Vuelta exterior al Pardo II

 

 

Casi un año después de que Elena y yo hiciéramos la vuelta a El Pardo volvimos a convocarla, y esta vez conseguimos que unos cuantos amigos se animaran para disfrutar de nosotros de esta ruta-aventura, que así calificamos por tratarse de un recorrido de casi 100 km.

El punto de reunión acordado era El Urogallo, en la Casa de Campo, a las nueve de la mañana, lugar donde nos dimos cita Rosa, Elena, Antonio TAB, Pedro, Juanjo, Jorge y este cronista. En total siete bikers.

Justo en el comienzo, en el mismo aparcamiento, pincho la rueda delantera, lo que nos supuso retrasar la salida hasta las 09:30 aproximadamente, momento en el cual pudimos comenzar nuestra aventura.

La primera parte del recorrido discurre por el Anillo Verde de Madrid y prosigue por el carril bici de la Autovía de Colmenar, hasta Tres Cantos. Elena, Juanjo, Pedro y Jorge comenzaron marcando un ritmo muy alegre, con lo que Antonio, Rosa y yo mismo nos quedábamos un poco retrasados, pues íbamos dosificando fuerzas y charlando.

Reagrupados, decidimos pausar un poco el ritmo, previendo el esfuerzo que deberíamos hacer posteriormente.

El primer hito de la ruta es el inicio de la pista que bordea la valla de El Pardo y que se inicia a la altura de Tres Cantos en la Autovía de Colmenar. En ese punto, a las 11:15 aproximadamente, una breve parada para unas fotos antes de adentrarnos en el campo.

El siguiente tramo de nuestra ruta discurría por la pista comentada, que va bajando y subiendo sucesivamente, hasta llegar a la cola del pantano de El Pardo. Una breve parada en el mirador de Valdelaganar, punto desde el cual se puede observar una bellísima panorámica de la vertiente madrileña del Macizo Central, para unas fotos de recuerdo y proseguimos el viaje, justo en el momento en el que el cielo empieza a encapotarse y hacemos algunos comentarios sobre si nos lloverá o si nos escaparemos, pues las previsiones meteorológicas anunciaban posibilidad de algunas lluvias en el área de la sierra, aunque principalmente por la tarde.

Llegados a la cola del pantano, pudimos leer un cartel explicativo de "La Berrea", la famosa llamada de apareamiento que se produce entre Septiembre y Octubre entre los ciervos, que tiene lugar también dentro de los límites del Monte de El Pardo y que pudimos escuchar. Siguiendo nuestro camino, pronto nos encontramos con el famoso Puente de La Marmota, al que se llega después de una complicada trialera que, excepto Juanjo y Jorge, todos decidimos bajar desmontados. Allí nos encontramos con un grupo de caminantes, pertrechados con mochilas y bastones que muy amablemente nos hicieron unas cuantas fotos. Además aprovechamos el momento para avituallarnos a base de bebida isotónica, plátanos, barritas energéticas y galletas, para afrontar la siguiente etapa del recorrido que nos debería llevar hasta Torrelodones.

Este tramo, desde el Puente de La Marmota hasta Torrelodones es sin duda la parte central y más exigente del recorrido. La primera parte discurre por un sendero que asciende abruptamente desde el mismo puente hasta una pista ancha que da servicio a algunas fincas. Este tramo es técnico y exigente desde un punto de vista físico, así que unos más y otros menos, todos tuvimos que en algún momento desmontar y tirar de bici. No obstante es un tramo corto. Al finalizar este se continúa ascendiendo por una pista que lleva hasta la carretera (Vía Parque) que une Colmenar con Hoyo de Manzanares. Este tramo hay que hacerlo al tran-tran, pues son casi ocho kilómetros de subida prácticamente ininterrumpida. Aquí tuvimos la ocasión de admirar el paso justo por delante de Elena, Pedro y Jorge de una Jabalí con sus jabatos, los cuales cruzaron raudos de derecha a izquierda adentrándose en el sotobosque. En el lugar del paso había formada una senda, lo que nos hizo pensar que este era un paso habitual de estos animales.

Llegados a la carretera, continuamos en grupo por ella hasta los cuarteles de Hoyo de Manzanares, lugar en el que la abandonamos y sufrimos el segundo pinchazo del día, esta vez en la rueda trasera de Jorge. Mientras cambiábamos la cámara pudimos observar la cantidad de abrojos que había clavados en la rueda delantera de Jorge. Decidimos no quitarlos, para ver si aguantaban, sin embargo una vez reanudado el camino pudimos comprobar como Jorge volvía a pinchar, esta vez en su rueda delantera.

Vuelta a cambiar cámara, solidariamente prestada por Antonio y continuamos el camino, primero por una pista rompe piernas de sube y baja y finalmente por una senda con algunos pasos exigentes que nos llevó prácticamente hasta la entrada de Torrelodones.

A eso de las tres de la tarde estábamos comiendo nuestros sándwiches de tadela, salpichón y porizo, además de unos bocatas de lomo preparados "in extremis" por Rosa, y para postre, Plum Cake de frutas, que nos supo a gloria, al igual que el pasajero descanso.

Con los estómagos llenos y desde la altura de Torrelodones todo se ve mejor, así que comenzamos la última fase de la ruta, en la que tendríamos que pasar por Las Matas, Las Rozas, Majadahonda y Pozuelo, antes de llegar a la CDC.

Desde Torrelodones bajamos a Las Matas por la antigua carretera de El Pardo. El problema es que la carretera baja tanto, tantísimo que llega un momento en el que hay que subir a Las Matas por unas cuestas que te permiten hacer la digestión en media hora. Llegados a Las Matas ya nadie se creía que no había más cuestas, pues yo ya llevaba un tiempo diciendo al personal "Ya está. Ya se acabó el esfuerzo", y al poco aparecía ante nosotros una nueva cuesta. Pero esta vez la cosa era real. Desde Las Matas la ruta es ya un paseo militar. Primero por un camino que discurre paralelo a la A6, después atravesando esta por una pasarela peatonal situado al lado del nuevo puente de Las Rozas, atravesando luego esta población, y Majadahonda y llegando finalmente a La Cabaña, en Pozuelo.

A la altura de La Finca, cinco o seis kilómetros antes de la finalización de la ruta, Juanjo, Pedro y yo mismo nos pusimos a dar pedales como locos, en este último tramo que es primero un falso llano que baja y después, una vez dentro de la CDC, una franca bajada.

A casi 50 km/h los tres nos divertimos jugando a coger el rebufo, o a apartarse para que no lo cogieran. Muy divertido, aunque algo cansado el jueguecito, aún más al tratarse de los últimos kilómetros de esta ruta casi centenaria.

Al final llegamos todos, puesto que Elena, Rosa y Antonio también bajaban dándole lo suyo, y tocó lo inevitable, es decir, unas rodas de cervecitas fresquitas como recompensa a nuestro esfuerzo mientras comentábamos la jugada del día.

Esperamos poder repetir esta ruta en una tercera edición, pues otra vez la hemos disfrutado un montón, y esta vez en magnífica compañía.

Ojalá que en la próxima seamos más.

Un saludo Quique

Perfil de la ruta

 

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