Objetivo Iriki 2003


 

 Día 11 de abril de 2003

                                                                                                  Logo del viaje            

                                      

  

 

 

 

 Los equipos:                                                                                                 

    Desde Madrid:

-         ESCUDEROS: Javi y Gregorio.

-        MOSQUEPERROS: Dami, Monty y Alberto.                                    

-         MEXCAR: Carlos, Angélica y Brian.

-         INESITA 4X4: Antonio y Mª Mar.

    Desde Cádiz:

-         GADITAS: Juan, Salud, Salud (hija) y Ana.

-         TANDEM: Nani, Lola, Tato y Pablo.

 

    Por fin llega el día de partir, son muchos meses de preparativos, reuniones, etc. En un viaje de estas características no se debe dejar nada al azar, equipo, itinerario, víveres, reservas hoteles y ferry, botiquín, etc.  A pesar de ello, a última hora surgen algunos contratiempos, nos falla la persona que nos iba a proporcionar los dirhams, detectamos errores al pasar algunos waypoints del ordenador al GPS, problemillas que solucionamos con rapidez.

    Lo que sí nos preocupó fue que el Frontera de Monty, 48 horas antes de salir empieza a gotear aceite, todas las gestiones no fueron suficientes, pues la fuga por un retén del cigüeñal haría que se quedara en dique seco.

    Lo que nos había ocupado varias mañanas de preparativos y bricolaje  se tuvo que hacer en el Vitara HDI de Dami en pocas horas. Se da la circunstancia que en el equipo de los Mosqueperros (inicialmente con el Frontera y finalmente con Vitara) iban 3 componentes, por lo que hubo que repartir equipaje entre otros 2 equipos que salían de Madrid (Escuderos e Inesita 4x4) debido a la reducción de espacio en el coche.

    Solventados dichos contratiempos, partimos Los Patos en busca de la familia Mexcar, pues nos veríamos en Valdemoro, para desde allí dirigir nuestro rumbo a Algeciras, en donde recogeríamos a los dos últimos equipos que vienen desde Cádiz: Gaditas y Tandem.

    A partir de este momento no nos podemos quejar, pues todo el viaje salió a pedir de boca, salvo algunas incidencias que ya relataremos más adelante.

    17.30 h. Llegamos a Algeciras. Ya están esperando nuestros amigos de Cádiz, salimos directos a la zona de embarque ¡qué suerte!, Nos da tiempo a coger el de las 18.00 h. El mar estaba como un plato, lo que nos permitió ir en cubierta desde donde podíamos ver como el Peñón de Gibraltar se alejaba por nuestra popa y a proa divisábamos la isla de Perejil y las primeras edificaciones de Ceuta. Algunas compras en el Dutty Free y en 1 h. estamos en África, antes de dirigirnos a la frontera repostamos combustible.

    En la frontera el caos habitual, pero por no ser el día de mayor afluencia pasamos sin mucho agobio ¡¡¡¡menos Dami!!!, Al ser su coche tan nuevo (3 meses), sospecharon que podía ser robado y hubo que buscar el número de bastidor grabado en el chasis, cosa que nos costó mucho a aduaneros y a Patos.

    Una vez que la puerta de Marruecos quedó abierta a nuestros pies, la aventura estaba servida, nos quedaban varios días que viviríamos muy intensamente, saboreando los miles de contrastes que este país nos ofrece.

    A 17 km. de la frontera dormimos en Restinga, en el hotel KARIA KABILA, donde nos reciben con té a la menta y pastas y empieza a hacerse realidad nuestro sueño marroquí. Durante la cena Carlos Mexcar nos obsequió con unas gorras al más puro estilo sahariano, mientras degustábamos lo que sería una constante en nuestro viaje: Harira y Tajinn, que con el CusCus forman la trilogía alimentaría de este país. Asimismo, Dami repartió las camisetas oficiales del viaje, puesto que él fue el que se ocupó de encargarlas, cada una con el nombre del equipo y el nombre de la persona que la llevaría puesta.

 

Dia. 12 de abril de 2003

RESTINGA-IFRANE

 

    Como dice el refrán, A quien madruga Dios le ayuda, por lo que decidimos aprovechar el día y partir a las 7 de la mañana, que sería la tónica general de todo el viaje 

    En un principio, la etapa de hoy era de enlace, pero no quisimos pasar de largo por algunas poblaciones con diversos atractivos, además la distancia no era desorbitada, y todo el trayecto era por asfalto.

