Sahara Occidental

(Sobre el terreno)


 
 

En su aspecto topográfico se distinguen cuatro formas características:

Zonas llanas.- En ellas el relieve es prácticamente inapreciable, el terreno resulta muy duro, aunque esté alfombrado de una leve capa de arena. Estas son las que ocupan unas extensiones más amplias del Sahara.

Zonas de arenas.- Se pueden distinguir dos tipos:

El arenal o "erg", en el que las arenas empujadas por el viento forman dunas, que se agrupan en cadenas y  pueden constituir auténticos mares de arena.

Los simples montones de arena, situados a sotavento de las matas o pequeños arbustos, que tienen a veces bastantes centímetros de altura y que pueden cubrir considerables extensiones.

Zonas pedregosas.- De ellas la más característica es La Hamada, que es una meseta lisa con fondo de roca predominantemente de carácter arenisco, de la que el viento ha arrastrado la arena, y en cuya superficie existen guijarros y piedras de tamaño no grande, pero que pueden dificultar la conducción y producir un fuerte desgaste de las cubiertas de los vehículos.

En otras zonas estas piedras son de tamaños mayores y tienen bordes agudos que llegan a cortar las cubiertas aunque estén en buen estado. Una zona muy característica de lajas de piedra existe en los alrededores de Smara.

Cuando las rocas afloran, en particular si forman alguna pequeña elevación, lo normal es que la roca esté resquebrajada y que las piedras se acumulen al pie de esas pequeñas colinas. Eso es consecuencia de la enorme diferencia de temperatura que existe entre el día y la noche, lo que contribuye a sus sucesivos fraccionamientos.

Depresiones.- A lo largo de las costas desérticas y, en menos grado, en algunas cuencas interiores, es frecuente encontrar a modo de lechos de lagos salados relativamente amplios, que son conocidos con el nombre de sebjas. Cuando están muy cerca de la costa llegan a convertirse en auténticas marismas. Si contienen agua, como consecuencia de recientes lluvias, resultan infranqueables; y cuando están secas, como existen materiales de aluvión polvorientos y ligeramente húmedos, pueden hacerse intransitables. En cualquiera caso, debe procurarse soslayarlas en evitación de sorpresas desagradable.

 

  Características del relieve

El relieve en el territorio es poco pronunciado, sobre todo desde el punto de vista absoluto,  eso no quiere decir que no tenga interés, un simple montículo de escasos metros de altura se convierte en el Sahara en un punto destacado e importante, tanto por proporcionar una buena referencia como por ser un observatorio que permite divisar lo que ocurre a varios kilómetros a la redonda.

Por todo ello, y aunque el relieve pueda aparecer como aplastado, cuando la vista está acostumbrada al paisaje peninsular o al de otras latitudes, adquiere una importancia insólita, como lo atestigua la rica toponimia existente en el Sahara para todo lo referente a elevaciones y depresiones. Por otra parte, la aparente levedad del relieve engaña en cuanto a dificultades, pues cualquier pequeño macizo resulta tan desordenado, tan lleno de barrancadas, de hoyos, de piedras y de arena, que transitar por él es un gran problema y  por otra parte, aun cuando se trate de una gran llanura, a cortos trechos aparecen pequeños e inesperados lechos arenosos, y afrontar su franqueamiento resulta un obstáculo aun para los vehículos todo terreno. Y es que en el desierto hay que contar siempre con la sorpresa y con lo inesperado. Posiblemente sea uno de sus mayores encantos, pero es también uno de sus mayores peligros. Por eso, aunque se trate de zonas conocidas y de recorridos cortos, es preciso tomar siempre las máximas precauciones.

 

Llanuras y mesetas

Como ya hemos indicado, corresponden a la mayor superficie del territorio.

Así, el Gaad es una llanura de amplios horizontes, de superficie predominantemente arcillosa y sin apenas piedras ni vegetación. Si se trata de una llanura arenosa y con pequeños guijarros, se la conoce con el nombre de Harach. Si además de llana y dura no ofrece apenas vegetación ni piedras grandes, es decir, está totalmente despejada, se la denomina Mesereb, y es terreno que se presta a los espejismos, que es lo que en realidad significa la palabra. Cuando la extensión de la llanura es más limitada, aunque de características parecidas a las indicadas para el "mesereb", pero totalmente libre obstáculos y de piedras, se llama Mesha.

