Valdepeñas de la sierra II

 

 

Esta era una de las rutas que por los excelentes parajes por los que transitaba, el buen tiempo previsto y “el gran interés previo de todos los miembros del grupo”, había suscitado gran preocupación a la organización. Tanto era así que temíamos vernos obligados a tener que hacer varios grupos para no tener que poner límite al número de participantes.

 Con esas premisas a las 10 de la mañana Gregorio, Enrique y un servidor (Fernando), nos disponíamos a recibir en el punto de inicio de la ruta “bar Plaza” una avalancha de participantes. Nuestra sorpresa iba en aumento a medida que el tiempo transcurría y por allí no aparecía nadie, con la excepción de un pobre hombre que se puso a pegar la hebra en tanto llegaban sus compañeros de  partida de frontón.

 En vista del éxito comenzamos a dar pedales, para no demorar en exceso la finalización de la ruta. Al principio mientras charlábamos de nuestras cosas un servidor se metía de lleno en todos los baches para disfrutar de la doble suspensión de mi nueva bici, bajo la atenta mirada de Enrique (que no tiene una doble). Entre risas y algún que otro comentario lascivo de su parte, el ascenso comenzaba a ser continuado pero aún llevadero. Disfrutábamos del bonito paisaje mientras charlábamos. Más adelante debido a la importancia de la pendiente en algunos puntos, tanto Gregorio como yo elegimos respirar a charlar. A las tres cuartas partes de la subida más ó menos, Enrique decidió apretar el acelerador y ya no le volví a ver hasta llegar al punto culminante del recorrido. Como Gregorio no llegaba Enrique bajó en su busca y al rato aparecieron los dos con la noticia de que Gregorio había pinchado.

 Al momento comenzamos una divertida y vertiginosa bajada por una pista bastante pedregosa con una buena pendiente. Estábamos disfrutando de lo lindo, hasta que una piedra con mala sombra hizo que Gregorio reventase la cámara de la rueda trasera.  Tras arreglarlo volvimos a bajar a lo que daba de sí nuestro cuerpo. Al rato Enrique también reventó. Volvimos a arreglarlo y de nuevo a disfrutar bajando.

 Luego vino el tío Paco con la rebaja y se acabó la diversión en las dos cuestas del final de la ruta. La aparición de un impresionante lagarto con un precioso color verde, fue una buena excusa para parar y recobrar el aliento para poder llegar a Valdepeñas de la Sierra. Después, unas birritas en el bar de la plaza y regreso a casa, cansados pero contentos de haber disfrutado de una exigente ruta en una bonita mañana y lo mejor de todo ello: En buena compañía.

  Un abrazo para todos (incluidos los que no vinieron)

  Fernando

 

 

 

Perfil y mapa de la ruta