Ruta por El Pardo 18-6-06

 
  Como Paco se lesionó en el tobillo y no podía hacer la ruta de los pastizales de Colmenar que había organizado, a última hora del sábado Gregorio y yo decidimos hacer un Pardo, que es apuesta segura, así que el domingo 18, a las 10:00, en el puesto de periódicos de Ca El Gregor nos presentamos toda la familia, es decir, Marta, Jorge, Elena y un servidor,  acompañados de
Rocío, una compañera de clase, y no obstante amiga, de Marta.

Claro, el montero venía con tres bicis dentro, desmontadas ambas ruedas en cada bici, y dos en el portabicis de rueda, que por cierto, cada día me mosquea más y quiero cambiarlo por un Thule
de esos de cuatro bicis, pero es que cuestan una pasta

Una vez preparados todos los cachivaches, Gregorio nos lleva al Pardo por un nuevo sitio, desconocido de todos, que bordea el campo de golf que está muy bonito, y que seguro que se riega
con agua reciclada o algo así, pero bueno, ya sabéis que no importa mucho, porque total, cada
vez llueve más y el agua nos sobra....

En el trayecto, antes de El Pardo, vemos que la bici de Rocío, que no es una maravilla pero que puede valer, está en un estado de conservación y mantenimiento que, vamos, da pena.
La cadena está marrón, el cambio desajustado, en fin, una verdadera maravilla, y claro, al primer cambio de marcha, zas, la cadena que se sale y vuelta a salir..., hasta el punto de que Gregor
comenta la posibilidad de volver a casa y coger su Kona para Rocío.
Al final Gregor se encarga de ajustar la bici de manera que Rocío pueda ir, sin lujos, claro, pero bueno, tiramos.

La primera bajadita es entretenida, y ahí vemos que a Rocío le falta práctica y confianza, pero que sin embargo, fuerzas tiene de sobra, así que seguimos sin novedad, hasta que en un punto
Gregorio me comenta que en la bifurcación siguiente, mirando por Rocío, mejor nos vamos por la derecha.

Bueno, mientras el tira con toda la trouppe detrás, a mi se me sale la cadena, y claro, como me había dicho clarito clarito que iríamos por la derecha..., pues yo, inteligente, tiré por la izquierda.

Que bonita pérdida. Si señor. Ahora bien, hice una bajada por el mirador como nunca. Que divertido, lástima que claro, bajé, bajé y bajé, tanto que llegué a un sitio que no tenía ni idea de ande estaba.

Después de un rato dando vueltas por la zona a ver si les veía, y de gritar Jooooooorge, Joooooooooorrrrrrrgeeeeeeeeeee, al final oigo  en la lejanía
Papaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, Papaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa.

Si. Eran ellos. Me sentí como Robinsón Crusoe, cuando un barco avistó su fuego de señales. Claro que era mi hija Marta, que en eso de hacer el tonto también ha salido a mí, y nos empezamos a comunicar a gritos en el Pardo diciendo:

Yujuuuuuuuuuu. Holaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa. Yuju Yujuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu

Hola Hooooolaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

Y así un rato.

Bueno, al final nos encontramos y después de recibir los comentarios cariñosos de todos, incluido Gregor, reemprendimos la marcha hacia el pueblo
Como de costumbre, llegamos a la fuente del río, donde una señora apareció con un perro tamaño familiar, y después nos entretuvimos intentando saltar en el badén,  pero sin mucho
 éxito, a decir verdad.

Proseguimos el camino e íbamos sin novedad hacia la casa de Gregor encabezando el grupo yo primero (perdón), seguido de Jorge, Gregor, Marta, Rocío y Elena, cuando un cardo de esos delgaditos pero altos que a veces aparecen al lado de la senda, se mete en el manillar de
Gregor y mirad, se metió un leñazo, de esos tontos, pero tonto, tonto. Vamos, que yo creo que Gregor está todavía pensando como pudo darse tal guantazo de esa manera tan tonta.

En fin, entre comentarios, y regresando por encima del túnel de El Pardo de la M-40 (espectacular), llegamos a casa de Gregor donde,
como refiere una crónica de Jorge de hace ya algún tiempo, Gregorio dijo "cada mochuelo a su olivo", y así, nos enmochuelamos y nos fuimos a nuestro olivo, donde he de deciros que esta familia, en compañía de Rocío y otro amigo de Jorge que se unió al grupo, nos pusimos hasta las trancas en una barbacoa con Chorizo, salchichas, pinchos morunos y unos buenos entrecots..., y para finalizar, melón fresquito, recogida de cocina, siesta y tocadura de bolas el resto de la tarde.

Así que, la verdad es que para vivir así, pues no merece la pena morirse, ¿verdad? :-))

Espero que os haya gustado. Enrique