El concepto de Meseta lo entendemos en su sentido más general: llanura elevada de gran extensión, aunque la elevación de esta amplia mesa sobre la llanada circundante sea menor que la que consideramos normal en España. Si la meseta es alargada, y la superficie aparece cubierta de arena y cantos, se la bautiza con el nombre de Aasaba. Y si es muy amplia, destaca por su mayor altura y, en ocasiones, tiene piedras y guijarros, se denomina Hamada.

 

Elevaciones

En el Sahara no existen ni cordilleras ni macizos importantes. Las mismas montañas, conocidas con el nombre de Jbel, no se dan sino en su diminutivo de Jbeilat.

Adquieren gran importancia y significado las elevaciones más o menos aisladas, para las que hay una rica toponimia.

En la mitad sur estas elevaciones vienen a ser a modo de montañas-islas, pues emergen del terreno como si no tuviesen ninguna relación con él. El hecho de tratarse de ordinario de rocas eruptivas de color muy oscuro y con brillo metálico, las hace destacar más sobre el color ocre de la planicie circundante.

Todas estas elevaciones aisladas, que se dan en número apreciable en determinadas zonas, resultan siempre muy interesantes, pues por pequeña que sea la altura, constituyen puntos muy característicos que facilitan la nada sencilla orientación, y pueden convertirse en excelentes atalayas u observatorios.

El terreno que queda comprendido entre ellas, bien se trate de valles, anchos y de fácil tránsito, como los Taiaret; de corredores entre alineaciones montañosas paralelas, que tienen el nombre de Tiyirit; de simples pasos o collados, poco abundantes, titulados Tizi, o de pasos estrechos entre montañas y desfiladeros, denominados Imi, Mefelek y Megsem.

 

Depresiones

Tienen una considerable importancia en el desierto, no sólo por su gran número, sino por su extensión y características. Según sean éstas, reciben distintos nombres Gasba, Aguerch, Luya, Hofra. Esto entre las que tienen un carácter no propiamente hidrográfico, pues cuando lo tienen se denominan  Sebjas o Gueltas. Por último, cuando se trata de depresiones muy ligeras y muchas veces apenas perceptibles, pero que al recoger las escasas aguas de lluvias permiten la existencia de algunos arbustos y pastos y hasta modestos cultivos, son bautizadas con el nombre de Graras, que tienen las máxima importancia para los nómadas.

Entre las depresiones que no tienen un carácter hidrográfico existente en el territorio, merecen citarse, por su mayor importancia: la de Gaat Chbabien, al Norte de Samara.

 

 

Las dunas

Aunque el Sahara siempre parece hacer evocar, sobre todo, las arenas y las dunas, la verdad es que estas últimas abundan mucho menos de lo que generalmente se cree; lo que no quita para que la arena, unas veces en forma clara, y las más, de manera poco perceptible y hasta insidiosa, condicione siempre y a veces de modo muy destacado, la vida del desierto, afectando no sólo a los seres vivos, sino a los medios que se utilizan y a todo lo que en él permanece..

La duna es un montículo de arena suelta de muy variable altitud. Esta altura suele oscilar entre uno y veinte metros, si bien esta última cifra, en algún caso aislado, se ve considerablemente rebasada.

Su forma suele ser la de una media luna en relieve. La punta de los cuernos señala la dirección que lleva el viento, que en territorio coincide con la de los vientos alisios, es decir, sensiblemente la dirección Norte-Sur, (en realidad NNE-SSO). La convexidad de la duna se dirige hacia el origen del viento, en nuestro caso, hacia el Norte. La pendiente más inclinada, que se corresponde con la cara interior de la duna, es la que está a sotavento. La forma no se mantiene inalterable, ya que cuando varía la dirección del viento, especialmente cuando esta variación es sensible y dura varias jornadas, como ocurre cuando soplan por plazos cortos los vientos procedentes del Este o del Sur, su forma llega a hacerse un tanto caótica, y la duna toma un trazado sinuoso muy distinto del acostumbrado, si bien vuelven a recobrar su forma tradicional a los pocos días de restablecerse la dirección de los vientos dominantes.