    Enseguida empezamos a disfrutar del paisaje montañoso del norte del país  muy, muy verde, algo que rompe los esquemas de más de uno al relacionar el norte de África con desierto únicamente.

    Nuestra primera parada la hicimos en Chefchaouen, un pueblecito de montaña con mucho encanto.

    Esta población bien podría estar ubicada en la sierra de Cádiz por su similitud, de hecho está hermanada con Vejer de la Frontera, aunque una de sus diferencias es que las paredes las siguen tiñendo de añil, mientras que en Andalucía sólo se encalan.

    Pudimos ver alguna vivienda por dentro con sus patios azules, dando la impresión de estar en un igloo entre hielo, también visitamos su plaza con su minarete desde donde los muecines convocaba a los fieles a la oración. Después de algunas compras continuamos ruta para hacer una parada para comer en un sitio que encuentra Mexcar en la ribera de un río. Después del festín, recogemos, y cuando nos subimos a los coches vemos como Carlos empanza su Toyota en una trampa de barro. Se ve que teníamos ganas de darle al 4x4 y probar el winch de los Escuderos, que funcionó a la perfección durante todo el viaje, y nos ahorró mucho trabajo de palas y eslingas.

    Reanudamos la marcha dirección Fez, pues queríamos visitar su Medina, una de las más atractivas de Marruecos, una vez allí, y después de dar alguna vuelta por la ciudad aparcamos los coches y contratamos los servicios de un guía no oficial, con bastante cara, por cierto.

    Nos llevó por lugares que, aunque interesantes, no eran los más visitados, tuvimos que insistirle varias veces para que nos condujera a sitios más auténticos, guerreando con él para que no nos engañara más que lo justo. En definitiva, es divertido y le da un toque de color al viaje. Así pudimos visitar sus calles laberínticas, sus cientos de minúsculas tiendas, los baños públicos donde aún calientan el agua con leña y por supuesto las zonas de los curtidores de pieles, no sin antes proveernos de ramilletes de menta para poder soportar el hediondo olor que despiden, tremendo el espectáculo de aquellos hombres metidos hasta la cintura, removiendo las pieles en una solución de guano y cal, para luego tintarlas a mano, con azafrán para conseguir el color amarillo de las babuchas.

    A continuación, después del paseo de Fez nos encaminamos al destino final del día, Ifrane, que con buen criterio la llaman la Suiza de Marruecos. Alta montaña, pistas de esquí, paisaje verde, casas con los tejados a dos aguas y de pizarra, nada que ver con el resto de lo que veríamos a continuación.

    Como sorpresa del día tuvimos la suerte de coincidir con algunos amigos con los que compartimos rutas por España, Agustín y Marisa; Fran y Rosa, estaban alojados en nuestro mismo hotel e iban con el club Essaouria, con los que compartimos nuestras primeras impresiones.  

    Después de la cena tuvimos una pequeña reunión, ya que al día siguiente teníamos nuestro primer contacto con zonas desérticas y queríamos estar seguros de que todo estaba a punto.

 

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 Día 13 de abril de 2003

IFRANE – ERG CHEBBI

 

     Salimos de Ifrane y nuestra primera parada es para contemplar el inmenso paisaje del bosque de cedros milenarios, realmente impresionante. Una sesión de fotos y hacia Rissani donde empieza el rutómetro

    Unas cuantas fotos  dan testimonio de lo visto y continuamos la marcha hacia el Gran Sur. Otra sorpresa agradable fueron las carreteras, pues su estado era muy bueno, si hablamos de lo habitual en este país.

    Los paisajes cada vez son más secos, cañones profundos con formaciones rocosas, talladas en un principio por las aguas de los ríos, terminando su

acción los fuertes vientos. Claramente pudimos observar las distintas capas sedimentarias que nos ofrecían esas montañas.

    Llegamos a Er Rachida y nos decidimos a la compra de los famosos Che-ches (turbantes), que dieron una gran nota de color al resto del viaje. Regateos varios, tira y afloja y al final nos hacemos con ellos.

