Puebla de Valles 1-2-14



 

 

 

Esta ruta estaba prevista para primeros de año, diversas causas la han ido aplazando pero al final es hoy uno de febrero cuando la disfrutaremos y de qué manera.

Nos damos cita Luisen y familia y yo, que voy solo en Puebla de Valles. En Tamajón nos reuniremos más tarde con Santiago, Adolfo y Eduardo.

Nada más entrar en pista nos encontramos con lo que será la constante del día, pozas llenas de agua y barro que en algunos casos cubren más de media rueda y que son auténticos vadeos.

Disfrutamos esos kilómetros sin ninguna incidencia salvo los típicos "meneos" que produce el circular entre roderas muy deslizantes y una subida trialera con unos pedruscos de consideración que están chorreando agua, pero como la rampa no es exagerada los coches la negocian muy bien.

Reagrupamos con el resto de la comitiva y Hacemos la típica bajada en la que vas pensando ¡¡ Si por delante no se puede continuar por aquí no subimos !!. Pues bien las leyes del tal Murphy son inexorables. Ahí está delante nuestro, una trialera salvaje, no solo por el tamaño de los pedruscos mojados y resbaladizos si no también por la pendiente que en este caso si es de armas tomar.

Luis que va en cabeza en ese momento, lo intenta, una, dos, tres veces, pero el coche no agarra. Con esos pedruscos no puedes llevar inercia por que el coche da unos botes terribles y en una de esas puedes volcar, si lo negocias despacio (que es lo suyo) las ruedas patinan por las mojadas piedras.

Luis le cede el puesto a Adolfo para que lo intente y a la tercera lo consigue, eso si poniéndonos a todos el corazón en un puño, pues la rueda delantera derecha se ha levantado un metro del suelo, descolocando totalmente el coche hasta casi atravesarlo en la violenta subida.

Santiago intenta subir en un par de ocasiones, pero al final decidimos no "disfrutar mas de tanto riesgo" de modo que amarramos el winche a una roca (de este tipo de material no anda escasa la trialera) y a base de winche, motor, quemar rueda y no sin dificultad sube. Los dos coches que han subido son largos y arriba no pueden dar la vuelta para tirar de Luis, por lo que utilizando la misma piedra logro subir wincheando y dando gas a tope. Arriba consigo dar la vuelta haciendo mil maniobras y me encaro para tirar de Luis  que también sube. Ahora tengo que dar la vuelta de nuevo, pero para hacer la maniobra debo colocarme haciendo marcha atrás, resultado, una rama seca me deja un raspón en la aleta, otra herida mas de guerra para el sufrido Toy.

La bajada por el otro lado no tiene nada que envidiar a la subida, las roderas embarradas hacen que el coche tenga unas inclinaciones laterales importantes y pasamos acariciando los árboles, que hay a un lado y otro de la estrecha pista. Cuando al final se acaba la dichosa cuesta todos respiramos aliviados, son las dos y media de la tarde y hemos recorrido 40 kilómetros prácticamente en reductoras todo el tiempo y lo que es peor, no nos hemos tomado ni un miserable aperitivo.

Paramos en una explanada a comer y nos ponemos la pilas porque hemos tenido bastantes momentos de tensión. Cuando lo tenemos todo recogido empieza a caer una nevadita que cae casi horizontal impulsada por el fuerte y gélido viento que se ha levantado.

Nos encontramos con una pareja en un Rav 4 que están desesperados, se han metido en un buen berenjenal y con ese coche, el día que hace y esas pistas que son lodazales, ya no saben para donde tirar. Nos piden ayuda y nos ofrecemos a acompañarles hasta una zona que Luis conoce. La pista es de gravilla y les llevara a la civilización, pero antes hay hacer unos 6 kilómetros de "patatares".

No sé si es la confianza que le da saber que si queda atascado le sacaremos o es que Rav 4 es un excelente todo camino o es que el tío es un manitas o es una mezcla de las tres cosas, el caso es que a pesar de que en un par de ocasiones esta a punto de "caramelo" logra no quedarse  ni una vez y os aseguro que la pista estaba intratable.

Puestos a salvo continuamos camino. Se ha quedado una tarde "deliciosa" aun faltan dos horas para anochecer y ya está todo negro como la boca de un lobo. La nieve cae que te cae y dos grados bajo cero hacen que apetezca cualquier cosa menos dar un paseo por el campo. ¿pueden pasar más cosas? pues sí. Adolfo no ha empezado la ruta con el depósito de gasoil lleno y tanto tirar de reductores hacen que ya este en reserva, lo malo es que estamos realmente lejos de cualquier gasolinera. Afortunadamente cuando al coche solo le debe de quedar el gasoil que cabe en los tubos que van a la bomba de inyección aparece la ansiada gasolinera, como además tiene un buen bareto al lado aprovechamos para tomarnos un caldito reconfortante.  

Por hoy hemos acabado.

Llevamos desde las 10 de la mañana hasta casi las 6,30 de la tarde para hacer 73 kilómetros de pista,  creo que ya está todo dicho.

La próxima más.

 

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