La velocidad a la que se desplazan las dunas es muy variable con la proximidad a la costa, con la intensidad de los vientos y hasta con la estabilidad de su dirección que, como es lógico, varían dentro de unos límites relativamente amplios de uno a otro año. Se viene dando como fórmula empírica aproximada la de que el movimiento anual de una duna, expresado en metros, es el equivalente a dividir cuarenta por la altura, en metros, de la misma; es decir, que una duna de cinco metros de alta se trasladará unos ocho metros cada año.

El atravesar una clase de dunas, puede resultar relativamente sencillo, para quien se mueva a pie o camello, ya que puede hacerse por los pasillos sinuosos sobre terreno firme que de ordinario quedan entre unas y otras. Las cadenas conviene atravesarlas en sentido lo más perpendicular posible a su dirección general, tanto porque supone la longitud más corta como porque es la dirección que siguen los pasillos, y porque de esta forma resulta menos probable perderse o desorientarse. Cuando tengan que ser cruzadas por un grupo de vehículos, un convoy o una formación importante, conviene que se proceda a reconocimientos previos.

Pero no siempre las anchuras de las cadenas de dunas son modestas y permiten el paso por ellas, aunque sea dando muchos rodeos. El Sahara ofrece a veces extensas superficies cubiertas por dunas y conocidas con el nombre genérico de Erg. Se puede tratar hasta de auténticos mares de arena compuestos por dunas superpuestas e imperfectamente conformadas, que no dejan paso alguno entre ellas, y que hacen penosísima la marcha.

Hasta ahora nos hemos referido en forma exclusiva a las dunas constituidas por arenas sueltas; pero en determinados puntos y sobre todo, en la zona Sur, las dunas pueden aparecer solidificadas, constituyendo el Aguerguer, que es un terreno sumamente accidentado formado por dunas fósiles. Esta cadena es de una gran longitud y de una anchura de unos cinco a ocho kilómetros. La roca arenisca a que dan lugar hace recordar en su estructura a la del queso Gruyére, y al tacto es parecida al asperón. El atravesar  la comarca del Aguerguer es enormemente complejo ya que es una especie de laberinto con muy pocas salidas.

 

Características hidrográficas generales

En el Sahara no es posible hablar de una auténtica hidrografía, por lo menos, en la forma y en el sentido en que estamos acostumbrados. En general, los ríos son sólo cauces secos y arenosos, por los que muy de tarde en tarde discurren las aguas de lluvia, lo que a veces sucede en forma un tanto torrencial.

La escasez o total falta de agua característica de los desiertos, hace precisamente, y aunque parezca paradójico, que todo lo relacionado con la hidrografía y con el agua adquiera una importancia sumamente grande.

El mayor interés de la hidrografía está, al revés que en casi todos los sitios, no en las aguas superficiales, sino en las aguas subterráneas. Por eso, en el Sahara, como veremos reiteradamente, los pozos llegan a tener una importancia decisiva y lo condicionan prácticamente todo.

En general, no abundan las cuencas abiertas, aunque exista una, la de la Saguia el Hamra, que reviste una gran importancia, en la mitad Norte. En el Sur, los ríos que van al océano, además de poco numerosos son de corto trazado.

 La manifestación mas importante de las aguas corrientes son los oued, “el río”, si bien, aquí en realidad se aplica más bien al cauce, ante las pocas oportunidades que existen de que llegue a llevar agua, no son numerosos los ríos que en el territorio merecen el título de "oued". Mucho más abundantes son los ríos que tienen un curso corto y que corren muy próximos unos a otros, por pendientes relativamente acusadas, y que acostumbran a terminar en algunas "sebjas" o cubetas.