    Para comer encontramos un sitio fantástico en un camping en medio de un oasis-palmeral, situado en el curso del río, con buena sombra, un verdadero lujo. Seguimos ruta para salir del asfalto y comenzar la conducción off-road.

    Unos cuantos kilómetros de pista en buenas condiciones nos llevan a una hamada donde se puede rodar rápido. A derecha e izquierda manadas de dromedarios nos miran pasar sin mostrar recelo alguno, pastan tranquilamente vigilando a sus crías.

    El viento arrecia y se nos viene encima una tormenta de arena, curiosamente la arena en suspensión permite mirar al sol de frente sin deslumbrarte, es como una especie de niebla.

    La tormenta de arena antes mencionada nos trae otra sorpresa más ¡LLUVIA EN EL DESIERTO!, poca gente puede tener la suerte de vivir este fenómeno.

    Poco a poco nos vamos acercando a la zona de dunas, pero también poco a poco va anocheciendo, nos va a tocar navegar de noche entre dunas. Metemos el track en el ordenador, encendemos luces y faros de largo alcance y en busca del Erg – Chebbi. Discurrir por esos arenales en plena noche ha sido una de las experiencias más intensas que hemos vivido, por la atención constante de conductor y navegante. Tenemos que parar a bajar presiones, pues el coche de Juan se ha quedado y nos da el primer aviso.

    Un grupo de coches totalmente desorientados nos piden ayuda para llegar a Erg – Chebbi, les comentamos que pueden acompañarnos con mucho gusto, pero... para nuestra sorpresa, se dedican a pasarnos y repasarnos y a hacer el cafre. Definitivamente esto no puede continuar. Nos paramos y les exigimos que si quieren seguirnos, lo hagan de forma ordenada y si no que se larguen, pues no tenemos ganas de tener un accidente. Parece que entienden el mensaje y nos siguen de lejos. A poco llegamos al albergue Dunas de Erg – Chebbi y nos encontramos con una sorpresa desagradable, nuestras habitaciones reservadas con antelación, están ocupadas. Tras varias gestiones y algún que otro cabreo, nos hospedan en otro albergue cercano, el Dunas de Oro. Nos preparan la cena que degustamos al son de los tambores y cantos beréberes. Nos vamos a dormir rendidos, a la mañana siguiente queremos ver salir el sol entre las dunas.

 

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Día 14 de abril de 2003

ERG – CHEBBI – TODRA

 

    Nos hemos levantado a las 5 de la mañana para dirigirnos a una duna realmente alta y para poder ver el amanecer. Pero el día no está despejado, un viento fuerte arrastra la arena de las crestas a los valles de las dunas, como si de las olas del mar se tratase. Lástima, otra vez será.

    Vamos a desayunar, recogemos los bártulos y hacia Merzouga. Pasamos por el pueblo escoltados por una muchedumbre de niños pidiendo ropa, bolígrafos, caramelos, dinero... todo les va bien. Sobrecoge la necesidad de estas gentes, pero sabemos que ésta será otra de las constantes de nuestro viaje. Pasamos por el albergue de Alí “el cojo” y sin más dilación a las dunas.

    Gracias a un track que le habían proporcionado a Carlos pudimos darnos una fiesta de conducción en arena con un paisaje estremecedor con sus dunas de gran altura.

    El primero en caer es el Gallo de “los escuderos”, según frase del equipo “gadita”, se queda hasta las trancas, tiramos de winch y en dos minutos arreglado. Subidas y bajadas en tercera reductora se suceden como flotando encima de la arena, anchas vías de hasta 15 metros nos permitían degustar el sabor que desde hacía meses esperábamos, hasta que el Vitara del equipo “los mosqueperros” se queda en un mar de dunas que quisimos probar, demasiado peso, y de nuevo el winch entra en acción.

    Tras la sesión de dunas se impone una buena comida, encontramos unas acacias y mientras comemos vemos pasar algunos coches preparados, circulando a una velocidad endiablada, seguro que están preparando alguna prueba en el desierto. Pensamos  que podía ser el trofeo de navegación 1000 Kashbas.

