Guadalajara 16 -1-11



  
 

Ha estado lloviendo casi toda la semana lo que nos hace ponernos en marcha para hacer una visita a esas tierras rojizas de la Alcarria.

Haremos la ruta cuatro coches divididos en dos grupos para no infringir la ley de C.L.M.

 El grupo Brunico asiste casi al completo,  Luisen va con Isma y su hermano Beto y nosotros con el Toy de Alberto  pues quiere probar los nuevos elementos de navegación que ha incorporado a su coche y a mí me tocara ejercer de navegante.

Llegamos a Alcantud (de donde arranca la ruta) después de hacernos los casi 160 kilómetros que nos separan  de esta población.

El día es esplendido una bruma espesa cubre los valles dando la sensación de encontrarnos a mayor altitud cuando en realidad estamos a menos de ochocientos metros sobre el nivel del mar. Los caminos están embarrados por completo y los elementos de navegación funcionan a la perfección, nos las prometemos muy felices pero nos dura poco. El coche de Alberto “huele”  el campo y se para,  arranca a la primera y continuamos, no han pasado ni cinco minutos y de nuevo el coche se para, damos al contacto y de nuevo arranca a la primera. Estamos con la mosca en la oreja y no es para menos, de nuevo se ha parado abrimos el capo y miramos y remiramos dentro de nuestros escasos conocimientos de mecánica. No se aprecian cables sueltos ni perdidas de gasoil, ni olores raros, le ponemos una lata de limpia inyectores y purgamos el circuito de gasoil pero es inútil solo llevando el coche un poco alto de vueltas (2.500) aguanta unos minutos rodando pero al final se cala de nuevo así una y mil veces… es desesperante.

Llevamos tres horas de campo y hemos recorrido unos veinte kilómetros, hablamos con nuestros compañeros y decidimos comer temprano y nosotros nos volvemos para Madrid pues no somos capaces de saber que está pasando con el coche y nos da respeto que nos deje tirados en cualquier lugar.

Comemos tranquilamente disfrutando de una magnifica mañana soleada y después de una buena sobremesa nos vamos juntos hasta la primera carretera que encontramos y nos despedimos de nuestros amigos que continúan la ruta. Da mucha envidia pero les estamos estropeando la jornada. Con tanta parada.

Para nuestra sorpresa una vez en carretera (unos 140 kilómetros hasta Madrid) el coche no se nos cala ni una sola vez y va como la seda. A estas horas está en la Toyota a ver que le cuentan a Alberto de este ataque de ””ALERGIA CAMPERA”” de su coche.

 

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