En la zona Norte es donde existe el único río importante del territorio: la Saguia el Hamra. Su traducción es la de Río Rojo (más bien acequia, canal natural o artificial por donde corre, o puede correr, el agua). Se forma por la reunión, en las proximidades de El Farsía, de la serie de los riachuelos Dmerien, que tienen su origen en el "Crab" meridional de la Hamada. Aunque su curso en ocasiones es bastante sinuoso, lleva la dirección general Este-Oeste. Su longitud total es de 620 kilómetros. El cauce del río en general es bastante amplio, y en su parte central se presenta a modo de pequeños canales por los que en los años normales discurre el agua en las épocas de lluvia, y sólo en las raras ocasiones en que las precipitaciones son abundantes es cuando llega a extenderse en toda su amplitud.

Todo este valle, y, en particular, su faja central, aparece cubierto de vegetación abundante.

Pasa por las inmediaciones de Hawza, en cuya margen norte le afluye el oued Quesat, al que se le reúnen el oued Cara y el oued Mesuar. En la zona de Hawza existen indicios de una considerable actividad humana en tiempos no muy lejanos, y abundan asimismo los cementerios y tumbas, tanto preislámicos como postislámicos. Desde Ahúsa, el río se inclina ligeramente hacia el Sur, y recibe por su margen meridional al coged Jana Saccum, que viene a ser la reunión de un abanico de ríos, entre los que merecen citarse: el coged Dirt, al que afluye el oued Lejcheibi, formado por el oued Ternit y el oued Erni; y el oued Terguet, en el que confluyen el Timel-lusa, el Gaddar y el Ratnia.

Las orillas de la Saguia el Hamra son, en general, muy escarpadas, así como la de gran parte del curso bajo de sus afluentes. Por ello constituye un gran obstáculo para las comunicaciones que enlazan las orillas entre norte y sur, siendo los únicos puntos aceptables de acceso a la Saguia: El Aaiún, Edchera, Smara, Hausa, Echdeiria y El Farsía.

Entre las aguas estancadas que tienen carácter de charcas debemos citar a la Daia, que es a modo de un estanque natural de agua de lluvia, formada por pequeñas depresiones del terreno de fondo generalmente arcilloso. Algunas llegan a adquirir cierta extensión, y sólo desaparecen a causa de la evaporación o de la lenta filtración. Pueden ser utilizadas para hacer aguadas. Cuando se trata de charcos muy pequeños, de capacidad que no suele exceder de 50 litros, se les designa con el nombre de Negaa.

Los hoyos de profundidad inferior a tres metros, cuyo fondo está formado por lajas grandes de piedras horizontales, en los que por filtración se acumula el agua en cantidades más bien reducidas, se les denomina Achguig.

Las cavidades en la roca,  en las que se acumula el agua de lluvia en cantidades poco apreciables, se las llama Aguechgal; si son de tamaño algo mayor, con el de Aguelmin, y, finalmente, cuando ese embalse natural en roca tiene una mayor amplitud y se forma en terreno accidentado o montañoso, es titulada con el nombre de Guelta; la más conocida es la existente en las proximidades del puesto de Guelta-Zemmur, la cual tiene una capacidad para unos 1.500 metros cúbicos de agua.

Otra modalidad de aguas más o menos estancadas son los oasis. Pero es el caso que en este territorio prácticamente no existen, pues cuesta trabajo bautizar con tal nombre a unos grupos de palmeras raquíticas alrededor de unas escasas aguas que afloran en cantidades muy pequeñas.

Pero entre todas las formaciones relacionadas con la hidrografía son, sin duda, las Sebjas las que revisten un mayor interés.

La Sebja es definida como una depresión del terreno, a veces de considerable extensión, con fondo pantanoso o salino, y algunas de ellas a un nivel más bajo que el del  mar. En el Sahara español existen más de 60 "sebjas", una tercera parte están en la zona Norte, aunque suelen ser de mayor tamaño, y las otras dos terceras partes en al Sur, siendo su suelo arcillosos y estando cubierto de una pequeña y quebradiza capa salina, hacen que resulte muy peligroso su tránsito, en particular en los periodos posteriores a las lluvias.

 

Los vientos

Los vientos son relativamente fuertes, sobre todo en primavera y verano. A lo largo del día, normalmente incrementan su intensidad a partir del amanecer y decaen notoriamente después de la caída del Sol.