    Repuestas las fuerzas nos encaminamos a Rissani y por carretera a Alnif. Aquí retomamos una pista muy pedregosa que nos llevará a las proximidades de Tinerhir. En el camino, el equipo “Inesita4x4” sufre un incidente, en una pista con enormes piedras a ambos lados, un cúmulo de despropósitos: un vistazo al gps, un leve cambio de dirección les lleva hacia un pedrusco, al quererlo evitar se desvía hacia el otro lado de la pista donde las piedras eran aún mayores y hubo una que no pudo esquivar, un leve golpe fue suficiente para que se saldara con una llanta doblada, milagrosamente la cubierta no tiene ningún desperfecto. El mayor despropósito fue el despiste que suponemos que todos tenemos alguna vez sin consecuencias, esta vez la tuvo, moraleja al volante siempre alerta. Después del susto dimos gracias por las mínimas consecuencias que como veréis a continuación nos permitieron seguir el viaje sin mucho trastorno. Procedemos a cambiar la rueda entrando en acción el Air – Jack de Carlos, ¡qué gran invento¡, en 10 segundos el coche está elevado.

    Reanudamos la marcha, pero Antonio detecta que necesita  llevar el volante girado de una forma anormal para circular en línea recta, algo se ha doblado, tal vez la barra de la dirección, o algo peor, un palier. Salimos a carretera a buscar un mecánico y encontramos uno con mejor voluntad que conocimiento. Nos dice que es el palier, pero que él con sus medios (inexistentes) no puede arreglarlo, tenemos que ir a Tinerhir. Antonio, en prueba de buena voluntad le regala un mono de mecánico que llevaba, no he visto nunca una cara que reflejase tanta felicidad, en dos minutos, el mecánico, se había quitado su harapiento mono y se había enfundado el nuevo con una sonrisa de oreja a oreja. ¡Qué fácil es, a veces, hacer feliz a una persona¡

    Nos dividimos, un grupo vamos a Tinerhir a reparar la avería y otro grupo se va a Todra donde nos hospedábamos. En Tinerhir nos dicen que sólo es un problema del paralelo que se ha ido con el golpe, nos hacen el paralelo y nos reparan la llanta, con una enorme maceta y grandes dosis de maestría. Todo como nuevo, ¡uff qué alivio¡ . Cuando llegamos a Todra, el otro grupo está que trina, NO TENEMOS HABITACIONES, al parecer se las han dado a un grupo de alemanes, pero con lo que no contaban los de Todra era con nuestras mujeres, que solucionaron el problema, no sin algún puñetazo encima de la mesa, requisado de llaves de habitaciones y puesta de maletas en el pasillo, de los usurpadores de habitaciones. ¡Menudo genio¡, mejor tenerlas como amigas.

    Después de una ducha, una cena reparadora y a la cama. Un día más estábamos rendidos....

 

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 Día 15 de abril de 2003

TODRA – NEKOB

 

    Otro día de madrugar, las gargantas son de una belleza salvaje, tremendamente altas y con un paso sumamente estrecho, fotos y más fotos vadeando el Todra y directamente a cruzar el Atlas dirección Tamtattouchte. Aquí intentamos la opción difícil, cruzar en línea recta dirección oeste hacia Msemrir. Sabemos que es una opción muy complicada, avanzamos unos kilómetros y nos encontramos con unos lugareños que nos comentaron que la pista estaba realmente impracticable, una auténtica trialera. Por lo que decidimos continuar por una pista mejor hacia Ait Hani, subiendo luego hasta Agoudal. Llegamos a estar a unos 3.000 metros de altitud y temperaturas de hasta 1 Cº con restos de nieve en las cumbres.

    El paisaje es brutal, difícil de describir con pocas palabras, inmensas montañas rocosas con formaciones sedimentarias y diferentes tonos rojizos que les otorgan gran belleza, las fotos os darán una idea de lo que allí os encontrareis

    Si alguien sufre un despiste en estas pistas puede aterrizar 200 ó 300 metros más abajo entre unas monumentales rocas de aristas afiladas como cuchillas. La hora de la comida pasaba de largo y nos costaba encontrar un lugar idóneo, pues la pista estrecha con pared por un lado y cortado por el otro impedía detenernos por un tiempo prolongado, además de las bajas temperaturas y el fuerte viento. Sólo cuando encumbramos y nos pusimos a descender encontramos un pequeño valle, junto a un río, que por supuesto vadeamos, ponemos los coches en círculo para que nos protegieran y pudimos reponer fuerzas.

