Tarancón - Segobriga 10-11-12

 


 
 

En 24 horas decidimos salir para disfrutar del barro, que suponemos se habrá formado por las lluvias, en algunos casos torrenciales que en estos últimos  días  se han producido.

Hemos quedado a las 8,30 a 80 kilómetros de Madrid, por lo que toca madrugar. Beto y yo iremos en el Toy y en carretera nos uniremos a Luisen e Isma que van en el Patrol.

La entrada en "faena" en cuanto salimos del asfalto no se hace esperar, las pistas están encharcadas, hay barro para aburrir y además es muy resbaladizo, todo un  lujo.

Nos acercamos para hacer una visita al castillo en ruinas de Almenara y donde cinco minutos antes había sol ahora hay niebla, lo que le da un halo de misterio a las vetustas ruinas,  damos un breve paseo, hacemos unas fotos y a seguir disfrutando del barro.

Circulamos entre campos en barbecho y la pista nos está avisando de que vayamos con cuidado, es mas fácil ir de costado que de frente, el control de tracción del Toy nos da una buena serenata de pitidos, es su forma de decirnos que si seguimos así nos vamos a meter en un buen lío y a punto estamos.

En una de esas cruzadas nos salimos de la pista al barbecho saltando por encima de un pequeño talud de unos 70 centímetros de alto, tras "el saltito" el Toy mete el morro en el barbecho que es "un puré de guisantes" mientras doy gas a fondo y contravolanteo voy pensando en que tipo de  tractor será el idóneo para sacarnos de ese lodazal,  pero estamos de suerte, las mud terrain están nuevecitas y tras algunos titubeos muerden en alguna parte y somos capaces de atravesar de nuevo el talud con una inclinada lateral, que cuando estamos a salvo nos hace parar para que las pulsaciones bajen. Nos hemos librado de una buena.

Desde atrás hemos sido observados por nuestros compis, que están alucinados con la maniobra y no dan crédito a que podamos haber trepado por el talud  embarrado y salido por nuestros propios medios de ese berenjenal.

A partir de ese momento nos moderamos, que con ese subidón de adrenalina ya tenemos bastante, pero es que la zona que estamos atravesando esta intratable, solo circulando muy despacio evitamos que el coche haga su santa voluntad, tras no pocos kilómetros de andar con el coche de costado y con los aletines colgando, por el peso del barro acumulado, llegamos a unas pistas que aunque también deslizantes nos pareen un autovía comparándolas con las que acabamos de dejar a nuestra espalda.

Paramos a comer en un área de recreo, hace sol, pero hace un vientecillo nada agradable y lo peor es que en cuando sacamos la comida un enjambre de avispas nos rodea, por lo que la comida se hace más bien rapidita y nos largamos, nunca mejor dicho con viento fresco.

Queda ya poco de la ruta, que discurre ahora por pistas en muy buen estado, aunque tienen algunas bañeras llenas de agua, que nos sirven para limpiar un poco los bajos.

Salimos a carretera y nos despedimos de nuestros compañeros. Han sido 179 kilómetros de pisteo muy divertidos pues hacía tiempo que no tocábamos barro y menos aun en tanta cantidad y calidad.

Para nosotros "la aventura" no había terminado. A la altura de Vaciamadrid le digo a Beto que se me ha encendido la reserva y que según el ordenador de a bordo tenemos autonomía para cuarenta kilómetros, pero como no me fío y por si acaso le comento que en la primera gasolinera que encontremos paramos para llenar. El coche que evidentemente ha oído mi comentario despectivo se venga de mi y empieza a dar pequeños tirones, le digo a Beto que nos vamos a quedar tirados como perros, pero a la derecha surge majestuosa la gasolinera. Entramos y al subir la cuesta que da acceso a los surtidores el coche se para del todo, no es posible nos quedan solo 200 metros para llegar, bombeo el gasoil que debe quedar en los tubos y cuando llegamos al surtidor se para definitivamente sin una sola gota de "chicha", definitivamente hoy es nuestro día de la suerte, teníamos que haber comprado lotería.

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