) y Elena se puso un jersey de manga larga, pues el descenso prometía algo de fresquito.

Comenzamos, primero por la pista forestal sin asfaltar hasta llegar a una bifurcación donde tomamos derecha. Aquí la pista aparecía con un asfalto en inmejorables condiciones que nos llevó a descender bastante rápido, tanto que Juanjo estuvo a punto de hacer un recto memorable con “estampamiento” en árbol incluido prácticamente hasta la entrada del centro de ocio “Las Presillas”, y posteriormente hasta el punto de inicio.

Mencionar que el amigo Gregorio me dejó sentado en el último tramo del descenso. Yo iba bajando con plato grande y piñón pequeño, bastante rápido, o al menos eso creía yo, hasta que el mencionado me pasó como una exhalación. ¿Se habría pinchado algo este chico?

Así finalizó, a eso de la una de la tarde la primera parte de la pedalada, para comenzar la segunda. Rosa, que no es en absoluto coqueta, se convirtió nuevamente en Lady Treck, luciendo un sencillo pero elegante conjunto de pantalón negro y suéter  verde manzana  que  destacó entre el resto.

A la reunión gastronómica se unieron Mati, esposa de Juanjo, y Lola y Agustín, que deseaban también castigarse con nosotros. Entre que estos llegaban, algunas cervezas, camarones de río, pan para mojar y aceitunas fueron cayendo para ir acomodando el estómago a delicias posteriores. Al poco ya todos juntos nos acomodamos en la mesa del fantástico restaurante “El Balcón de Tito”, reservado gracias al buen hacer de Fernando, que en esto del buen comer no tiene par.

Morcillas, ensaladas y unas estupendas chuletillas completaron el menú, regado con alguna cerveza más, una botella de vino, que Fernando se pimpló casi en exclusiva, y los preceptivos cafés. Nos aseguramos así de recuperar hasta el último gramo de grasa que hubiéramos podido perder en nuestra excursión ciclista, lo que nos empuja a perseverar en esta actividad en un futuro cercano.

Y de esta manera, satisfechos y contentos, nos despedimos para continuar con nuestras actividades de fin de semana. Elena y yo, en compañía de Jorge, para preparar la cena con amigos en casa, que no es cosa de adelgazar más de la cuenta.

Un saludo. Quique.