    Por cada pueblo que pasamos nos acompañan niños y más niños pidiendo alguna cosa. Comenzamos la bajada hacia las Gargantas del Dades, si cabe más bellas aún que las de Todra. Formaciones rocosas caprichosas que a veces parecen situarnos en el Cañón del Colorado. Comienza a oscurecer y todavía nos quedan un centenar de kilómetros para terminar nuestra ruta en Neckob. El buen sentido impera y decidimos hacer noche en Boumaine Dades. De nuevo se ponen en marcha nuestras mujeres y nos consiguen un hotel, el Chems. Donde después de cenar decidimos hacer al día siguiente lo que restaba de ruta y empalmarla con la prevista, de lo que nos alegraríamos a posteriori, pues los paisajes del tramo que faltaba eran igualmente increíbles...

 

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 Día 16 de abril de 2003

BOUMAINE DADES – NEKOB – ZAGORA

 

    Tocan diana, como de costumbre a las 6 am y atacamos el tramo que nos faltaba del día anterior. Pista en buen estado con algo de “tolé onduleé” y paisajes para recrearse, con una naturaleza grandiosa. Sorprendentemente en estos parajes en los que aparentemente no hay nada ni nadie y donde el pueblo más cercano dista a unos 15 kilómetros y en lo alto de un puerto, llegamos a encontrar a una mujer con un pequeño puestecillo vendiendo pañuelos y collares. Compramos algunos recuerdos y continuamos camino. Llegamos a Nekob y por pista vamos bordeando el valle del Draa, un vergel lleno de palmeras y zona de cultivo de kilómetros de longitud. No deja de sorprendernos el contraste que supone la aridez del terreno con el verdor que acompaña en ambas riberas del río.

    A nuestro paso se suceden los pueblos con cientos de niños que prácticamente se arrojan delante de los coches, obligándonos a extremar las precauciones. En ocasiones paramos para hacerles regalos, pero es casi imposible controlar a tanto crío, se suben a la rueda de repuesto,  a las estriberas, corren descalzos por pedregales que dan miedo, realmente ponen en peligro sus vidas por una camiseta o un bolígrafo.

    Por fin nos acercamos a Zagora, pero los frenos traseros del coche “gaditas” han decidido dar la lata, el pedal está muy bajo y huele raro. En Zagora, una vez instalados en el Hotel Reda Zagora nos agenciamos un mecánico, que en caso de una hora arregla el problema, destensa las excéntricas de los tambores, purga el circuito, limpia la porquería acumulada y a rodar.

    El hotel es un lujo, mientras tomamos unas cervezas en la terraza, músicos beréberes con sus ritmos y cánticos machacones nos amenizan el rato. Cenamos en el buffet libre y nos vamos a dormir. Mañana será el gran día, nuestra etapa reina, LLEGAR AL IRIKI. ¿Lo conseguiremos? A veces pensamos que es posible, otra que es demasiado para un día, mañana saldremos de dudas...

 

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 Día 17 de abril de 2003

ZAGORA – IRIKI – ZAGORA

    Amanece un día espléndido, durante el desayuno coincidimos con Juan Arnet, persona, que por mediación de Antonio y Mar ha hecho las reservas de hotel y ferry. Le comentamos las incidencias del viaje y la ruta que tenemos proyectada para hoy. Nos dice que hay un oasis que merece la pena ser visitado y que nos pilla de camino, nos da unos waypoints y decidimos visitarlo en nuestro recorrido.

    Nos ponemos en marcha, son 60 kilómetros de carretera típica marroquí hasta Tagounite y luego 30 más hasta Mhamid, que recorremos sin dificultad. A partir de aquí se abre la puerta del desierto, bajamos presiones y disfrutamos plenamente de la conducción sobre arena entre dunas, dejando las montañas siempre a nuestra derecha. Llegamos al oasis que nos había recomendado Arnet, es realmente precioso. Justo la idea que todos tenemos de un oasis, unas cuantas palmeras, un pozo, unas haimas e incluso una charca donde pululaban a sus anchas montones de ranas. Se trata del Oasis Sagrado. Allí nos encontramos a un grupo de portugueses, “RUMONORTE”, que habían tenido problemas con uno de sus coches. El turbo de uno de los Nissan había dicho basta y tuvieron que acompañarlo a Mhamid. Intercambiamos pegatinas y nos tomamos una cervecita fresca de la nevera de Juan y Monty. 