Los vientos predominantes son los alisios, que, como es sabido, son vientos constantes y regulares, que en las capas bajas de la atmósfera soplan desde los Trópicos hacia el Ecuador, haciéndolo desde el NE en nuestro hemisferio Norte, y desde el SE en el hemisferio Sur. Las masas de aire de retorno, en dirección hacia los Polos, constituyen los contraalisios. Así como los alisios tienen influencia en la navegación marítima, en particular en la de a vela, los contraalisios influyen en la navegación aérea.

Los alisios acostumbran a soplar desde mediados de abril a mediados de septiembre, y al ser vientos frescos tienen un efecto muy beneficioso, especialmente en las zonas más próximas a la costa.

En el territorio, en las ocasiones en que el viento Norte de los alisios lleva arena en más o menos cantidad, disminuyendo la visibilidad y haciendo "fumar" intensamente a las dunas, se dice inapropiadamente que hace siroco, ya que este nombre debiera quedar para los vientos procedentes del Este y no para los que llevan arena. Tal anomalía acaso sea debida a que el viento de Levante es conocido con el nombre que le dan los saharauis, que es el irifi, viento sumamente seco y cálido procedente del Sureste, con velocidades considerables y que corrientemente va acompañado de espesas y molestas nubes de arena y cuyos efectos llegan a sentirse hasta en el archipiélago canario, en particular en la provincia de las Palmas. Aunque el "irifi" no suele durar, las pocas veces que se desencadena a lo largo del año (generalmente en primavera y otoño, es decir, a la entrada y salida de los alisios), más allá de los tres días, tiene un efecto nefasto sobre las personas al producir fuertes alteraciones sobre el sistema nervioso, sobre los animales y sobre la vegetación, que queda totalmente reseca. El "irifi" dificulta las actividades que se llevan a cabo al aire libre, pues aún estando dotados de gafas especiales dificulta extraordinariamente la visibilidad, hace muy molesta cualquier labor y llega a paralizar el movimiento de los medios terrestres como no sea por vías de comunicación asfaltadas y bien señalizadas, y singularmente hace prohibitivo el tráfico aéreo.

 

Visibilidad

La visibilidad en el desierto suele ser más bien amplia y despejada, y el cielo tiene un color azul que a veces se hace ligeramente violáceo; pero dificultada con más frecuencia de lo que sería de esperar, y es menor de la que generalmente se cree.

Entre las causas que pueden contribuir a aminorar la visibilidad están las siguientes:

El Sol, que si favorece cuando está de espaldas, con lo que los objetos se ven claramente y sin sombras, la dificulta si está de frente, a causa del exceso de luminosidad, del resplandor, de la reflexión del terreno y de las sombras.

La reverberación, generalmente intensa.

El espejismo, que hace difícil la visibilidad lejana y que da una visión engañosa, causando la impresión de que en el horizonte existen superficies lacustres y hasta con el aditamento de pequeños árboles como telón de fondo. Sabido es que los fenómenos del espejismo, aunque son frecuentes, no son fáciles de predecir en su formación, aunque se dan con más frecuencia en verano y de cara al sol.

Las neblinas matinales, que son relativamente abundantes, singularmente en una faja de unos 50 kilómetros hacia el interior de la costa. Suelen levantar pronto.

La calima, que produce una turbiedad de la atmósfera, que aquí no es originada por el vapor de agua, sino por el finísimo polvo en suspensión.

 Las tormentas de polvo y arena, que disminuyen la visibilidad terrestre hasta unos 100 metros y que hacen imposible tanto el tráfico como la observación aérea. Son máximas en los días de "irifi" y se hacen también notorias a ras del suelo los días del mal llamado siroco.

El viento, en particular de cara, que produce lagrimeo y que introduce arena en los ojos, por lo que siempre es conveniente ir provisto de gafas especiales. Cuando caminan varios vehículos juntos por pistas no asfaltadas, el viento favorece la producción de nubes de polvo que facilitan su localización, pero que en demasiadas ocasiones dificultan la visibilidad de los que vienen detrás.