Sierra Espuña II  22-7-09

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Javi y yo tenemos unos  días de vacaciones y tenemos la intención se hacer un par de rutas por Sierra Espuña en Murcia. Será el reencuentro de Javi con la sierra murciana después de más de 12 años. En nuestras manos han caído  unos tracks que en principio no pintan nada mal, aunque han sido realizados en invierno.

Madrugamos, pues en julio el calor apretará en las horas centrales del día, de modo que a las nueve y media de la mañana ya estamos dando pedales.

Se trata de hacer unos 34 kilómetros con un desnivel aproximado de 700 metros en los 18 kilómetros de subida.

Iniciamos la suave subida a la sombra de frondosos pinares, rápidamente me doy cuenta de que no estoy en mi mejor día, el catarro que vengo arrastrando desde hace una semana me hace ir alto de pulsaciones aun así decido tirar “palante”. Teóricamente son unos dieciocho kilómetros de subida mas o menos suave y dosificando seguro que puedo con ellos.

Sobre el kilometro nueve una mini bajada para relajar las piernas y de nuevo la subida, ahora un poco más fuerte. A estas alturas sigo flojo, pero ya no podemos retroceder, decidimos continuar. Poco a poco ganamos  altura y un vientecillo fresco nos da la vida, pues el calor ya aprieta lo suyo. Las vistas son sencillamente espectaculares, incluida una manada de jabalíes, de unos diez ejemplares, a cual mas hermoso.

A medida que ganamos altitud el terreno esta más suelto, como de gravilla y el pedaleo cada vez es más difícil. Hacia el kilómetro 17 la subida es simplemente inhumana por inclinación y por como está el piso lleno de raíces y pedruscos que nos obligan al pie tierra. Hasta caminar empujando la bici cuesta trabajo. Tras casi 2 kilómetros de penosa subida, más tiempo andando que sobre la bici, con frecuentes paradas, buscando cualquier sombra, parece que llegamos a la cima de la ruta, los 1.500m. Nos las prometemos muy felices pues teóricamente lo que queda es todo bajada. Comenzamos el descenso y Javi me avisa de que el track no va por ahí…nooooooo¡¡¡ Nos hemos dejado un camino poco visible que continuaba subiendo…increíble. El error nos da un duro mazazo moral. Tomamos unas barritas energéticas y deshacemos el camino y para nuestra desesperación la subida parece eterna  piedras y más piedras nos recuerdan aquella mítica frase “los que vengan del trial disfrutarán de lo lindo” que nos acompañó en nuestra primera incursión por Sierra Espuña con esas bicis rígidas, hace doce años.

Tras un corto descenso de un par de kilómetros, por una pista que  no te deja trazar una curva como es debido, sin riesgo de romperte la crisma, de nuevo otra subida. Vemos a nuestro frente las antenas del ejército en la cima del Morrón de Totana. No es que estemos escasos de fuerzas es que no nos quedan. Javi aún aguanta, pero yo estoy “literalmente muerto” nos tiramos una vez mas al lado del camino en una  pequeña sombra y  reposamos unos minutos.

Llegamos a los pozos de nieve, éstas increíbles e ingeniosas construcciones que en invierno se llenaban con la nieve de la montaña y en primavera, con el deshielo, su agua se utilizaba, en una región tan escasa de este preciado liquido.

Por fin la bajada, arranca con un tramo de asfalto para abandonarlo a los pocos metros. Pero sorpresa¡¡, esto no es real…Es verdad que estamos muertos los dos, pero en nuestro estado (rozando la deshidratación y poco centrados) esa bajada no se puede hacer montados en la bici, se trata de un single track lleno de piedras en los que solo cabe la bici, a tu izquierda la montaña a tu derecha un terraplen, un error y el bofetón es de de los buenos. Catorce, quince, dieciséis revueltas, esto no se acaba nunca. No tenemos ni una gota de agua. A estas alturas, son las dos de la tarde y hemos recorrido unos 25 kilómetros desde las nueve y media de la mañana, el calor es sofocante, el cuadro de la bici quema y los frenos sencillamente no frenan.

Otra zona de “Zetas” parece ser la última prueba antes de salir de nuevo a carretera. Nuevamente decidimos tumbarnos a la sombra, pero esta vez al estar en la cara sur de la montaña, el viento sopla caliente. Abreviamos la parada y de nuevo en marcha, por fin desembocamos en la carretera. Por la derecha subida, por la izquierda bajada, como no podía ser de otra forma en esta locura de ruta, el track manda por la derecha, es decir, de nuevo otra subida, tiene guasa el asunto.

Aún quedan 6 kilómetros y no sabemos lo que nos espera. Me tiro debajo de un árbol y le digo a Javi que si puede se vaya a por el coche, que yo no puedo mas, incluso la vista se me nubla no sólo es mi cuerpo sino también mi cabeza la que no responde.

La espera se me hace interminable, creo que hasta me quedo dormido, tirado en mitad del campo encima de unas piedras, junto a la carretera, un conductor se para y me pregunta si necesito ayuda, pero Javi ya llega y me cuenta: He comenzado el ascenso por el asfalto, encarando estos 6 últimos km sin nada de agua y sin saber que me esperaba por delante. Nuevamente un fallo de navegación me hace perder unos preciosos minutos de fuerza. Por fin encuentro un nuevo tramo de “Zetas”. Más asequible, aún así el calor hace mella en los discos y cuando hacen falta les noto fatigados. El descenso es trepidante, el camino estrecho se va convirtiendo en una pista algo más ancha y mucho más rápida. Voy como por un cañón siguiendo el curso de un río, en las curvas apenas veo la trazada y a punto estoy de catar el duro suelo serrano en un par de ocasiones. Sólo son 6 km hasta el coche pero parece que no pasan, ni siquiera con puntas de 64 km/h. Ya llego, necesito beber algo e ir a recoger a Gregory.

Afortunadamente nos hemos traído unas cocacolas en la nevera del coche y cuando llega Javi  me bebo una de un sorbo, lo mejor que me he tomado en mi vida.

Son las cuatro de la tarde, hemos estado pedaleando o caminando 3 horas y 48 minutos reales, hemos recorrido 36,500 km a una media de 9,6 km/hora. El termómetro del coche marca en ese momento 44º. Estos datos me parecen pura y simplemente demoledores.

Nuevamente Sierra Espuña, esta bella y dura sierra, se ha cobrado de nuevo su tributo en forma de sufrimiento, casi diría que desmedido, es fácil que tardemos otros doce años en volver.

Gregorio y Javi.

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Perfil y mapa de la ruta

Descárgate el track de la ruta

Las fotos de hace 12 años

De blanco nuestro amigo Angel.

Camisa azul y sin casco (con gorra)...Rafa piernas de madera.

De amarillo y negro Javi.

De rosa y con un "orinal blanco" en la cabeza un servidor.

El pozo es el mismo solo que ahora esta restaurado.