    En el transcurso del recorrido nos dividimos en dos grupos al coger el segundo un desvío en “Y” confundido. Para reencontrarnos con el primer grupo utilizamos nuestros GPS y con navegación pura y dura  “campo a través” retomamos el contacto, otra experiencia inolvidable el tener que buscar por puro instinto el camino, con cuidado de no despeñar algún coche entre pequeñas montañas y sin saber si podríamos continuar por esa zona o dar la vuelta por ser imposible avanzar más.

    Llegar al Iriki …….cada vez lo tenemos más claro, seguro que lo logramos. Hora tope para conseguirlo 4 pm. Si no tendríamos que regresar, pues cada vez nos alejábamos más de nuestro punto de partida donde teníamos que volver. Después de comer a la sombra de unas enormes acacias donde asamos unos choricitos ¡qué lujo!, Comida regada con un buen Ribera del Duero, nadie podía pensar que encontraríamos leña en medio del desierto, continuamos entre pistas y dunas.

    Por fin, delante nuestro, una planicie que parece no tener fin, se mire hacia el lado que se mire, comentamos que se ve agua al final del horizonte, brillos de espejo nos hacen pensar por un momento que era agua, pero no ¡era un espejismo! Ese fenómeno tan peculiar que se da en el desierto.

    Por un momento nos volvemos locos, por las emisoras salen gritos de “¡¡conseguido¡¡”, “¡¡oe oe oe...¡¡”,  ¡¡¡OBJETIVO IRIKI CUMPLIDO!!! circulamos en paralelo cada vez más deprisa 100, 120, 130 pero la prudencia aconseja aminorar, y en medio del lago paramos. Y...señores, Juan nos tiene preparada una sorpresa, de la nevera salen como por arte de magia dos botellas de cava bien frío con el que brindamos. Fotos y más fotos y alegría desbordada, lo que se había preparado desde Madrid a base de ordenador y mapas, se había hecho realidad, estábamos en EL LAGO IRIKI.

    Ahora nos tocaba la vuelta, de nuevo camino entre dunas con una atascada de Juan, que al no ir con suficiente impulso se queda en la  cresta de una duna. Problema que solucionamos tirando de winch. Intentábamos encontrar una pista que aparecía en los mapas y debía acortarnos el camino de vuelta, pero fue inútil, la noche se nos había echado encima y la pista no aparecía. Nos quedamos con las ganas de saber si había sido devorada por el desierto o realmente no fuimos capaces de encontrarla. Una luna llena atravesada por nubes daba otra pincelada de belleza a los paisajes que recorríamos.

    Nos dirigimos de nuevo a Tagounite por la pista que en un principio teníamos programada con algunos tramos de piedra y de “tole”, combinado con zonas rápidas. Gozamos de lo lindo en la nocturna que nos encontramos por las circunstancias, los faros de larga distancia que algunos coches llevaban nos ayudaron bastante y de nuevo a Zagora, llegando con el tiempo justo para cenar y con la satisfacción de que EL OBJETIVO IRIKI 2003 se había cumplido.

 

 

 

 

 

 

 

 

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 Día 18 de abril de 2003

ZAGORA-MARRAKECH

 

Un día más decidimos madrugar, pues nos esperaban casi 500 km., esta vez por asfalto, pero atravesando el Atlas.

Antes de partir fuimos a una estación de servicio en Zagora, para, por última vez en este viaje, soplar los filtros del aire y reponer presiones a los neumáticos. También aprovechamos para hacer algunas compras de recuerdos.

Iniciamos el camino a Marrakech, la primera parada fue en Ait Ben Hadou, población donde se encuentra una de las Kasbhas más espectaculares y mejor conservadas de todo Marruecos. Tuvimos la oportunidad de recorrer sus enigmáticas callejuelas llenas de historia, incluso visitar la casa de una familia, llamándonos la atención su cocina, era como si hubiéramos retrocedido varios siglos ¡un horno de barro servía para cocinar!

Retomamos la ruta, pero enseguida hacemos otra parada, esta vez para visitar un colegio, saludar a maestro y alumnos y entregarles todo el material escolar que aún nos quedaba, varias decenas de cuadernos y bolígrafos que agradecieron enormemente.

Ahora sí, nos ponemos rumbo al Atlas, llega la hora de comer y encontramos un lugar junto a la carretera, como no podía ser de otra forma, un grupo de jóvenes no quiso perderse el “espectáculo”, y por supuesto, no hicieron ascos a nuestra invitación, picaron algo de comer y algún licor, asegurando que eran “bereber, no islámic”.

Tras el postre volvemos a nuestros coches y empezamos a ascender entre impresionantes montañas, cada vez más verdes, llegando a temperaturas de 7ºC. Por recomendación de Carlos paramos en unos puestos de fósiles y minerales a 2.000 m de altura para comprar algunos regalos y no dudamos en hacer trueque con los tenderos, auténticos comerciantes duros de roer.

A las 17 h. estamos en las afueras de Marrakech, unas cuantas vueltas son suficientes para llegar al Hotel Atlas, donde tras un breve descanso, cenamos pronto para aprovechar la tarde-noche y visitar la Gran Plaza.

Decidimos ir dando un paseo, aunque con paraguas en mano, porque algunas gotas de lluvia se dejaron caer y por el camino nos encontramos con la torre “gemela” de la Giralda de Sevilla.

 

Una vez en la Gran Plaza podemos observar situaciones de lo más exóticas: pelea de boxeo, juegos de habilidad (pescar botellas de Coca-Cola), puestos de comidas que los lugareños devoraban con verdadero apetito. Los olores de carnes nos envuelven y de entre todos nosotros se oyen diferentes opiniones: algunos hubiéramos cenado allí y otros preferían la comida del hotel, sin dudarlo.

También nos encontramos con las tatuadoras de henna, unos tatuajes temporales muy típicos entre las mujeres marroquíes. Por supuesto, muchos de nuestros expedicionarios no pudieron resistir la tentación de grabarse variadas figuras: escorpiones, flores, serpientes...

Un paseo por las tiendas de artesanía y regreso al hotel. Un día más nos acostamos agotados, pero muy satisfechos por la variedad de experiencias y sensaciones que este día nos ha ofrecido.

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 Día 19 de abril de 2003

MARRAKECH-CEUTA

 

Este día el recorrido es de mera transición, una etapa de enlace que a la postre serían nuestros últimos 613  kilómetros en nuestra singladura africana.

Partimos temprano (7:30 h) de Marrakech, con la promesa de volver con más tiempo para poder gozar más de esta bonita ciudad llena de encantos.

Por una vez, algunas carreteras son autopistas (de peaje, no demasiado caro), lo que nos hace más llevadero el triste regreso.

Nos quedaban por atravesar dos de las urbes más importantes del país, pensando que las circunvalaríamos, aunque no sucedió así.

Casablanca, la vimos desde los coches “gracias” a unas obras en la carretera y Rabat pudimos echarle un vistazo general al equivocarnos y no tomar el desvío pertinente, cosa que agradecimos, pues nos permitió comer en un alcornocal con un frondosa alfombra verde como suelo.

Después de la comida retomamos camino para ya hacer unas últimas compras de cerámicas a pocos kms de Ceuta, para ya al fin llegar a la frontera, con el descontrol habitual. No había demasiada gente y en aproximadamente una hora habíamos cumplido los trámites y estábamos en España, una sensación de tranquilidad, respiramos de otra manera al vernos en “casa”.

La suerte vuelve a estar de nuestro lado, pues llegamos justo a tiempo para coger el fast ferry hasta Algeciras, si nos hubiéramos retrasado 15 minutos tendríamos que haber esperado casi dos horas para coger el próximo.

Ya en Algeciras, un rato para despedirnos de los expedicionarios gaditanos y los madrileños nos vamos al Hotel María Luisa para descansar y salir al día siguiente para nuestros hogares.

En definitiva un viaje inolvidable, con un poco de todo: turismo, exotismo, conducción 4x4, paisajes increíbles llenos de contrastes, con pocas incidencias, ni un pinchazo, ninguna luna rota...., una intensa convivencia que nos hace emplazarnos para el siguiente año volver y seguir conociendo este fantástico rincón del norte de África.